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Cuba


El golpe fracasado de Evo y Castro PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 11 de Noviembre de 2019 11:28

Opositores a Evo Morales en La Paz, este sábado.

Por JUAN ANTONIO BLANCO.- 

La vida es lo que te sucede cuando planificas otra cosa. En La Habana y La Paz planificaron prorrogar los poderes de Evo Morales en el principal país productor de materia prima para el narcotráfico, pero las cosas pronto se fueron fuera de control.

En los estados democráticos, las crisis de gobernabilidad están controladas por las instituciones y la fuerza pública. En los estados fascistas se emplean grupos de choque paramilitares. Las camisas negras o pardas de Hitler y Mussolini se han actualizado con los grupos de respuesta rápida cubanos, los colectivos venezolanos y los grupos de choque del Estado narcofascista boliviano contra opositores y descontentos.

Recientemente Evo dispuso el incendio de miles de hectáreas del Amazonas boliviano para ampliar las plantaciones de coca y facilitar las rutas del narcotráfico. Y con sus socios cubanos ha tramado en su país continuos golpes de Estado disfrazados de procesos electorales que permitan la continuidad del tráfico de narcóticos.

Pero esta vez apelaron a este esquema electoral y no les ha ido bien. Después de haber servido fielmente por 14 años a las redes "antimperialistas" del narcotráfico regional conectadas con Cubazuela, Evo se vio obligado el pasado sábado, en el trigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlin, a buscar refugio en su histórico bastión cocalero del trópico del Chapare, en el departamento de Cochabamba.

Estos sucesos son muy graves para los planes de reconquista regional castrochavista.

Mientras trabajaban para impulsar el retorno de Cristina Kirchner, la liberación de Lula y la desestabilización de los gobiernos de Ecuador y Chile, suponían segura su plaza boliviana. ¿Acaso no había aceptado ya la población, resignadamente, fraudes anteriores? ¿No había tolerado la violación de la Constitución al aceptar una decisión espuria del Tribunal Supremo que autorizaba a Evo Morales a postularse para ser reelecto?

La gestión económica del país tampoco había sido mala, como es el caso de Venezuela. Entonces, ¿por qué preocuparse? A fin de cuentas, ¿no controlaban La Habana y sus servidores locales el sistema electoral? ¿No creían haber reclutado a suficientes líderes militares y sociales claves para proteger a su sempiterno candidato de cualquier cuestionamiento?

Era una ecuación fácil. Si alguien protestaba los resultados de los comicios  —garantizados por un proceso electoral viciado de nulidad de principio a fin—, bastaba con acusarlo de impulsar un golpe de Estado pro yanqui y fascista contra ese afable indígena. Ese era el plan. Sencillo, pero varias veces probado. Olvidaron la frase de Karl Marx cuando afirmó que la Historia es un topo que cava túneles y sorprende a todos cuando sale,  repentinamente, por el lugar menos esperado.
En dos semanas los mecanismos de control del régimen boliviano y de la embajada de Cuba en La Paz han entrado en crisis. Uno tras otro:

El pueblo se indigna con el menosprecio de haber sido considerado un tonto pasivo, se rebela y no se deja amedrentar por los grupos de choque paramilitares; la policía se amotina en contra del Gobierno y retira la protección al Palacio Presidencial; las fuerzas armadas rehúsan participar en la represión; los funcionarios —esos oportunistas que saben hacia donde sopla el viento— inician trámites de renuncia e incluso de asilo en otros países; las protestas toman edificios públicos y las calles. Al final, la demanda por la renuncia del presidente se ha vuelto masiva y abarca todos los sectores sociales, salvo los vinculados al narcotráfico.

De poco sirve en esas circunstancias el aparato de agentes de influencia cubanos en los medios de prensa internacionales. Esta crisis no la deciden los lectores de The New York Times, sino las cholitas de Plaza Murillo. Tampoco la OEA, que ya ha reconocido la imposibilidad de avalar el fraude.

Evo —contrariando la intolerancia dogmática de La Habana— ha tenido que dar un paso atrás, convocar nuevas elecciones y finalmente renunciar. A fin de cuentas, es él quien mejor conoce a los bolivianos, y no quiere tener el trágico final que tuvo otro presidente cuando el pueblo terminó colgándolo  de un poste de alumbrado público frente al Palacio Presidencial. El racismo castrista menospreció la inteligencia y amor a la libertad de un pueblo eminentemente indígena... y se equivocó.

La brisita del otoño norteño de Cubazuela ha tropezado con un inesperado viento sur boliviano. El golpe electoral narcofascista de Evo y Castro ya ha fracasado, pero la lucha por la libertad no ha cesado. Ha caído Evo Morales.  Ahora habrá que asegurar que el nuevo proceso electoral esté libre de la manipulación e injerencia del narcotráfico y Cubazuela.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 16 de Noviembre de 2019 13:17
 
A 30 años del desplome del Muro de Berlín PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 07 de Noviembre de 2019 23:59

Berlineses sobre el Muro de Berlín.

Por Vicente Echerri.- 

No puedo creer que hayan pasado 30 años desde que derribaran el Muro de Berlín que daría paso al derrumbe del mundo comunista en Europa Oriental y en la Unión Soviética. Recuerdo vívidamente las noticias de esos días, el júbilo de las muchedumbres que celebraban el fin simbólico de la opresión que ese muro había representado y que, casi enseguida, se traducía por el desplome de todos esos regímenes artificiales. El experimento marxista se caía a pedazos y la humanidad lo celebraba. El capitalismo se reafirmaba como símbolo del progreso. Los partidos socialistas de medio mundo se apresuraban a distanciarse de sus orígenes.

Mi amigo Wolfgang Porschen, que vivía entonces en Aquisgrán, vino a visitarme poco tiempo después y, como regalo, me trajo un fragmento del muro (aún lo conservo) que una de sus tías había arrancado con sus propias manos. Un genuino fragmento de historia: el hormigón armado con que los soviéticos habían querido construir el socialismo. ¡Qué alegría me producía ese sueño despedazado! ¡Que regocijo infundía el retorno de la razón, de las lógicas leyes del mercado, allí donde había prosperado la aberrante ilusión de la igualdad totalitaria!

Los cubanos teníamos razones para esperanzarnos. ¿Cómo pensar que el precario régimen cubano pudiera sobrevivir cuando sus principales sostenes, representados por los países del Pacto de Varsovia, habían dejado atrás la fantasmagoría socialista y reingresado en la historia real? Iba contra todo pronóstico cuerdo suponer que el castrismo podría sostenerse cuando todos sus cimientos se hundían, cuando su arbitraria y fracasada gestión se evidenciaba poco antes con la farsa del "Caso Ochoa" que culminaba con el asesinato de sus propios verdugos. Muchos abrigamos ilusiones para nuestro país, cierto es, en aquella gigantesca convulsión de hace 30 años.

Los hechos posteriores sirvieron para decepcionarnos. El castrismo decidió resistir el embate y nuestros compatriotas de adentro no tomaron ninguna iniciativa ni los estadounidenses aprovecharon la ocasión para extirpar de una vez y por todas el tumor purulento; sino que permitieron que sobreviviera y se replicara un decenio después. En la escarmentada Europa Oriental el comunismo no volvería levantar cabeza, pero en los países del llamado Tercer Mundo, especialmente en América Latina, los socialistas asaltaban el poder valiéndose esta vez de la vía electoral y reciclando sus viejas monsergas. Este bandazo regional a sinistra vendría a darle un segundo aire a la tiranía cubana por otros 20 años. ¡Quién lo habría imaginado!

El castrismo se ha conservando como una reliquia. Esa es su justificación y nuestra vergüenza. Se trata de una enfermedad que ha terminado por hacerse crónica y que ha emponzoñado la médula de un pueblo noble hasta la más abyecta desfiguración, como para que no creamos en la posibilidad de alguna redención, como para que —los que vivimos fuera— no anhelemos volver. La excepcionalidad de Cuba se fundamenta en su propio fracaso: en la incapacidad de los que mandan de gobernar medianamente bien, y en la incapacidad de los mal gobernados de exigir sus derechos, en el profundo escepticismo en el destino nacional que se les inculca a todos desde "arriba".

El único buen anuncio que puede hacerse es que el socialismo es un mal incurable y una desgracia irredimible. De ahí que en Cuba no habrá ni un atisbo de prosperidad ni de equidad social, ni de libertad, desde luego —que es elemento imprescindible para la feliz convivencia de los seres humanos—, hasta que la estructura de ese poder absurdo se desmorone, al igual que ocurrió hace 30 años con el infame Muro de Berlín.

DIAIRO DE CUBA

Última actualización el Martes, 12 de Noviembre de 2019 12:10
 
El regreso del kirchnerismo, malo para Argentina y para toda la región PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 04 de Noviembre de 2019 12:00

Alberto y Cristina Fernández, presidente y vicepresidenta de Argentina.

Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.- 

El regreso del kirchnerismo al poder, decidido en las urnas el 27 de octubre, es una vergüenza para Argentina.

El pueblo de dicho país es educado, uno de los más cultos de Latinoamérica. Por eso se hace difícil comprender este fenómeno del peronismo, sobre todo en su peor vertiente, la del kirchnerismo.

El problema data de la primera mitad del siglo XX, cuando irrumpió en escena el general Juan Domingo Perón, con su populismo contagioso de inspiración fascista, la misma que tuvo su colega Getulio Vargas con su "Estado Novo" en Brasil.

Rápidamente saltan a la vista algunas preguntas: ¿Cómo se elige de vicepresidenta del país a una señora que estaría en la cárcel por corrupta de no ser senadora de la república?

¿Es legítimo democráticamente un presidente electo con menos de la mitad de los votos válidos emitidos? (Alberto Fernández obtuvo el 48% de los votos.)

¿Creen quienes votaron por el dueto de los Fernández que la crisis económica actual en el país la provocó Macri, y no que fue herencia de la desastrosa y delincuencial administración de Cristina Kirchner?

¿Nunca se han preguntado los peronistas, sean de izquierda, de centro o de derecha, anticapitalistas o lo que sea, por qué Argentina antes de la llegada de Perón al poder era un país con estándares de vida del Primer Mundo, y luego ya no lo fue más?

Perón, gran admirador de Mussolini y del fascismo

Entre 1939 y 1940 Perón fue asistente del agregado militar de la embajada de Argentina en Roma, y asistía a las concentraciones en la Piazza Venecia para escuchar a Mussolini, de quien quedó prendado por su magnetismo ante las masas. Desde entonces, se propuso hacer concentraciones multitudinarias y dominar las organizaciones sindicales para establecer en Argentina lo que él llamaba la "democracia social" del sistema fascista.

En 1939, en una carta a su primo Conrado Perón, le contó que cuando Mussolini lo recibió, le dijo al dictador italiano "que era conocedor de su gigantesca obra, que no me hubiera ido contento a mi país sin haber estrechado su mano". Perón logró que los sindicatos argentinos adoptaran la Carta del Lavoro (trabajo) de Mussolini de 1927, así como su rechazo a los partidos políticos tradicionales. En septiembre de 1943, cuando Perón supo que Mussolini había sido liberado de su cautiverio por fuerzas nazis, ofreció un brindis para celebrarlo con sus colegas militares.

Argentina, gobernada desde 1943 por un grupo de militares, entre ellos el coronel Perón, que dieron un golpe de Estado, solo le declaró la guerra a Alemania (y a Japón) el 27 de marzo de 1945, menos de un mes y medio antes de que Berlín se rindiera. Hasta ese día permaneció "neutral". Y luego Perón recibió en Argentina a genocidas como Josef Mengele o Adolf Eichmann, entre otros.

La política exterior de Perón siempre fue antiestadounidense, porque eso formaba parte del "paquete populista-nacionalista". Y lanzó la amorfa "Tercera Posición", más anti-Washington que anti-Moscú, que en 1960 retomaron Nasser de Egipto, Tito de Yugoslavia, Nehru de la India, y Sukarno de Indonesia, para crear el Movimiento de Países No Alineados (NOAL), en este caso controlado por el Kremlin.

Pero lo peor es el daño que hizo y sigue haciendo Perón.

El peronismo impide que Argentina se desarrolle

Llegó Perón, el único hombre elegido tres veces para liderar Argentina (en 1946, 1952 y 1973) con su populismo estatista fascistoide y frenó en seco el impulso liberal del país, deteniendo el ritmo de crecimiento económico y social. Argentina dejó de pertenecer al mundo desarrollado. Y lo más grave es que el peronismo —cuyo nombre oficial es Partido Justicialista— se enraizó en el tuétano de la sociedad argentina.

Salvo breves períodos de dictaduras de derecha, la abrumadora mayoría de los presidentes han sido peronistas, y de los cinco no peronistas, ninguno ha terminado su mandato excepto Mauricio Macri. Dos de ellos, Frondizi y Arturo Ilía, fueron derrocados por golpes militares, y Alfonsín y Fernando de la Rua fueron forzados a renunciar por las fuerzas peronistas, acusados de no resolver la crisis económica que esas mismas fuerzas empeoraban a diario.

Por eso la economía argentina jamás ha podido levantar presión en grande, por esa cultura epidémica peronista, no importa si de derecha, de centro o de izquierda. El peronismo es populismo estatista químicamente puro. Por su naturaleza antiliberal y retrógrada es la mayor retranca para la modernización de Argentina.

El kirchnerismo, en particular, es un gran menjunje de rasgos fascistas, socialdemócratas y comunistas. Propugna una mayor intervención del Estado en la economía, regulaciones que alejan la inversión extranjera, y proteccionismo comercial que reduce o no deja aumentar la competitividad de los productos de exportación. Genera, además, una gigantesca burocracia que dispara la corrupción masiva.

Ya "casualmente", tan pronto fue electa como vicepresidenta la Kichner, ese matiz de corrupción ha empezado a aflorar. La Cámara Federal de Argentina revocó el 29 de octubre dos de las 12 causas judiciales por corrupción, abuso de poder, robo al fisco, lavado de dinero y otros cargos que pesan sobre ella. No es descartable que las otras diez causas corran la misma suerte, o se revoquen las que más la acercan a una prisión como la de su amigo y aliado populista Lula da Silva.

Argentina apoyará la desestabilización de las democracias

Muchos de los peronistas no kircheneristas seguidores de Alberto Fernández piensan que será su líder quien llevará las riendas del Gobierno. Se van a sentir defraudados. Cristina Kirchner, con sus ínfulas y su ego desmedido, será "de facto" quien gobernará tras bambalinas, aunque "de jure" el jefe sea el actual presidente.

A los 12.4 millones que votaron por los Fernández no les importó que la crisis económica actual haya sido una herencia que recibió Macri del kirchnerismo, típica de un Gobierno populista de izquierda que espantaba la inversión extranjera y nacional en vez de atraerla y apoyarla, que se oponía al libre comercio y se distanció del primer mercado del mundo, EEUU; que vació las arcas del Estado y lo endeudó con gastos irresponsables para contentar a los peronistas y sus sindicatos y captar votos electorales.

Cristina Fernández y antes su esposo Néstor Kirchner conformaron una mafia que robó cientos de millones de dólares a los contribuyentes argentinos. Y ahora el nuevo Gobierno apoyará a las dictaduras de Caracas y La Habana, y los remanentes del Socialismo del Siglo XXI de Evo Morales y Ortega; debilitará aún más al grupo de Lima, torpedeará la labor de Luis Almagro en la OEA, y respaldará la ofensiva castrochavista que trata de hacer renunciar al débil presidente chileno Sebastián Piñera, además de crearle problemas de todo tipo a los gobiernos democráticos de Brasil, Colombia, Perú y Ecuador. Seguirá, por otra parte, siendo aliado de Rusia, China, Irán y cuanto régimen "antimperialista" hay en el planeta.

¿Qué ganará el pueblo argentino con todo eso? La crisis solo va a empeorar y muy seriamente. El voto ciego en las últimas elecciones tendrá un costo muy elevado y pernicioso, no solo para Argentina, sino para toda América Latina.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Lunes, 11 de Noviembre de 2019 11:52
 
Contra las disculpas del miedo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 02 de Noviembre de 2019 11:18

Virgilio Piñera y José Lezama Lima.

Por ANDRÉS REYNALDO.- 

Como otros jóvenes con inquietudes intelectuales en La Habana Vieja de los años 60 y 70, conocí a José Lezama Lima y a Virgilio Piñera. Las diferencias de edad,  prestigio y talento no nos permitían siquiera ser sus discípulos. Más bien veníamos a ser los casuales oyentes de sus charlas cuando llegaban a tomar el té, un té con sabor a cloro, en el portal del restaurante El Patio, en la Plaza de la Catedral.

Ninguno hablaba de política. Jamás. Recuerdo una tarde de septiembre de 1973, a pocos días del derrocamiento de Salvador Allende, en que Virgilio aseguró no estar ni al tanto de la victoria de la Unidad Popular en Chile.

Espiados, ninguneados, humillados, vestidos con los gastados trajes y los recapados zapatos que les quedaban de 20 años atrás, aquellos dos grandes escritores sufrían su importancia en cauteloso silencio. Aparte de cualquier explícita lección literaria ofrecían una tácita lección cívica: se puede vivir con miedo sin perder la decencia. Sin pecar de sinrazón, que es el más grosero pecado de un intelectual.

Ya en el exilio, al calor de la amistad con Eloísa, la hermana de Lezama, sabría lo que no estaba a la vista en aquellas tertulias de media tarde. En su casita de la calle Trocadero, había días en que Lezama agonizaba de asma en espera de unos paquetes de medicinas enviados desde España o EEUU y cuyos cuños de entrada acusaban una deliberada retención en la Isla. A veces, para dar fe del ubicuo poder de la dictadura, la entrega no ocurría por mano del cartero (¡ah, todavía solía pasar el cartero!) sino del "compañero" de la Seguridad. Por citar una anécdota.

Además de lo debido a su obra, Virgilio quedaría en los anales literarios y políticos de Cuba por su lacónica intervención durante la reunión de Fidel con los intelectuales en la Biblioteca Nacional, en 1961. "Yo tengo miedo", dijo, con desamparada ingenuidad. Breve y elemental, la frase debía servir de exergo a cualquier historia cubana luego de 1959.

Amigos comunes que eran invitados a jugar cartas en su casa de Guanabo, comentan que en ocasiones su corrosivo humor se desataba contra las mediocridades castristas en las artes y las letras. De inmediato, según cuentan, lo fulminaba la paranoia, el desencanto, la nostalgia por su época en Buenos Aires, cuando se codeaba con Bioy Casares, Gombrowicz, Mujica Láinez…

Ambos murieron sin que los dejaran salir del país. La atención que sus respectivas muertes recabó de la prensa y el oficialismo explica la mezquindad de la dictadura. No fue un quinquenio gris. Es más de medio siglo de totalitarismo rojo o, en su larga perspectiva, verde olivo. Podemos suponer lo diferente que hubiera sido el cantar de haber bajado la cabeza, de haber "participado del proceso", como Cintio Vitier, Eliseo Diego, Antón Arrufat y otros. Pero estaban hecho de mejor pasta. Tan discreta como inclaudicable, la suya fue la resistencia del antihéroe.

Por supuesto, no se puede establecer un manual del perfecto resistente. Pero ambos casos implican una norma, al menos para los intelectuales. (Sin mencionar a los que sí fueron a dar a la cárcel por su abierta oposición o simplemente por esa inercia de la injusticia que caracteriza al castrismo.) En este punto, aquellos que no nos rebelamos, aquellos que fingimos o que por un tiempo creímos de buena fe, estamos invitados al humilde ejercicio de admitir el coraje y el dolor implícitos en la rebelión de los otros. Aunque sea por un prurito de salud mental.

Visto de este modo, el hecho de que ayer tuvimos miedo en Cuba no nos exonera de la participación forzada por las circunstancias o abrazada con credulidad. Tampoco nos compromete a exonerar la participación de los que se quedaron. Cada cual que sea responsable de su miedo. Eso, pienso yo, contribuye a despejar el camino de la razón.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 09 de Noviembre de 2019 20:15
 
La nueva medida del Gobierno cubano será un fracaso, y estas son las causas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 01 de Noviembre de 2019 02:55

Resultado de imagem para cuba, dolar, CUC, CUP

Por DIMAS CASTELLANOS.-

La medida anunciada por el Gobierno el 15 de octubre, con el objetivo declarado de captar las divisas para la industrialización, tiene como objetivo velado —aunque mal disimulado— eliminar al emergente sector privado y eludir los cambios estructurales que Cuba requiere.

La insuficiencia de divisas no se debe al comercio informal (mulas) ni a las restricciones de las remesas familiares. La causa radica en el desconocimiento de las leyes que rigen la economía, en la estatización, en la implantación de un modelo incapaz de satisfacer las necesidades nacionales y generar excedentes para la exportación, y en el voluntarismo exacerbado, ese por el que en 1965 —en un intento de anular el dinero y erradicar las relaciones mercantiles— se suspendieron los pagos y recibos entre empresas, se suprimieron los impuestos, el cobro de intereses y el sistema de contabilidad.

Como se carece de voluntad política para corregir el rumbo mal trazado, una y otra vez se opta por medidas limitadas a la circulación:

- Con el canje de moneda, en agosto de 1961, a los cubanos que tenían dinero en sus manos se les recogió. A cambio se les entregaron directamente 200 pesos a cada núcleo familiar y 9.980 pesos quedaron en una cuenta bancaria, de la cual podían hacer extracciones mensuales reguladas. El resto del dinero lo perdieron de un golpe.

- Con las operaciones "Pitirre en el alambre" y "Adoquín", en 1982, la Policía clausuró los negocios de artesanos, artistas y campesinos que comerciaban lo mismo sus obras de arte que sus productos agrícolas. En ambos casos se les clausuró los negocios, se decomisó sus medios de trabajo, materiales y hasta las balanzas, incluyendo la divisa que poseían.

- Con la "Casa del Oro y la Plata", aprovechando la escasez de artículos de diferentes tipos, en 1987 el Gobierno compró las prendas de oro y plata en manos del pueblo a cambio de bonos para adquirir algunos productos de baja calidad. Las familias perdieron sus prendas.

- Con la dolarización introducida entre 1993 y 1994, una vez que se logró reanimar un poco la economía, en 2004 se sustituyó el dólar por el peso convertible (CUC); se penalizó el dólar en un 10% y se revaluó el CUC en un 8%. En 2011 se eliminó la revaluación del 8%, pero se conservó el impuesto del 10%.

Con esas y otras medidas se evadieron los necesarios cambios estructurales, pero no se resolvió la escasez de divisas. La prueba de ello es que, a pesar de los enormes subsidios soviéticos y de los créditos facilitados por los países capitalistas, el Gobierno tuvo que renegociar la deuda externa desde 1982 una y otra vez. Entonces aumentó la diferenciación social, los precios topados y los subsidios a empresas ineficientes impactaron negativamente en la producción, disminuyó el salario real, y la emisión desproporcionada de CUC terminó por eliminar el respaldo inicial que la misma tuvo.

Cuba se desdolarizó, pero permaneció con dos monedas, ninguna de las cuales era divisa. Se planteó entonces la necesidad de unificar las monedas. En diciembre de 2011, al referirse a la dualidad monetaria, Raúl Castro dijo: "Sin resolver eso es difícil avanzar correctamente". Y añadió: "Debo reconocer que este asunto nos ha tomado demasiado tiempo y no puede dilatarse más su solución".

En 2011, la unificación se plasmó en los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista. En 2013 se anunció un cronograma para su implementación. En 2016 se dijo que la eliminación de la dualidad monetaria era impostergable. En 2017 se habló de cien políticas y ocho prioridades para eliminarla y se autorizó comprar con pesos cubanos en los establecimientos recaudadores de divisas. Sin embargo, la subordinación de la economía a la política y a la ideología impidió la unificación.

La reciente medida de octubre, por tanto, es un regreso a la dolarización y, a su vez, el reconocimiento del fracaso. Ahora, en lugar de dos monedas se operará con tres, lo que enfrentará varios inconvenientes:

- La limitación de la medida a algunos mercados de consumo será imposible. La interrelación entre todos los sectores de la economía lo impide. Reconocido que el CUC carece de respaldo, las empresas estatales, el sector privado, los productores agrícolas, los inversionistas extranjeros y los trabajadores, buscarán la forma de participar en el mercado dolarizado.

- La insuficiente oferta del mercado en dólares impide satisfacer las múltiples necesidades de los cubanos. Al mismo tiempo, la oferta de las importaciones privadas supera la que se comercializará por el Estado. Por tanto, la fuga de divisas continuará.

- La eficiencia de los privados, por su flexibilidad y dinamismo en cada actividad que realizan, está demostrada, como ya está ocurriendo con la rebaja de sus precios y la búsqueda de alternativas. En ese sentido, lo positivo que aporta la medida es que permitirá a los cubanos valorar y elegir entre la opción estatal y la privada.

- La posible compra de dólares por los cubanos, que no satisfacen sus necesidades con los productos ofertados en CUC o CUP, augura no la desaparición, sino el fortalecimiento del mercado informal, donde el cambio de CUC para obtener dólares ya empezó a subir.

- Solo con las divisas que puedan captarse en el mercado dolarizado, ante una industria en estado deplorable, es imposible estimular la producción nacional. Suponiendo —de forma exagerada— que el Estado lograra vender 1.000 millones de dólares anuales y utilizara el 25% de la ganancia para relanzar la industria, contaría con 250 millones, una cifra insuficiente ante una industria descapitalizada. El relanzamiento industrial requiere de grandes inversiones, en un momento en que las foráneas están disminuidas y las nacionales prohibidas.

- La confianza en los bancos no ayuda. El canje de 1961 y otras medidas gubernamentales dejaron una huella que se traduce en falta de confianza hacia el sistema bancario en manos el Estado.

- Por último, la mayoría de los cubanos, carentes de salarios en dólares y de remesas, no podrá acceder a los equipos ofertados en una moneda que no tienen. Por tanto, aumentará la diferenciación social existente y se ampliará la brecha entre las promesas del discurso oficial y la realidad.

Por lo anterior, la nueva medida, aunque logre un alivio inmediato, será un nuevo fracaso. Lo que no se logró con el CUC, no se logrará con un sector del mercado dolarizado. El resultado será la dilatación de las reformas, que no podrán evitarse.

Democratizar las relaciones económicas, eliminar los obstáculos para que los cubanos participen como agentes económicos, fomentar pequeñas y medianas empresas privadas, sería mucho más efectivo que impedir a toda costa que se forme una clase media nacional en Cuba.

Sin embargo, la medida anunciada va en la dirección contraria. Su objetivo velado es eliminar las mulas privadas y sustituirlas por la mula estatal; es decir, ahogar al emergente sector privado, que surgió precisamente por la incapacidad del Estado, para nuevamente eludir lo ineludible: el cambio.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Viernes, 08 de Noviembre de 2019 00:04
 
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