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Cuba


La generación histórica ya es cosa del pasado PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 13 de Julio de 2019 02:59

Por REINALDO ESCOBAR.-

Aunque la expresión “generación histórica de la revolución cubana” se ha venido usando para definir a un grupo específico de personas, no existe una tesis oficial a través de la cual pueda determinarse quiénes merecen estar incluidos en esa lista y cuáles formalidades debe alguien cumplir para aparecer y permanecer en ella.

A partir de ahora, numerosas leyes deberán pasar al Parlamento para cumplir con los plazos previstos por la nueva Constitución. (Granma)

Si se tratara de una definición académica sin conexión con la realidad del poder político, el título en cuestión podría tratarse en su condición meramente etaria y se le podría aplicar a cualquier persona nacida durante la primera mitad del pasado siglo con un mínimo rango de error. Para los cubanos “indiscutiblemente jóvenes” nacidos en el siglo XXI, muchos de los que ostentan cargos importantes son considerados simplemente viejos.

Última actualización el Martes, 16 de Julio de 2019 04:21
 
Metafísica del 'Periodo Especial' PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 11 de Julio de 2019 22:15

Resultado de imagen para Metafísica del 'Periodo Especial'

Por MIGUEL SALES.- 

En fecha reciente, el presidente subalterno de Cuba, Miguel Díaz-Canel, declaró en la televisión nacional que el "Periodo Especial" fue "un gran acto de creación colectiva, con un liderazgo firme que no dio descanso nunca".

A pesar de las numerosas críticas que ha suscitado la metáfora empleada para caracterizar a ese periodo difuso —que oficialmente comenzó en 1990, pero cuyo final nunca se ha definido del todo—, es la primera vez que Díaz-Canel emite una idea realmente interesante, que apunta a una comprensión profunda de la naturaleza del régimen que administra. Esta capacidad conceptual es muy meritoria, porque no se supone que entre sus funciones figure la de ejercer "la funesta manía de pensar", que ya denostaban a principios del siglo XIX los partidarios de Fernando VII.

Según el sermón que Castro II pronunció el 19 de abril del año pasado, cuando designó a Díaz-Canel a la primera magistratura, el ejercicio de la presidencia del Consejo de Estado y el Consejo de Ministro consiste en aplicar ideas vetustas, transmitir órdenes nuevas y preservar sine die el monopolio político del Partido Comunista de Cuba (PCC).

En consonancia con esta definición, el nuevo presidente prometió ese día que sería fiel a las ideas de Castro I, al mando de Castro II y a la hegemonía del PCC. "Sé de la fuerza y sabiduría del pueblo, el liderazgo de Partido, las ideas de Fidel, […] y afirmo a esta asamblea que el compañero Raúl, encabezará las decisiones para el presente y futuro de la nación", declaró entonces.

Ahora, al proponer fórmulas para hacer frente a la perspectiva de un nuevo "Periodo Especial", Díaz-Canel proclama que es preciso recuperar las medidas promulgadas por Castro I en el decenio de 1990: "Son documentos que hay que desempolvar, que todo el mundo tiene que estudiar", expresó.

Quienes critican la descripción del "Periodo Especial" acuñada por Díaz-Canel toman el rábano por las hojas. Echan mano del anecdotario y recuerdan los alumbrones, los camellos, la tilapia transgénica y la cacería de gatos callejeros o denuncian la neuritis óptica y otras epidemias generadas por la desnutrición, o apuntan al más que probable aumento del número de suicidios y abortos causados por las medidas del régimen.

Pero, aunque todo eso es evidente, el sentido profundo del "Periodo Especial" hay que buscarlo en la interiorización del sufrimiento, la miseria y la sumisión como condiciones normales de supervivencia bajo el castrismo.

Hasta ese momento, el sistema se nutría de la promesa de un futuro mejor. Es cierto que el país había atravesado por algunas circunstancias difíciles, pero la ayuda soviética y la existencia de un bloque comunista en Europa del Este permitían cultivar la esperanza, por mínima que fuese, de que la situación podría mejorar. A partir de 1989 esa convicción empezó a evaporarse y desapareció por completo en 1991. Ni siquiera la aparición providencial de Hugo Chávez, ocho años después, colmaría en lo esencial esa pérdida, por más que los subsidios venezolanos hayan llegado a ser, al día de hoy, superiores a los soviéticos. La quiebra de la confianza fue de tal magnitud, que desde entonces ha huido de la Isla algo más de un millón de personas, lo que representa una corriente de 50.000 emigrantes al año.

Por supuesto, Castro I y sus secuaces tenían opciones que hubieran evitado a los cubanos ese cúmulo de sufrimientos, sin necesidad de "capitular ante el imperialismo", como argüían entonces los corifeos del Gobierno. Hubiera bastado con aplicar algunas reformas que cabían perfectamente en el marco institucional del sistema y aceptar la ayuda que muchos países democráticos ofrecieron.

Pero cualquier solución razonable y moderada hubiera contravenido el espíritu numantino de Castro I. En su cabeza, el destino de Cuba se confundía con su destino personal y aquel era su "momento Stalingrado". Fue entonces cuando anunció que "primero se hundiría la Isla en el mar antes que renunciar al comunismo" y proclamó la lúgubre consigna de "Socialismo o Muerte", que hasta hace poco sus sucesores se afanaban en olvidar. Ahora Díaz-Canel ha propuesto pasar el plumero a las viejas medidas que dormían como las notas en el arpa becqueriana y volver a aplicarlas, para conjurar el espectro de un nuevo "Periodo Especial".

Sin embargo, el tono triunfalista del análisis de Díaz-Canel hace sospechar que estima —correctamente, a mi juicio—, que el "Periodo Especial" no fue un fracaso, sino todo lo contrario. Y tiene razón. El "Periodo Especial" representa el triunfo definitivo del castrismo. Es la apoteosis de la servidumbre esclavista, apenas matizada por el Maleconazo (donde una vez más el revés se convirtió en victoria con la sola aparición de Castro I) y el éxodo de los balseros, que con el tiempo serían fuente primordial de divisas y mansos peticionarios de visados turísticos.

Y así ha sido.  El "Periodo Especial" no fue (no es) un accidente de eso que muchos todavía llaman, con delicioso arcaísmo, "la revolución", sino su misma sustancia: una fábrica de pobreza, obediencia y envilecimiento. Es el momento cumbre del castrismo, la plenitud del sistema, la victoria definitiva del modelo: los esclavos que, como en Nabucco de Verdi, cantan a coro, pero esta vez exaltando sus cadenas, transidos de adoración por el amo que los oprime. Es el "pueblo combatiente", hambreado y sin futuro, que a pesar de su condición miserable desfila, repite consignas y cava refugios para defenderse del inminente ataque imperialista.

Con el "Periodo Especial" se cumplen los objetivos fundamentales de "la revolución", que nunca fueron los que Castro I proclamó al alcanzar el poder en 1959: sumisión total de la sociedad al proyecto comunista, control policial absoluto, militarización integral, expulsión de los grupos de población menos dóciles (procedimiento que ya había comenzado a través de Camarioca, en 1965, y Mariel, 1980, pero que se perfecciona desde 1994, mediante los acuerdos migratorios con EEUU), y reducción de la economía a actividades primarias de subsistencia totalmente dependientes del Estado.

Un régimen que llevaba ya 30 años en el poder y acumulaba grandes fracasos, que había sacrificado a miles de soldados en África con resultados dudosos y acababa de perder su principal fuente de subsidios, expulsa de golpe a otros 35.000 adversarios potenciales y los arroja a las costas de su enemigo, los convierte en cimarrones teledirigidos, que a partir de entonces financiarán al mismo Gobierno que oprime a sus familiares y les autoriza o no a volver a verlos, y además coloca a quienes quedan en la Isla en un escalón inferior de miseria y obediencia.

A pesar de las pocas luces que le asisten, Díaz-Canel ha comprendido esa verdad fundamental. La esencia del socialismo en Cuba no consiste en mejorar la educación, ni ampliar la asistencia médica ni mucho menos en elevar el nivel de vida o el consumo de la población. A la larga, todas esas son gaitas populistas para entretener a la galería, avances que conducen de nuevo al capitalismo. Véase, si no, lo que ocurrió en la antigua Unión Soviética y lo que sucede actualmente en China.

Para salvar al comunismo cubano —al menos durante 30 años más— es preciso otro "gran acto de creación colectiva", que en este caso contará con su esclarecido y sólido liderazgo. Díaz-Canel agita el espantajo de un nuevo "Periodo Especial" para que las masas tiemblen ante la perspectiva de los apagones y el bisté de frazada, pero en realidad parece que a él no le disgusta la idea de afrontar y culminar la magna empresa. Otra cosa es que logre ponerse a la altura de las circunstancias.

Socialismo o muerte. Valga la redundancia.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 13 de Julio de 2019 20:46
 
¿Mayor salario con 'chavitos' sin valor? PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 11 de Julio de 2019 04:32

Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.- 

La polémica Ley de Say, del economista francés Jean Babtiste Say, postula que toda oferta genera su demanda, pero Miguel Díaz-Canel y su ministro de Economía, Alejandro Gil,  sostienen que es la demanda la que crea oferta.

Por eso han decretado una subida de salarios y pensiones por más de 7.000 millones de pesos anuales, que significa lanzar para la calle una masa de dinero que elevará sustancialmente la demanda,  para así "aumentar la producción", y  valga el absurdo.

Si muchos economistas opinan que en algunos aspectos Say no tenía razón, de los dos jerarcas castristas citados hay que decir que botaron la pelota al colocar los bueyes detrás de la carreta. Porque otra ley económica, y bien probada en la práctica, muestra que los salarios no pueden ser aumentados si no hay un incremento de la tasa de productividad laboral y un aumento de la producción y los servicios.

Es simple. El aumento de la cantidad de dinero en circulación eleva la demanda y, de no haber más producción o más importaciones, los precios se disparan, devoran los aumentos de salarios y reducen el poder de compra del dinero.

En Cuba la única forma justa y razonable de aumentar los miserables salarios socialistas y que los bueyes vayan delante de la carreta es liberando las fuerzas productivas, pero la dictadura se niega.  Además, de ninguna manera el Gobierno podrá obtener del sector productivo estatal los miles de millones de pesos adicionales necesarios para pagar el aumento salarial y de pensiones. Ello provocará un mayor déficit presupuestario y aumento de la deuda nacional.

Los países normales tienen una política monetaria. Los bancos centrales suben o bajan las tasas de interés para contraer o aumentar la liquidez del país, o sea, el cash en el bolsillo de la gente, el acceso al crédito, y el dinero depositado en los bancos que sus titulares pueden sacar en cualquier momento. Lo hacen para que haya cierto equilibrio entre demanda efectiva y oferta, y  mantener la inflación bajo control. Eso en Cuba es impensable, y ni se conoce.

El economista Pedro Monreal, residente en la Isla, pronostica que para el segundo semestre de 2019 el aumento de sueldo va a traer una demanda extra en alimentos de 2.550 millones de pesos (CUP), que forzará un aumento del 50% en las ventas de alimentos con respecto a igual período de 2018.  Para que el aumento de sueldo no genere inflación, Cuba tendría que aumentar en un 50% la producción de alimentos, o importarlos, ¿pero con qué divisas?

Populismo para aliviar descontento popular

Este aumento de sueldo suena bonito, pero es un engaño. Ocurre sin dar más libertad al sector privado. Y aunque al "presidente" le disguste la palabrita, sí es populismo. Es un recurso político-psicológico para calmar el creciente descontento popular por el nuevo "Periodo Especial".

Entre 1993 y 1995 hubo en Cuba mucho dinero en circulación sin la necesaria oferta de bienes y servicios. La pérdida de valor de compra del peso fue tan pronunciada que Fidel Castro, en julio de 1993, legalizó la circulación del dólar, reabrió los mercados campesinos, y tomó otras medidas. Recuerdo que para adquirir un "fula" (dólar), ya legal,  había que dar hasta 150 pesos o más.

Dada aquella experiencia, el propio Díaz-Canel se estuvo negando a subir los salarios. Argüía que no existía una contrapartida material para asimilar un aumento de la masa monetaria. Y ahora, por razones políticas, pone en circulación adicionalmente miles de millones de pesos en salarios y pensiones a casi tres millones de personas que no producen bienes de consumo. Y sin que el Estado tenga más divisas para la importación de alimentos y bienes, debido a la crisis en Venezuela.

La prueba de que el régimen no va a conceder más libertad económica es que mientras en La Habana se anunciaba el aumento de salarios era condenado a diez años de cárcel en Holguín uno de los mayores productores porcinos de Cuba, Bismar Rodríguez, por crecer mucho económicamente.

Para "evitar la inflación" ya el Ministerio de Finanzas publicó la lista de precios de obligatorio cumplimiento que regirá para el sector estatal y el privado. Es otra expresión de ignorancia en materia económica, que también tienen muchos en la Isla luego de tantos años de comunismo.

En general, la población en Cuba cree que poner un tope máximo a los precios es algo favorable. Falso. Los topes de precios causan el efecto contrario: agravan la escasez porque reducen la oferta  y los precios suben en el mercado informal, y a la larga también en el mercado formal.

"Pan para hoy y hambre para mañana"

Y es lógico. Los productores al ver caer sus ganancias por el tope de precios, al punto de que muchas veces no cubren  los costos, producen menos, o no producen, como arma de presión para que se eliminen los topes. Muchos esconden lo producido para comerciarlo en el mercado negro, pero más caro, pues le pasan al precio de venta el alza que pagan por sus insumos, equipamiento, materias primas, etc., y también el riesgo que corren de recibir multas, o hasta prisión. O sea, todos pierden, pues el mercado negro es el principal del país.

Este aumento del salario mínimo a 400 CUP (16.60 dólares) y el salario promedio a 1.067 CUP (44.40 dólares), que tanto ha alegrado a muchos, es "pan para hoy y hambre para mañana".

De no abrirse la mano al sector privado habrá más escasez y una elevada inflación que golpeará a todos los consumidores, pero más fuertemente a quienes tienen salarios mínimos y los pensionados. Se devaluarán el peso común y el convertible. La gente tendrá un poco más de dinero, pero apenas sin valor. Podrá comprar poco, o porque no lo hay, o porque es muy caro.

Lo peor aquí es que el nuevo salario mínimo, de 16.60 dólares mensuales, sigue estando por debajo del nivel de pobreza extrema establecido por el Banco Mundial (BM). En 2015 el BM elevó de 1.25 dólares diarios a 1.90 dólares su límite de ingreso diario para identificar la pobreza extrema. El salario mínimo cubano está por debajo de ese límite dramático.

A la par del Africa Subsahariana

El promedio salarial general de 44.40 dólares apenas bordea los 1.90 dólares diarios, y solo la canasta básica de alimentos cuesta casi el doble de esa cantidad, según periodistas independientes. En materia salarial hoy Cuba está a la par con el Africa Subsahariana, pero hace 61 años se paseaba entre las naciones con más altos salarios de Latinoamérica y del mundo, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

El salario promedio de un obrero cubano industrial en 1958 era de 130 dólares, y un dólar de entonces equivalía a casi nueve dólares de 2019, según el sitio web El dinero en el tiempo. O sea, el abuelo obrero cubano hace seis décadas ganaba unos 1.130 dólares de hoy, 25 veces más que su nieto obrero que hace lo mismo y hasta en la misma fábrica que su abuelo.

Y ni qué decir de los jubilados que en la Isla seguirán recibiendo una pensión media de diez dólares mensuales (242 pesos). La pregunta para el "revolucionario" Raúl Castro: ¿Cómo se puede vivir con diez dólares mensuales?

Todo puede agravarse. Si ya el poder adquisitivo del peso CUP es muy bajo, al aumentar ahora el dinero en circulación caerá más aún y pasará a ser un "chavito" , papel mojado sin apenas valor de compra.

Pero el general y su Junta Militar quieren ganar tiempo con esta medida del más manoseado populismo. Tienen la esperanza de que una "negociación" saque a Maduro de Miraflores pero deje el poder real en manos de militares y civiles chavistas, y que Donald Trump pierda las elecciones en 2020.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 18 de Julio de 2019 04:26
 
“El tiempo, la globalización e internet ganarán al castrismo” PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 10 de Julio de 2019 04:06

Sobre Yoani Sánchez.- 

La periodista cubana Yoani Sánchez asegura que la prensa libre fue “aniquilada” en su país, teme que retroceda en otros como Venezuela y Nicaragua y confía en que el tiempo y los vientos de globalización ganen la batalla en internet a favor de la información veraz e independiente contra el castrismo, según una entrevista con la agencia de noticias EFE, en Madrid.

Sánchez se refirió también al mandato de Miguel Díaz-Canel, que sucedió en abril de 2018 a Raúl Castro, hermano de Fidel Castro (fallecido en 2016), que fue cabecilla de la revolución de 1959 y dictador en el país hasta 2006.

El gobierno de Díaz-Canel está suponiendo pasos “atrás” para recuperar un “control” que el oficialismo había perdido, dijo Sánchez a EFE.

A esto se une una “caída” de la economía, pues “el oficialismo no ha dado los pasos necesarios para la apertura económica”, explica, pero también motivada por el contexto internacional y las nuevas medidas estadounidenses de embargo económico, como las sanciones por importar petróleo venezolano.

El Gobierno de Cuba anunció el 27 de junio un incremento de los bajos salarios estatales y de pensiones, dentro de un grupo de medidas para impulsar la economía del país, que enfrenta la crisis más grave en las últimas dos décadas.

“Todo eso se percibe en las calles, en el plato y en los bolsillos” y en una “crisis migratoria” hacia los EE.UU., según Sánchez, directora del diario 14ymedio.com, bloqueado en Cuba por el Gobierno, pero que puede leerse fuera de la isla.

Años atrás, las autoridades castristas le denegaron repetidamente el permiso para viajar fuera del país y fue detenida durante unas horas en varias ocasiones. En 2012, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le concedió medidas cautelares por considerar que estaba en situación de riesgo.

Preguntada por si internet es una pequeña parcela de libertad en Cuba, responde que es un fenómeno que va “muy deprisa” en la sociedad cubana, a pesar de que es todavía unos de los países menos conectados del mundo.

Recuerda que, en diciembre pasado, el oficialismo “se atrevió” a abrir el acceso de los teléfonos móviles a internet, y esto se ha notado en que el activismo social de muchos tipos ha crecido “muchísimo”, incluso las críticas al régimen “se hacen sentir en las redes”.

Pero esta libertad, todavía no llega en la misma medida “a la realidad” de la calle, pues todo intento es “profundamente reprimido”, denuncia.

Aun así, ya ha tenido algunos efectos, como la marcha LGTBI del 11 de mayo en La Habana, “organizada desde internet”. Y esto “preocupa” a los gobernantes cubanos.

Para contrarrestar, Díaz-Canel promovió que ministros y altos funcionarios estuvieran presentes en las redes sociales, según Sánchez, quien intervino este martes en el Congreso Anual de la Asociación Internacional de Estudios en Comunicación Social, en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

“Esto deja en evidencia -opina- su incapacidad para dialogar (…) porque se comportan de una manera tan agresiva a veces, tan intolerante, tan militante, que internet también está sirviendo para dejar a la vista pública de todo el mundo ese discurso de la prepotencia ideológica y política”.

¿Pero es internet la alternativa? “Se está todavía muy lejos” de poder decir que se puede ejercer el periodismo medianamente en Cuba sin recibir un castigo por eso, según Sánchez.

“Hay un monopolio gubernamental y partidista sobre la difusión de información”, precisa la periodista, muy crítica con el régimen cubano, que tiene mecanismos “muy bien engrasados” contra los reporteros independientes, como acabar con su reputación, detenciones y confiscación de material, asegura.

Y esos riesgos no son solo por un artículo político discrepante: “Basta escribir sobre la carestía (de la vida) y ya puedes tener un problema”.

Pero gracias a la tecnología y los dispositivos electrónicos se ha logrado que crezca y se desarrolle un ecosistema de medios independientes.

El oficialismo ha respondido “censurando muchos de estos sitios”, pero los lectores han recurrido al ingenio, a “trucos” como ‘proxys anónimos’ para acceder a los contenidos.

Otra forma de controlar el acceso a internet, denuncia Sánchez, es con unos precios “muy altos” del monopolio estatal de telecomunicaciones, y con “servicios muy deficientes”. Cuatro gigas de datos, dice, cuestan lo que el salario mensual de un ingeniero.

Preguntada por quién ganará la batalla de internet en Cuba, cree que será el tiempo. “Y los tiempos están invitando a la globalización, a un mayor flujo de información, a ciudadanos cada vez más conectados”; y el castrismo “va a tener que lidiar con una ciudadanía mucho más activa, totalmente contraria al modelo político y social impuesto”.

En relación con la libertad de prensa en Iberoamérica, asegura que son “malos momentos en general” en la región. Cita México (periodistas asesinados), Honduras, El Salvador…

Y en otros lugares, los autoritarios intentan “domesticarla” y, cuando no es posible, “censurarla o encarcelar al reportero”.

“Mi temor es que eso haga perder terreno (…) a la prensa y la información, y que ayude a entronizar más los populismos, los autoritarismos y, sobre todo, las dictaduras”.

Sobre Cuba, comenta que la prensa libre fue “aniquilada”, pero también le preocupan Venezuela y Nicaragua. “Afortunadamente, las redes sociales están jugando muchas veces el papel de canalizar ese periodismo crítico”, concluye.

CUBANET/EFE

Última actualización el Miércoles, 17 de Julio de 2019 04:34
 
Díaz-Canel va a 'poner contra la pared' a 'cuentapropistas' y cooperativistas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 10 de Julio de 2019 03:49

Por ORLANDO FREIRE SANTANA.- 

La nueva Constitución de la República de Cuba no está exenta de ambigüedades y hasta de contradicciones que tornan confusos sus articulados, y que en consecuencia les permite a los gobernantes interpretar a su antojo lo que allí se expone.

Un ejemplo lo tenemos en el Artículo 18, el único que en toda la Carta Magna hace mención de los espacios de mercado en la economía. Dice así: "En la República de Cuba rige un sistema de economía socialista basado en la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción como la forma de propiedad principal, y la dirección planificada de la economía, que tiene en cuenta, regula y controla el mercado en función de los intereses de la sociedad".

Refrendado de esa manera, es decir, "que tiene en cuenta el mercado", cualquiera podría pensar que, aun en espacios muy reducidos,  los gobernantes estarían dispuestos a respetar los fundamentos de la economía de mercado, uno de los cuales establece la libre formación de precios de acuerdo con la relación entre la oferta y la demanda.

El asunto cobra actualidad  a raíz de las nuevas medidas anunciadas por el mandatario Miguel Díaz-Canel, en las que destaca un aumento de salario para los trabajadores del sector presupuestado, así como de las pensiones a los jubilados.

Las propias autoridades han reconocido que esos incrementos tienen lugar en momentos delicados para la economía, ya que debido a la escasez de artículos de primera necesidad no se cuenta por ahora con una contrapartida que haga frente a ese efectivo que se inyectará en la circulación. Un entorno que, además, podría generar —más de lo que ya estamos presenciando— un proceso inflacionario en la economía.

Mas, ni corto ni perezoso, el señor Díaz-Canel argumentó lo que se piensa hacer para contrarrestar los aumentos de precios en la economía. Primero enumeró algunos instrumentos económicos, como la potenciación de las ofertas del Ministerio de la Industria Alimentaria, además de nuevos servicios informáticos y recreativos que podrían ponerse a disposición de la población.

Sin embargo, consciente de que tales ofertas no serán suficientes para captar el hipotético exceso de circulante, se refirió también a los instrumentos administrativos que se emplearán (en este caso, la coacción) en aras de lograr su objetivo. En ese sentido, y acudiendo a la otra cara del Artículo 18, la que enfatiza en la regulación y control del mercado, Díaz-Canel expresó que "No puede haber incrementos de precios en el sector estatal. Y tampoco puede haber incrementos de precios en el sector no estatal, y vamos a discutir con el sector no estatal para que entienda".

Asistimos entonces a un marco regulatorio que puede, como decimos los cubanos, "poner contra la pared" al sector no estatal de la economía, en este caso los trabajadores por cuenta propia y los cooperativistas.

Se trata de un sector que no recibe ningún tipo de subsidio gubernamental para llevar a cabo su gestión productiva o de servicios, y que además puede experimentar cambios en su entorno, como un aumento de precios en sus insumos y materias primas —algo que ya se pone de manifiesto—, y hasta un incremento en los impuestos que deben pagar a la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT). O sea, que el sector no estatal podría en cualquier momento acudir a un aumento en los precios y tarifas que aplica, no por tratarse de malvados o vengarse de las medidas anunciadas por el Gobierno, sino simplemente como respuesta a las condiciones objetivas en las que desarrollan su labor.

Y lo más preocupante: las autoridades no renuncian a esa mala costumbre de echar a fajar a unas personas contra otras. Ya han habilitado números telefónicos para que las personas "denuncien" cuando detecten aumentos de precios. La precaria institucionalidad podría naufragar ante el espíritu de los mítines de repudio.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Domingo, 14 de Julio de 2019 22:06
 
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