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Artigos: Cuba
Las Damas de Blanco y el exilio cubano PDF Imprimir E-mail
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Jueves, 27 de Mayo de 2010 15:51

Por HUBER MATOS ARALUCE

Cuando viajo a las llanuras costarricenses de Guanacaste y paso por el pueblo de Cañas me detengo a saludar a Ángela. Su educación y sus canas me recuerdan a las abuelas del Manzanillo de mi niñez. La parada siempre implicaba escuchar el escepticismo de su hijo Oscar sobre el futuro de Cuba. El nació en la isla, diez años después de la llegada de Fidel Castro al poder.

En la penúltima visita y cuando disfrutaba de un café, Oscar salió del taller donde fabrica muebles de teca y me dijo:

- “Matos, usted sabe que yo siempre soy muy franco”.

Lo admito, el hijo de Ángela siempre dice lo que piensa. Me preparaba para otra andanada de pesimismo cuando me sorprendió:

- “Yo no puedo seguir fabricando muebles, ver cómo luchan las Damas de Blanco y no hacer nada”.

Su decisión no se quedó en palabras; con otro cubano más del mismo pueblo decidieron patrocinar la delegación de CID en Florida, Camagüey. Hace unos días llamó para decirme:

- “Tenemos que hacer una manifestación en apoyo a las Damas de Blanco, y mi mujer se responsabiliza con el trabajo. Dime con quién hacemos contacto en San José”.

La respuesta fue fácil:

Oscar, ya no hay tiempo para organizarla, pero llama a Inés Revuelta y a Lola Barrientos. A ambas les sobra energía y patriotismo.

El sábado 22, muy temprano en la mañana, llamé a Laura Pollán, la dirigente de las Damas de Blanco, para pedirle que nos hablara por teléfono desde La Habana cuando estuviéramos reunidos.

- “Huber, dales las gracias a todos. Ese respaldo nos conmueve y nos ayuda. Ahora vamos a reunirnos con el Cardenal, llama al celular de Bertha y espero, haber terminado, o yo trato de salir un momento y con gusto lo haré”.

- “Laura, ustedes han despertado al exilio de un largo sueño de frustración e inactividad, algún día la historia les dará el mérito que merecen”.

Respondió con humildad y determinación.

- “Huber, nuestra lucha es por nuestros presos y por la libertad de Cuba”.

Unas horas después, Laura Pollán habló a los presentes en el evento. Todos, cubanos, costarricenses y venezolanos, quedaron muy impresionados con su mensaje.

En el acto habló con Julián Osante, un respetado pionero del exilio en Costa Rica. También Inés Sánchez, la cubana más querida de los costarricenses. La venezolana María Fernanda Chacón apoyó la solidaridad entre cubanos y venezolanos y Mario Jacas, un compatriota de la nueva generación, cerró sus palabras con firmeza: “Por eso estamos aquí, reunidos alrededor de la estatua de León Cortés Castro, ex presidente de Costa Rica y benemérito de esta patria, para que el mundo sepa que la lucha por la libertad de Cuba es la lucha por su democracia, por un país como Costa Rica, a quien tanto queremos y tanto debemos, para que en la Cuba de mañana, después que termine la pesadilla castrista, también bajo su cielo azul, en nuestros campos y en nuestras ciudades, en las montañas y en las llanuras, en sus costas y en sus ríos, vivan siempre el trabajo y la paz”.

Discretamente Oscar y su esposa Yuli recogieron los gladiolos, símbolo de las Damas de Blanco, caminaron hacia el consulado cubano y frente a él los dejaron. Era un claro mensaje: desistan de la represión. Ha llegado la hora de la democracia y la reconciliación.

 

San José, Costa Rica

Última actualización el Jueves, 27 de Mayo de 2010 15:56
 
EL BINOMIO DIABOLICO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Miércoles, 26 de Mayo de 2010 10:37

Por ALFREDO M. CEPERO

“Ver en calma un crimen es cometerlo”. José Martí

La noticia que ha acaparado los titulares internacionales en los últimos días ha sido el encuentro en La Habana entre Raúl Castro y Jaime Ortega, ostensiblemente con el objeto de mejorar las brutales condiciones en que el régimen comunista mantiene encarcelados a centenares de presos políticos cubanos. Estos dos sujetos—desprestigiados por su conducta inmoral y despreciados por la inmensa mayoría del pueblo cubano—unen fuerzas para preservar sus poderes y privilegios. Sin dudas se les podría aplicar la frase sarcástica de Napoleón de: “El vicio apoyándose en la maldad”, al contemplar a Talleyrand siendo ayudado a caminar por José Fouché. Raúl sabe que la revolución está muerta pero no se atreve a enterrarla sin permiso del ogro mayor. Jaime se apresura a ocupar el papel protagónico que tanto le agrada y se ofrece a realizar el milagro de una resurrección en la que solo creen las mentes obsesas por preservar el poder. El problema para ambos es que ni la revolución es Lázaro ni Jaime es el santo e iluminado rabino de Judea.

 

Aunque el espacio de un artículo nos obliga a la síntesis, consideramos de suma importancia pasar revista a las relaciones Iglesia-gobierno en estos cincuenta y un años de tiranía. Tan temprano como 1959 el régimen promulgó la llamada Ley 11 contra los estudiantes de planteles católicos. Pero la arremetida del apostata contra la iglesia en la que fue educado se produjo a raíz de la invasión de Girón en abril de 1961. En ese momento las iglesias fueron saqueadas, el Cardenal Manuel Arteaga se vio obligado a buscar asilo en la Embajada Argentina y centenares de sacerdotes y religiosos fueron vejados, encarcelados y hasta amenazados con el fusilamiento.

 

En septiembre de ese año, el venerable obispo Eduardo Boza Masvidal fue expulsado de Cuba junto a otros 131 sacerdotes con destino a España. Cuatro meses antes, el 25 de mayo, 110 Hermanos de la Salle habían sido despojados de los colegios que habían fundado en mas de medio siglo y expulsados con destino a Miami. Al día siguiente, en el curso de una misa en su honor celebrada en la Iglesia de Gesu, el sacerdote oficiante les dijo: “Hermanos, habéis sido perseguidos por los enemigos de Cristo, sois, pues los elegidos del Señor”. El saldo trágico y doloroso al concluir 1961 fue de 350 escuelas católicas expropiadas y 3,400 sacerdotes y monjas, en su mayoría cubanos, expulsados de nuestra patria.

 

En tiempos tan recientes como abril del 2007, las presiones del gobierno y la debilidad de la jerarquía católica condujeron al cierre de la Revista Vitral, una voz de orientación y esperanza dirigida con valentía y sabiduría por Dagoberto Valdés. En diciembre del mismo año la jauría castrista derribó a patadas las puertas de la Iglesia de Santa Teresita de Jesús en Santiago de Cuba para agredir salvajemente a 20 opositores que habían buscado refugio en el recinto religioso. Asimismo, en las últimas semanas hemos visto golpear y arrastrar a mujeres indefensas que armadas de gladiolos pedían libertad para sus familiares encarcelados.

 

Pero el hecho más repulsivo—según nos cuenta en su libro el Embajador Armando Valladares—fue el desalojo en diciembre de 1980 de los hermanos Ciprian, Ventura y Eugenio García Marín, quienes se habían refugiado en la Nunciatura del Vaticano en La Habana. Los tres fueron extraídos de la Nunciatura con engaño y fusilados no solo ante la indiferencia sino con la complicidad de un Vaticano que optaba por defender intereses materiales antes que proteger a sus ovejas más vulnerables.

 

Por su parte, la jerarquía católica cubana, definitivamente siguiendo instrucciones de la curia romana, optó no solo por poner la otra mejilla sino por hincarse de rodillas ante los diabólicos hermanos Castro. Así fue como durante la década de 1970 los miembros de la Juventud Católica Cubana fueron estimulados a participar en labores agrícolas del gobierno. Como en 1998, Juan Pablo Segundo hizo una visita a La Habana donde obtuvo mínimas concesiones por parte del régimen y el gran ganador fue el desprestigiado Fidel Castro. Como en Agosto del 2006, con motivo de la enfermedad del dinosaurio en jefe, la conferencia de Obispos Católicos de Cuba pedía oraciones para que “Dios acompañe en su enfermedad al Presidente Fidel Castro.”

 

Dentro de la misma bochornosa adulación, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, indigno descendiente del Padre de la Patria, manifestaba: “Para Fidel Castro, sus principios cristianos siempre han sido una inspiración en su lucha por la justicia social”. Y como para que no quede duda alguna de la mano de la Santa Sede en todo este tenebroso andamiaje, el Secretario de Estado del Vaticano, Tarsicio Bertone, visitó La Habana en febrero del 2008. El ostentoso Cardenal no se reunió con la oposición pero tuvo tiempo para comparecer ante una conferencia de prensa con Felipe Pérez Roque para pedir el levantamiento del “bloqueo”, palabra clave de la tiranía para referirse al embargo a Cuba.

 

Sin embargo, dentro de toda ignominia se levanta con frecuencia alguna voz redentora. En este caso, una especie de moderno Juan el Bautista que levantó su voz en el desierto de hipocresía y corrupción que ha predominado por años en ambos bandos del debate. Fue la voz del digno Arzobispo de Santiago de Cuba, Pedro Meurice, cuya palabra elocuente y valiente saludó al papa Juan Pablo Segundo durante su visita a Cuba en 1998. Y quién en el curso del Encuentro Nacional Eclesial Cubano, en 1985,  mostró su frustración diciendo: “Nos consideraban una iglesia de mártires y ahora algunos dicen que somos una iglesia de traidores”.

 

Esa es la misma jerarquía católica que ahora responde solícita al llamado de urgencia de Raúl,  neutraliza y desvirtúa la labor de la vibrante oposición interna, apuntala al régimen tambaleante y prolonga la agonía del pueblo de Cuba. Jaime está listo para el servicio y convoca una conferencia de prensa donde califica la reunión de “distinta y novedosa, en el sentido muy positivo” y agregó que se habló de resolver “viejos agravios”. ¡Qué descarado es este loro oportunista y parlanchín! ¿Se atrevería Jaime a pedirle a Margarita Marín, a Clara Abrahante o a Reina Tamayo que le perdonaran a Raúl los “agravios” de haberles asesinado a sus hijos los hermanos García Marín, Pedro Luís Boitel u Orlando Zapata?

 

No en balde la oposición interna desconfía de la sinceridad de Raúl, de la honradez de Jaime y de la eficacia de esta gestión. Con moderación pero con firmeza numerosos opositores han manifestado sus dudas. Laura Pollán me dijo ayer por teléfono: “Contemplo estas conversaciones con una dosis considerable de escepticismo y, como Santo Tomás, tendré que ver para creer”. Elizardo Sánchez declaró a un periodista del Miami Herald: “No oculto mi escepticismo ante las acciones de un gobierno que lleva décadas emitiendo falsas señales”. Pero, como era de esperar, la mas contundente declaración fue la Guillermo Fariñas, quién declaró al ABC de Madrid: “La Iglesia está siendo utilizada por el gobierno cubano”.

 

Pasada revista a nuestro pasado tenebroso y a un nuestro presente precario nos compete ahora prepararnos para el futuro. Un futuro de paz perdurable y prosperidad sostenida que solo será realidad en una Cuba donde predomine la justicia en la mas amplia acepción del vocablo. Una justicia que tiene que ser aplicada tanto a culpables por acción como  Raúl Castro como a culpables por complicidad, o al menos por omisión, como Jaime Ortega. La Iglesia Cubana tiene que aceptar responsabilidades, purgar sus pecados y hacer reparaciones. Tal como hizo la Iglesia Polaca con los 39 sacerdotes que colaboraron con los cuerpos represivos del régimen comunista.

 

Para concluir, a quienes intenten rebatir mis argumentos impugnando mi integridad de carácter o la comodidad de mi exilio les voy a contestar por adelantado. Les digo que ese “perro” ya me mordió en 1959 cuando los opositores al nuevo régimen fueron amedrentados y amordazados con el argumento de que carecían de méritos revolucionarios ganados como “tira tiros” y “pone bombas”.  Estoy convencido de que ese silencio forzado fue el caldo de cultivo que facilitó el crecimiento del cáncer  castro-comunista. Y eso no puede repetirse jamás.

 

Por lo tanto, después de medio siglo de silencio cobarde y suicida los cubanos de todos los credos, de todos los géneros, de todos los colores y de todas las ubicaciones geográficas tenemos no solo el derecho sino el deber de opinar sobre nuestros asuntos nacionales. El derecho y el deber de exigirle cuentas a nuestros gobernantes y de sustituirlos cuando no respondan a nuestras necesidades y aspiraciones. El derecho y el deber de ser guardianes de nuestra soberanía nacional. Una soberanía que no pertenece a ninguna iglesia, a ninguna institución, a ningún partido, ni a ningún gobierno sino al pueblo de Cuba.

 

Miami, Florida, 5-26-10.

 

Última actualización el Miércoles, 26 de Mayo de 2010 10:40
 
E-MAIL AL COMANDANTE PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 23 de Mayo de 2010 13:20

Por JORGE HERNÁNDEZ FONSECA

 

No me está gustando ná el curso que están tomando lo’jacontecimientos. Si Ud. no manda a parar ahora lo que Raúl está queriendo hacer, máj’tarde ya no va a haber remedio. ¿De’onde sacó Raúl que debe mandar lo’jpresos enfermos pa’hospitales y lo’jotros reubicarlos cerca de sus lugares de residencia? ¿Ej’que acaso Raúl no sabe que esa gente e’jenemiga del aguerrido y sacrificado pueblo trabajador, obrero y campesino?

Última actualización el Domingo, 23 de Mayo de 2010 14:35
 
Raúl Castro y el dilema de Gorbachov PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 23 de Mayo de 2010 14:58
Última actualización el Domingo, 23 de Mayo de 2010 15:00
 
CUBA: EL ENROQUE NECESARIO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fuente indicada en la materia   
Domingo, 23 de Mayo de 2010 03:17

Por RAÚL FERNÁNDEZ RIVERO

Durante 51 años el gobierno cubano se ha negado al diálogo con las organizaciones de la Sociedad Civil. En los primeros meses del 59 enfrentó -con su ya   inherente estilo populista y sus  frases demagogas- a las fuerzas revolucionarias de  otras organizaciones que pretendían mantener sus armas ganadas en la lucha contra el ejército regular  batistiano, y sin más les lanzó  la frasecita  “armas para que”, sin dignarse a sentarse a conversar sobre los temas de orden.   Y ese fue sin duda, un principio fundamental del sistema comunista: “con la Revolución todo, sin la revolución nada”. Este nefasto medio siglo, bajo el poder de la dinastía de los Castro, se ha caracterizado por la negativa del régimen a dialogar con nadie que no ponga en la mesa por delante, su aceptación a los postulados marxistas y los caprichos castristas. Incluso una determinada figura puede hacer críticas moderadas, pero dentro de un preámbulo de aceptación del sistema y jamás será llamado a conversar sobre propuestas y mucho menos sobre el tema criticado. Ni en los peores momentos del Período Especial (años que siguieron a la quiebra de la Unión Soviética y el derrumbe del Socialismo en la Europa del Este) el régimen se permitió  consultar, conversar o escuchar a los que diferían de su ortodoxia radical. Jamás tomó en cuenta a los miles de opositores que reclamaban cambios. Se negó a aceptar el proyecto Varela que recogió 14,000 firmas para modificar la constitución y respondió suspendiendo el trabajo por 3 días para obligar a toda la población votar una radical medida que convertía el socialismo en irreversible.

Esta negativa al diálogo se ha visto incluso cuando el gobierno llama a reuniones con el exilo o “los cubanos que viven en el exterior”. Después del Diálogo del 78 -salida airosa para justificar su necesidad de vaciar las cárceles, requisito que le ponían los inversionistas, la UE y sus amigos de A.L.- comprendieron que no era apropiado llevar allí a quienes resultaban respondones y las invitaciones se convirtieron en falsas reuniones con quienes aceptan sus propuestas y soluciones sin chistar y van de agentes suyos de vuelta a casa.

Nunca un Castro se ha sentado ni 15 minutos con un representante de una organización cubana independiente. Prefiere hablar con representantes extranjeros que con cubanos independientes de pensamiento propio.

¿Por qué entonces hablar por 4 horas con el Presidente de la Conferencia Episcopal y el Arzobispo de la Habana Cardenal Ortega? ¿Acaso hablaron de las relaciones gobierno-iglesia por 4 horas? ¿Qué justifica esta sorpresiva conversación con los representantes de  una Institución que repudia al marxismo por principio y que no forma parte de Institución Gubernamental alguna? ¿Por qué toca con la Iglesia temas prohibidos de conversar en Cuba?

Habría toda una opción amplia de posibilidades, que van desde la conversión de la Iglesia Cubana o su Cardenal al marxismo – que no dudo alguien tenga en mente- hasta la búsqueda de un interlocutor aceptable a todos los sectores.

Hay que analizar el entorno del momento actual. Las Damas de Blanco se han convertido en una espina que penetra y desgarra el caparazón castrista. Sus marchas y su presencia constante en los medios con la inmediatez de la tecnología moderna, le producen un escozor constante al Castro II.  Ya los actos de repudio son contraproducentes; agravan el suceso en lugar de detenerlo.

La muerte de Zapata Tamayo penetró más profundo, no solo habían dejado morir a un recluso en huelga de Hambre sino que se pudo conocer y probar que los tratos infames por parte de sus custodios lo habían llevado a un grave estado  irreversible. La respuesta fue un vano intento por colocar a Zapata como un preso común y no de conciencia, que pretendía aprovechar la situación política para buscar beneficios. Fallo intento. Pues el real asesinato de Zapata crea una respuesta valiente, pacífica y amplia entre las damas de Blanco y la disidencia toda, que se convierte en tema de la prensa mundial y se agrava ante la brutal represión del gobierno. Sus tradicionales intentos por dividir a la oposición son respondidos con una marcha multitudinaria en Miami, que muestra la unión sólida del exilio.

La situación interna se tensa puesto que aun precedidas por el prólogo aclaratorio de “la revolución ante todo”, diversos cubanos con acceso a los medios nacionales y extranjeros, y muchos de los amigos tradicionales de Cuba, emiten sus quejas y críticas sobre ambos temas. Personalidades y organizaciones de todo el mundo levantan la voz condenando la muerte de Zapata y la represión a las Damas de Blanco y los señalan como actos represivos de un régimen dictatorial. Sobre el escritorio de Castro II se acumulan declaraciones y comunicados.

Las relaciones con la UE y varios de Congresos de A.L. se enturbian. Zapatero, la esperanza blanca de Castro II, no puede, desde la presidencia de España en la UE,  lograr un cambio en el protocolo con Cuba. A pesar del supuesto éxito de retirar la condena que separó a Cuba de la OEA, el castrato no pide su reingreso porque tendría que aceptar la Carta Democrática de la OEA que su gobierno no puede cumplir. Se vende al público la decisión como motivada por la dignidad cubana, que no acepta  la OEA como organismo representante de la América toda, pero la realidad es que se pierde un foro donde el acercamiento  silencioso y progresivo con USA y otras naciones podrían haber mejorado las cosas para Cuba.

De todos los rincones del mundo intelectuales y organizaciones levantan su voz contra el medio siglo de dictadura cubana.

Mas todo esto ocurre siguiendo el curso de una situación económica muy grave. El sustituto soviético, el petróleo venezolano, ha caído, la situación en la colonia sudamericana es tensa y de crisis. Una inflación cercana al 30 %, única en A.L., graves problemas de abastecimiento que obligan a gastar más dólares en la importación, desmoronamiento gradual de la aprobación interna a Chávez, pérdidas en la CITGO, disminución de la producción petrolera, necesidad de grandes inversiones urgentes en la recuperación de la generación eléctrica y la recuperación de perforadores, pozos y centros de destilación, agotan la ayuda del “hijo putativo” al enfermo Castro I. Tres ciclones de fuerza ingente han dejado  la Isla, que estaba en malas condiciones, en estado de crisis total. Se pierde la cosecha de tabaco y grandes áreas de producción. Los daños en viviendas, que en Cuba son escasas, abren un hueco en el presupuesto nacional. El Jefe de Gobierno, Castro II, anuncia que el 51% de la tierra cultivable está improductiva y en su mayoría llena de un arbusto llamado marabú, de difícil extracción. Castro apela a los pequeños productores privados y les ofrece tierra en comodato por 10 años con tal que la hagan productiva. La respuesta no es la esperada. En Cuba no hay abonos, ni semillas ni implementaos agrícolas. El trabajo con animales es llamado a ser reforzado por el Gobierno. Retrocedemos a la época de la Guerra de Independencia, la imagen  del campesino es un hombre delgado, de piel curtida que vive atado a sus bueyes, a su lentitud y la inclemencia del tiempo.

En las reuniones del transporte o la construcción, los llamados son dirigidos solo al aumento de la eficiencia y la productividad, más trabajo y escaso salario, en un ambiente de desanimo y falta de interés por el esfuerzo. Ramiro Valdés reconoce en ambas reuniones que el 80 % de los objetivos no se han alcanzado. Un impávido Secretario General de la CTC pide a sus afiliados que delaten al que no trabaja o no se esfuerza y a los sindicatos que presionen a los dirigentes para que se hagan las cosas bien. El sindicato es esclavista y sus conceptos son diabólicos. Solo prometen más hambre y horas de trabajo a los cubanos, después de 51 años de promesas de una vida mejor.

El tablero del ajedrez que esta frente a Castro II es amenazador, una Dama Blanca amenaza al Rey Negro. Los caballos negros cansados de halar camiones y carretas y hasta los arados, se retiran a buscar un aire. Las torres se desmoronan y están apuntaladas, el salitre y los años sin mantenimiento amenazan su estructura. Solo están en pie resistiendo por muchos años expulsiones y rechazos, los afiles. Los obispos.

Castro no tiene quien le defienda al Rey, no le queda más remedio que un enroque, pero las torres no se mueven apuntaladas y roídas, Castro se enroca con los alfiles. Con los Obispos.

Ese Gobierno Comunista, no tiene con quien conversar, no puede llamar a Fariñas y decirle “deja la huelga y pongo en libertad a 10 presos enfermos”. Jamás Castro I habló con quien lo presiona, jamás Castro II lo hará. ¿Con quien hablar que sea independiente, no militante opositor, pero tampoco agente de los Castro o sumiso a sus órdenes? ¿Quién siendo reconocido opositor al marxismo cubano puede tener acceso, sin que el resto de la gerontocracia (o gerontosauria como dice una conocida bloquera) grupo gobernante reaccionario, inmóvil negado al cambio, lo rechace?

La solución para el enroque no se consigue con Zapatero o Moratinos, con Chávez o Correa o Lula, hay que comenzar un diálogo fructífero con cubanos con prestigio y nombre, y Castro II no le va a dar prestigio ni nombre a un opositor disidente. Su única opción es el alfil (el Obispo).

Aunque las opiniones sobre el Prelado cubano son muy variadas, es indiscutible que es un hombre preparado, con asesores diversos y capaces. Este cardenal tomó el mismo camino que los millones de cubanos que han tenido que quedarse o han querido quedarse en Cuba, sobrevivir. Y hacerlo no tanto él, como la institución que carga en sus espaldas. Una institución milenaria, que acompañó a los primeros occidentales que llegaron a la América y que fue objeto de expulsiones, represiones y amenazas a sus fieles para que no se acercaran ni a las iglesias, acción que estuvo amenazada por años. ¡Cuántos jóvenes cubanos no pudieron estudiar la carrera que les gustaba  por ser católicos reconocidos! Lo mismo ha sucedido a funcionarios y profesionales acechados y marginados por sus creencias durante largos años. Pero la Misión del cardenal y del episcopado estaba clara había que mantenerse y se han mantenido. Y pueden ahora asumir un importante rol, ser interlocutores de quien necesita diálogo y no tiene con quien. El Cardenal no es un gobernante ni un político, no puede hacer concesiones  ni firmar tratados o convenios. Solo puede ayudar facilitar el diálogo -que hoy es con él pero en el futuro necesariamente tendrá que ser con o a través de otros-  que Raúl tiene que dar para bajar las tensiones, y que significa cesiones, y que abrirán la puerta a otros. Nadie quiere hablar con asesinos, nadie está dispuesto a dialogar con el tirano, solo el cardenal y la Iglesia por su carácter amplio y tolerante pueden hacerlo. No sé qué se puede esperar de esto, pero es muchísimo mejor que nada y puede ser el principio de una transición, Porque o se hace la transición o se  llena Cuba de sangre, sangre de los que están allí, puesto que nadie va intervenir hasta que se tiñan los ríos de rojo, y no creo que los exilados tengamos fuerzas para evitarlo.

Raúl Fernández Rivero

Última actualización el Domingo, 23 de Mayo de 2010 03:18
 
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