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¿Cambiará realmente la economía cubana tras el Covid-19? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 23 de Mayo de 2020 23:50

Por ELÍAS AMOR.- 

Cuando existe un solo medio de comunicación oficial que se dedica a glosar los actos del Gobierno, la oportunidad del ciudadano de realizar un contraste de la realidad, queda anulada. Los cubanos lo saben bien. Pese a contar con un alto nivel educativo, solo pueden obtener información de su Gobierno a partir de las páginas de Granma y aliados, cada día más enclaustrados en presentar una realidad errónea y obsoleta, como la mejor para el país.

Miguel Díaz-Canel recorriendo un vivero.

El mensaje oficial, al menos en materia de asuntos económicos, ya no cuaja. Una nota titulada "Pensar el desarrollo desde nuestras raíces" es un buen ejemplo de esa propaganda dogmática. Nadie cree en Cuba que la economía puede superar el Covid-19 con principios de la política del Gobierno comunista como "la planificación, el ahorro, el enfrentamiento a la corrupción y las ilegalidades, así como la búsqueda constante de alternativas para sustituir importaciones y potenciar las producciones nacionales".

 

Enunciados de este tipo se corresponden más con los mensajes de los dictadores de mediados del siglo XX, que todavía confiaban en la autarquía como modelo para el desarrollo de sus países, que a la experiencia de la globalización del siglo XXI.

Se equivocan Miguel Díaz-Canel y sus cortesanos si creen que estos "encuentros de trabajo" que vienen realizando con las autoridades comunistas de todo el país, sirven para algo que no sea perder el tiempo. En estos encuentros se habla, se habla, y se habla, pero luego las cosas se quedan igual. No hay solución. El paquidermo estatal ni se mueve, ni se quiere mover. Eso se llama, falta de motivación. Si no se dan cuenta, es porque no quieren.

Estos encuentros se convierten para Granma, como medio oficial, en espacios en los que se tratan las cuestiones que tiene que afrontar el país, sobre todo en materia económica, de ahí que el ministro del ramo obtenga un papel y reconocimiento principal. El mismo ministro que un día parte de un determinado punto de análisis, y al siguiente, de otro, demostrando con creces que ni el plan de la economía de este año ni tampoco las indicaciones para elaborar el Plan 2021, y mucho menos los elementos de la estrategia económica de Cuba que se han venido manejando hasta la fecha, sirven para algo. Simplemente el Covid-19 los ha dejado inservibles, papel mojado.

De modo que asuntos que ya se habían aprobado con anterioridad en reuniones del Gobierno, vuelven a ser recuperados, adaptándolos, manipulándolos para darles una apariencia de utilidad que es imposible, a las alturas del proceso en que nos encontramos. Con este arsenal, la economía cubana no cuenta con los medios y capacidades necesarias para superar los efectos de la crisis económica, y acabará colapsando. Lo hemos dicho, y lo repetimos.

Con los viejos argumentos que no funcionan

Los argumentos son los mismos de siempre. Que, si "hay que trabajar con las reservas". Con qué reservas, pregunto. La premisa de ahorrar tanto como sea posible, es errónea en momentos en que la actividad económica se desploma y necesita estímulos para volver a recuperar sus niveles. Si antes no se ha sabido optimizar recursos, ahora en la crisis, simplemente es imposible.

Que se quiere "valorar las experiencias que nos ha ido dejando esta situación, en todos los escenarios, aplicarlas bien y definir entonces qué medidas se pueden mantener y cuáles perfeccionar para hacer más eficiente la economía". La única experiencia que todos conocemos es que el modelo social comunista que rige la economía desde 1959 es un fracaso rotundo y exige un giro de 180 grados. Lo otro, es simplemente perder tiempo.

Tal vez el Gobierno de Díaz Canel tiene una oportunidad con el retorno a la normalidad, que debería servir para eliminar trabas y obstáculos, y apostar por la máxima libertad de las fuerzas productivas, con una Ley de Empresas, que garantice un marco jurídico y estable para los derechos de propiedad en la economía. En vez de regresar a la "vieja" normalidad comunista, lo que se tiene que hacer es aprovechar la oportunidad para establecer un nuevo modelo económico que permita al país superar sus obstáculos. ¿Por qué no soñar?

Me temo que nada de esto será posible porque los comunistas siguen obsesionados con la economía de mercado libre, a la que imputan presuntas "indisciplinas, ilegalidades y manifestaciones de corrupción administrativa", que no son otra cosa que la actuación desesperada, en muchos casos, de los gestores de los negocios para intentar salvar el rígido marco regulatorio y administrativo que impide a la economía funcionar.

Por ejemplo, la obsesión con las "ilegalidades vinculadas con el ordenamiento territorial y urbanístico" no es más que un ejemplo tozudo de cómo un Gobierno es incapaz de sacar provecho del efecto motor de la economía de un sector de la construcción de viviendas. Con ello no solo se pierden miles de puestos de trabajo, sino que los cubanos se ven obligados a vivir en casas prácticamente derruidas o en mal estado, en un confinamiento que se hace imposible.

Lo mismo cabe afirmar de los descensos en la producción de alimento animal con recursos propios, lo que obliga a realizar cuantiosas importaciones en millones de dólares sobre todo a EEUU. Y si grave es no producir para los animales, peor aún es afrontar de año en año los fracasos productivos en la industria alimentaria (que hasta tiene un ministerio) o en el sector agropecuario, cuya responsabilidad no está ni en trabajadores ni en productores, sino en el marco jurídico y las normas que establece el Gobierno.

¿Qué quiere decir Díaz-Canel?

Como el balance económico es más bien desastroso, en estos encuentros se suele acabar hablando de los asuntos más variados imaginables, desde el ahorro de electricidad logrado por "las organizaciones de masas y los gobiernos", al eventual comportamiento del "Programa Materno Infantil", pasando por un "Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático, conocido como Tarea Vida". Asuntos que tienen poco que ver entre sí, pero que comprometen importantes recursos de un presupuesto estatal cada vez más limitado y que tendrá que estirarse para hacer frente a los retos del Covid-19.

Y como siempre, el alegato de Díaz Canel al cierre. En esta ocasión, sus palabras, recogidas de forma especial por Granma (esta vez no se equivocaron como la anterior) apuntan a la necesidad de "actuar de forma integral". Y entonces, ¿qué quiere decir esto?

Como no se le puede preguntar, y mucho menos cuestionar, hay que recuperar la información de Granma, y ver que actuar de forma integral significa, en primer lugar, "que todos nos preparemos bien y apoyemos el desarrollo de las tareas". Es decir, que debe haber gente que simplemente desconecta de todo este tipo de mensajes y alegatos. Habría que preguntarse por qué. Es grave.

En segundo lugar, el enfoque integral debe ser "capaz de proyectarse en función del desarrollo económico y social de la nación", lo que significa que debe comprender "a todos los niveles cuál será el hilo conductor de las acciones de carácter económico que se ha propuesto llevar adelante Cuba". Cuesta pensar en lo contrario, dentro de una economía de planificación central, intervenida por el Estado, único propietario de los medios de producción donde no existe mercado ni libre elección. Si con todo ese aparato, hay que "amarrar" a la gente con un "hilo conductor" para que cumplan las consignas, mal asunto. Es también grave.

En tercer lugar, el enfoque integral depende "del trabajo realizado por las estructuras del partido y el gobierno en todos los niveles, del pueblo", y aquí viene la raíz torcida del castrismo, "enfrentando ilegalidades y hechos de corrupción que se han acumulado a nivel local" sin citarlos y para los que consideró necesario "fracturar y aplastar con sistematicidad y rigurosidad en las acciones". Si en vez de perder tiempo, esfuerzo y creatividad luchando contra ilegalidades y reprimiendo a la sociedad civil que quiere ser libre, se dedicaran a producir más y mejor, otro gallo cantaría. No en vano, los países con mayor nivel de represión registran, de manera sistemática, menor crecimiento económico a largo plazo. Cuba es un ejemplo de libro.

En cuarto lugar, hizo referencia a la innovación, "no solo investigar sino también aplicar lo que ha sido fruto de las investigaciones científicas e incorporarlo a nuestras maneras de hacer", y citó el Programa Sierra Maestra como ejemplo de ello.

En el último tramo del discurso y leyendo entre líneas, descubrí que Díaz Canel sabe que "el país pasará paulatinamente a una normalidad diferente a la que estábamos acostumbrados". Estamos de acuerdo. Algo de esto ya lo dijimos antes. Todos los países van a experimentar cambios, y Cuba también. Por eso, Díaz Canel acierta cuando dice que "eso requiere definir bien cómo lo haremos. La vida no va a ser igual, el comportamiento de las personas tampoco lo será". ¿Por qué entonces no se aprovecha esta ocasión histórica para dejar atrás lo que no sirve ni servirá?

Por supuesto que se puede hablar de "actualizar" políticas e instrumentos, pero hay que ir más allá. Sabiendo lo difícil que eso puede ser en un país dominado por la ideología comunista, que ha transformado antropológicamente a los cubanos, vale la pena apostar por algo realmente nuevo y así superar el bache provocado por la Covid-19 y la herencia de 61 años de fracasos económicos.

Este es el momento y la oportunidad es histórica, porque Cuba puede salir realmente fortalecida si hace los cambios. Por ello, la responsabilidad de todas las estructuras de Gobierno es más alta que nunca, y nadie jamás, podrá achacar nada negativo si la valentía se abre camino para siempre. Esa es la apuesta.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Lunes, 01 de Junio de 2020 00:10
 

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