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Lunes, 30 de Marzo de 2020 00:03

 

Coleção Conceitos da História – 40 Fatos Para Entender O Comunismo ...

Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.- 

Con la pandemia del coronavirus ha resurgido el nombre de Napoleón Bonaparte, quien sin ser filósofo tenía una intuición excepcional para hacer pronósticos y no se equivocó cuando en 1803 dijo que China era un gigante dormido que haría temblar al mundo cuando despertase.

Claro, el célebre corso estaba pensando en términos geopolíticos y hoy en su despertar el coloso asiático —todavía— no es una amenaza político-militar inmediata, pero lo cierto es que China despertó. En solo 40 años ha pasado de país pobre, atrasado y encerrado en sí mismo durante milenios, a ser la segunda mayor economía mundial, y ya Pekín aspira a destronar a  EEUU como el Polifemo económico mundial. Y ahora, con el coronavirus, ese régimen comunista actuó de manera irresponsable al ocultar inicialmente el brote de ese virus en Wuhan, que se ha extendido como pandemia y está haciendo temblar al mundo entero.

Yendo por partes, el planeta fue invadido por el coloso asiático, pero no con tropas como se imaginó Bonaparte, sino con productos "made in China" e inversiones millonarias. ¿Se acuerda alguien de cuando la mayoría de los artículos que se vendían en el mundo decían "made in USA"?

El país más poblado del mundo, con 1.408 millones de habitantes, es también el mayor exportador mundial, el más rico en reservas monetarias; en 2019 produjo 23,4 millones de vehículos, más del doble que EEUU (10,5 millones), consume el doble de acero que EEUU y, con sus masivas compras de materias primas, ha sido últimamente el motor del crecimiento de América Latina.

¿Cómo se produjo ese salto que nada tuvo que ver con el "Gran Salto Adelante" proclamado por Mao Tse-Tung en 1958, que mató de hambre a 20 millones de chinos al prohibir la agricultura privada e imponer la colectivización forzosa de las tierras?

La "convergencia" que no se imaginaron Marx y "Che" Guevara

Fue una combinación que en alguna medida convirtió en realidad la "teoría de la convergencia", una tesis académica (Galbraith, Aron, Sorokin, Tinbergen y otros),en boga en los años 60 y 70, según la cual las diferencias entre los sistemas capitalista y comunista se irían borrando y terminarían por fusionarse.

Luego de la muerte de Mao, el liderazgo de su propio Partido Comunista, que hasta unos meses antes asesinaba y encarcelaba a millones de chinos al ritmo de la "revolución cultural",  lanzó la consigna más antimarxista de la historia:  "Enriquecerse es glorioso". Pero se mantuvo intacta en el poder político la dictadura comunista y la violación masiva de los derechos humanos. Los opositores políticos son apaleados y van a la cárcel. Las protestas políticas y sociales son masacradas salvajemente como ocurrió en la Plaza de Tiananmen en 1989.

Fue esa la receta de  perfecta "convergencia", una hibridación que no pudieron imaginarse Marx, Lenin, o "Che" Guevara, y que Pekín bautizó como "socialismo de mercado", en virtud del cual muchos dirigentes comunistas chinos hoy se pasean entre los hombres más ricos del mundo. Se permitió la creación de empresas capitalistas, excepto en los medios de comunicación y otros sectores de "seguridad nacional".

Pero la clave de todo fue que, al abrirse China, entró en escena el capitalismo internacional. Miles de compañías industriales occidentales, encabezadas por las estadounidenses y las europeas, se fueron a China a pagar a los obreros chinos la décima parte, o menos, del salario que pagaban en EEUU y Europa. El resto de la historia es harto conocida.

Lo que quiero destacar es que si hoy China es una potencia mundial es gracias al capitalismo y la "mano invisible" de Adam Smith. Fue Occidente quien sacó a China de su atraso. No fue el Partido Comunista, que vende al mundo su "socialismo" como la fórmula mágica para el desarrollo mientras sigue venerando al  genocida Mao Tse-Tung, cuya foto en la Plaza Tiananmen es la más grande de político alguno en el mundo. Sin las megamillonarias inversiones del capitalismo mundial en China, esa nación seguiría siendo muy pobre.

China, ombligo del mundo

Volviendo a Napoleón, hoy el mundo tiembla ante el avance económico, comercial  y financiero de China, globalmente y por su creciente influencia e injerencia política nefasta para los valores democráticos occidentales. Compra fábricas y activos de todo tipo, soborna y presiona a gobiernos, apoya a cuanta dictadura antiliberal hay en el mundo, como las de Irán, Cuba, Venezuela, Nicaragua, etc.

A propósito, el ancestral egocentrismo nacionalista chino, el creerse "el ombligo del mundo", puede que ya haya sido superado, pero con el país ahora convertido en la segunda potencia económica quizás podrían resurgir  versiones actualizadas. La tentación es grande. El Pekín comunista podría acariciar ambiciones geopolíticas imperiales a medida que crece su poderío económico y de influencia política global.

Durante milenios, para China todo lo que no era chino era secundario. Los países periféricos, como Corea, Vietnam, o Japón, constituían un primer círculo de pueblos que habían asimilado la cultura y los caracteres chinos. Más allá se encontraban los pueblos no chinos de Asia. Y solo después se ubicaban los waiyí ("bárbaros"),  incluyendo  Europa, y luego América. En los mapas de los emperadores chinos, hasta el siglo XIX, aparecía China en el centro del mundo. Millones de chinos nacían y morían sin saber que había seres humanos sin los ojos rasgados.

Sin un gobierno comunista en China quizás no habría pandemia

Y ahora surge la pandemia del coronavirus, la más universal conocida hasta ahora en el planeta. Y en buena medida la responsabilidad recae en el Gobierno de Pekín, que cuando supo del brote en Wuhan actuó según la cultura comunista del secretismo y la manipulación de la realidad con fines políticos.

No creo que haya sido una acción deliberada de China para debilitar económicamente al mundo y crecer como potencia global, aunque de un Partido Comunista se puede esperar cualquier cosa (en los años 60 Mao dijo que China no le temía a una guerra nuclear pues si morían 300 millones de chinos quedaban otros 400 millones), pero sí hubo más que negligencia en este caso. Los gobernantes chinos fueron los primeros en saber sobre el coronavirus y se negaron a informarlo para que el Partido Comunista no perdiera "prestigio político" con una epidemia que "desprestigiaría" al sistema de  salud pública.

Además de no informar, amenazaron a los médicos para que ni pronunciaran la palabra coronavirus. Y permitieron que cientos de miles de personas salieran de la ciudad de Wuhan y regaran el virus. O sea, sin el control mediático comunista, los medios habrían informado sobre la epidemia de coronavirus, se habrían salvado  miles de vidas y probablemente se habría evitado la actual pandemia.

La Universidad de Southampton, de Gran Bretaña, afirma que Pekín podría haber reducido en un 86% el número de contagios si hubiera impuesto dos semanas antes las medidas de confinamiento que adoptó el 22 de enero. Peor aún, el  primer caso documentado de un infectado con coronavirus ocurrió el 17 de noviembre, un hombre de 55 años de Wuhan.

Ya el 20 de diciembre, el gobierno sabía que 60 enfermos en Wuhan sufrían una neumonía desconocida similar al SARS y que varios de ellos habían estado en el mercado de pescado de Wuhan. Si Pekín por razones políticas no hubiese ocultado a los medios la existencia de un virus  vinculado a ese mercado, el público habría dejado de visitarlo y de tomar sopa de murciélago (animal que se sospecha  es causante de la pandemia) mucho antes de su cierre oficial, el 1 de enero.

Es decir, pese a haber sido sepultado por inviable e inhumano hace ya tres décadas, las facetas del sistema comunista que aún subsisten, como la dictadura china, siguen haciendo sufrir a los seres humanos.

Por eso, este golpe a la humanidad debiera ser incluido en el expediente histórico comunista. Pekín mostró su credencial totalitaria.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Domingo, 05 de Abril de 2020 20:04
 
La revolución de los parásitos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Lunes, 30 de Marzo de 2020 00:15

Ilustración.

Por ANDRÉS REYNALDO.- 

Parásito. Toda explicación del castrismo comienza por su condición parasitaria. En lo económico, en lo ideológico. Ningún desarrollo que no contribuya al saqueo del organismo anfitrión. Parásito de Pekín, de Moscú, de Caracas, de Miami. De los turistas y los nacionales. Una condición que ahora, en medio de la plaga del coronavirus, está alcanzando (para robarle un decir a Lezama) su definición mejor.

A imagen y semejanza de Fidel, el castrismo es, tanto en teoría como en praxis, una fórmula de parasitismo nacionalista. Martí creyó que Cuba estaba destinada a detener la expansión de EEUU sobre América Latina. La Cuba de Fidel ha cumplido el expansivo destino de parasitar lo mismo a latinoamericanos que a gringos, y de ahí al mundo. Del error geográfico de Martí al acierto jinetero de Fidel. Chupa, que algo queda.

Y lo que ha quedado es un pueblo educado para chupar. De chupar vive el cubano de la Isla. Sea por necesidad, vocación o ambas. De ahí que, cuando la necesidad se agota, la vocación persiste. Eso lo vemos a menudo en Miami, parasitado por una amplia gama de jineteras y jineteros que medran por doquier, ora en una universidad, ora en la cola del cafecito mañanero del Versailles, ahora solo por ventanilla. Cada cual con el talante energúmeno y filisteo que Fidel selló como idiosincrasia de la nación. Incapaz de convertir el revés en victoria, el parásito convirtió el defecto en ventaja. Impresiona la disposición para situarse allí donde el alimento ha sido casi digerido, facilitando la oportunidad de jinetear un máximo de nutrientes.

Mi generación ha visto los repetidos episodios de esta saga parasitaria. En la década de 1960, el castrismo chupó el discurso y el tesoro de los chinos. Para 1970, se incrustó en las entrañas de Moscú. A Europa Occidental, principalmente a España, le chupa hasta los clavos de los ataúdes. Diamantes y marfiles chupó de Angola. Café y arroz de Vietnam. Complicidad le chupa al Vaticano. Estamos en la reinfección (combinada) de chinos y rusos. De Venezuela, a la vista. Cuando Maduro se venga abajo, con la guevariana boinita de Chávez y la napoleónica espadita de Bolívar (tan complementarias, digo yo, como símbolos del absurdo continental), los venezolanos se quedarán con el anémico cuerpo de un país asfixiado en las miasmas del parasitismo del siglo XXI.

A poquito estuvo el castrismo, así, por un pelín, de que Washington le cogiera la factura. Porque el sueño del parásito castrista es hospedarse, como dicta la naturaleza, en el más gordo y nutritivo organismo anfitrión del planeta. Trátese de Raúl clamando por créditos como de esos muchachos semianalfabetos, con el pantaloncito cortado a la rodilla y unos tatuajes de cárceles de selva, que desembarcan aquí duchos en tramitar el welfare y estafar al Medicare y el Medicaid. Prodigiosamente bilingües en las gestiones de la chupadera.

Ya se escucha, de Madrid a la Calle Ocho, de CNN a la ciber-red del colaboracionismo, el coro de los parásitos que exigen (los parásitos no negocian) el levantamiento de las sanciones norteamericanas ante el avance del coronavirus por una isla sin agua ni jabón. ¡Que Trump le saque las  castañas del fuego a una mafia que aprovecha la desgracia a fin de exportar a sus pocos médicos, timar a los turistas y (no negaré que esto me parece justicia poética) retener a los repatriados para chuparles hasta el último dólar de sus bolsillos, así como de sus ahorros en tierras de libertad! Al que quiere patria, tres tazas.

Para sacarnos el parásito del castrismo, para reponernos aunque sea a medias, sin volver a ser nunca lo que fuimos, ¿cuán radical se necesitará la cura?

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Domingo, 05 de Abril de 2020 00:39
 
El coronavirus y la irresponsabilidad del régimen cubano PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 20 de Marzo de 2020 20:56

Ilustración.

Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.- 

Quienes en América Latina y en Cuba a estas alturas todavía creen en los cuentos de camino con los cuales Fidel Castro vendió al mundo el mito de la revolución cubana altruista, humanista, cuasi celestial, paladín de los pueblos oprimidos, deben estar muy decepcionados, o tienen serios problemas para distinguir entre ficción y realidad, el mismo mal que aquejaba al Quijote cuando se batía contra molinos de viento que él visualizaba como gigantes.

Mientras en el mundo se cierran o se restringen al máximo las llegadas de turistas extranjeros, y se les pide a los nacionales que no viajen al exterior para no contagiarse con el coronavirus, el general Raúl Castro y su dictadura lanzan una campaña internacional para atraer visitantes foráneos, reciben a un crucero con personas contagiadas, se niegan a cerrar las escuelas y a tomar las medidas imprescindibles que se adoptan en todo el planeta para evitar que el virus devaste a la población.

"Siendo bañados por los rayos del sol todo el año y tomando las medidas pertinentes tenemos más fortalezas ante el Covid-19. Desde el Caribe es Cuba destino seguro. Visítala con Havanatur", así lo publicó textualmente esa empresa estatal de viajes en su perfil en Twitter.

O sea, las divisas primero, no importa  si mueren compatriotas. Quienes aún lo dudaban tienen ahora motivos para no dudarlo más: los hermanos Castro y su régimen siempre han menospreciado, y despreciado, a los cubanos. No ha habido jamás en la Isla especímenes más anticubanos y misántropos que ellos dos.

Es hora ya de que la izquierda radical en América Latina, Estados Unidos y Europa asimile de una vez que lo que hay en Cuba nada tiene que ver con la revolución idealista benefactora de los humildes y los pobres del mundo de que habla la propaganda castrista. Nunca lo fue, pero mucho menos lo es hoy. En Cuba hay una mafia inescrupulosa que solo quiere dinero para vivir la dolce vita y mantenerse en el poder ad infinitum.

Estamos hoy ante una pandemia como no se conoce otra desde la llamada "gripe española", que entre 1918 y 1920 mató a 40 millones de personas en todo el mundo. Por tanto, lo que tiene que hacer hoy todo gobierno mínimamente responsable es organizar bien todos sus recursos sanitarios, incluyendo en primer lugar los médicos y los medicamentos, para atender y proteger a la población. El régimen, en cambio, está ofreciendo médicos y sus escasísimos medicamentos al planeta entero a cambio de divisas frescas.

Sacan médicos del país cuando más se necesitan

La Habana ya envió 53 doctores y enfermeros a Italia, y otros grupos de médicos a China, Venezuela, Jamaica y Nicaragua. El Gobierno de Perú confirmó que próximamente llegarán a ese país galenos cubanos para luchar contra el coronavirus.

Sacar médicos y enfermeros de Cuba, cuando debiera ocurrir lo contrario,  traer de vuelta a la Isla a muchos de los que están dispersos en más de 60 naciones, es una irresponsabilidad que podría derivar en crimen de lesa humanidad en caso de que el coronavirus se expanda por toda la Isla. No solo no hay medicamentos, sino tampoco jabón ni productos desinfectantes ni de limpieza. Incluso ni agua tienen muchas comunidades a lo largo de toda la isla.

Además es singularmente condenable el envío de médicos al extranjero porque hoy el sistema de salud pública en Cuba se encuentra en condiciones casi calamitosas. De azotar a Cuba masivamente el coronavirus ello podría derivar en una catástrofe humanitaria.

Es más, si hay un gobierno en el mundo que debiera preocuparse  porque no se riegue el coronavirus en su país es el de Cuba. Como destacaba hace unos días el diario 14yMedio, en la Isla el 18,3% de los 11,1 millones de habitantes tiene más de 60 años, incluyendo 768.000 entre 70-79 años y más de 392.000 ancianos con más de 80 años. Es decir, el pueblo cubano es particularmente vulnerable al Covid-19. Ello debiera ser una grandísima preocupación para sus gobernantes. Pero evidentemente no lo es.

Ministros y altos burócratas del régimen insisten en que no hay motivo para cerrar las fronteras ni suspender las clases en las escuelas, al tiempo que insisten en que hay pocos casos de coronavirus en la Isla. Dado el culto al ocultamiento  y la manipulación de la realidad con fines políticos que entronizó Fidel Castro desde 1959 (cuando dijo que no le interesaba el poder y que no era comunista), nadie confía en que el Gobierno dice la verdad. Pero aun en caso de que fuera cierto, de no  tomarse las medidas necesarias la epidemia puede que sacuda al país. Es cuestión de tiempo.

Más turismo no significa más cash disponible

Por otra parte, querer atraer turistas de todo el mundo para captar divisas en vez de cerrar las fronteras,  además de inhumano es injustificable financieramente. La permanente crisis económica cubana se agrava a diario no porque el turismo cayó en enero en un 20% (no hay  cifras de febrero), sino porque el modelo de economía centralmente planificada no da más, está en la etapa terminal.

El turismo representa solo el 5,5% de los ingresos netos de divisas de Cuba. Es así porque de los ingresos brutos turísticos, que constituyen el 12% del total de todas las divisas captadas, aproximadamente la mitad o un poco más salen del país otra vez para importar lo necesario para que funcione esa industria. De cada dólar bruto que produce el turismo se van de la Isla entre 55 y 65 centavos en importaciones.

Es decir, si el ingreso bruto turístico es de 2.200 millones de dólares, lo que queda neto como recurso financiero disponible para la nación oscila entre 770  y 990 millones. En otras palabras, atraer más turismo extranjero para captar diez o 12 millones más, a riesgo de matar no se sabe cuántos cubanos,  es criminal, pues significa muy poco  para incrementar el cash disponible que necesita el régimen.

Otro aspecto que el dueto Castro-Díaz-Canel pasa por alto es que abrir las puertas al turismo —cuando todos las cierran—  casi necesariamente va a expandir el coronavirus y ello obligará al Gobierno a realizar cuantiosos gastos extra para atender a los contagiados y contener la epidemia. Hoy el presupuesto de Salud Pública representa el 11% del Producto Interno Bruto, pero el coronavirus lo puede disparar a niveles imposibles de cubrir, salvo que se dejen de importar alimentos, combustibles, materias primas, etc.

Porque, ¿de dónde sacar el dinero? Simplemente no lo hay, ni lo habrá. Las cuatro fuentes de divisas que tiene el régimen están de capa caída: exportación de médicos, turismo, exportación de bienes, e incluso el dinero procedente de EEUU vía remesas, paquetes y viajes a la Isla.

Encima, ya se sabe que la escasez de divisas impedirá cumplir con el servicio de la deuda externa ya renegociada con el Club de París y con Moscú, lo cual desconectará a Cuba del acceso a créditos comerciales o de cualquier tipo para afrontar la difícil situación económica del país y eventualmente contrarrestar el avance del coronavirus en el país. Si ese virus azota a Cuba se agravará  la insolvencia de La Habana para paliar siquiera la difícil situación.

La conclusión aquí es que si la perenne crisis para los cubanos de a pie era ya agobiante, ahora, nuevamente a causa de la mafiosa cúpula dictatorial, apunta a empeorarse con una probable crisis que ojalá no sea una tragedia humanitaria.

Ello revela las entrañas de lo que todavía a estas alturas algunos siguen llamando la "revolución cubana".

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 04 de Abril de 2020 02:59
 
¡Si quieren a sus viejos, no vayan a Cuba! PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 17 de Marzo de 2020 00:17

Ilustración.

Por MABEL CUESTA.- 

El pasado lunes 9 de marzo, ya se anunciaban en España más de 1.200 casos positivos de coronavirus (Covid-19) y de ellos 30 habían fallecido. En Italia, ese mismo día, los infectados ascendían a 7.365, las muertes a 463 y el primer ministro notificaba a los ciudadanos la ampliación de las medidas de excepcionalidad para combatir la desafortunada enfermedad. Dichas medidas giraban en torno a una idea central: la prohibición de todos los desplazamientos en el territorio nacional, exceptuando solo aquellos que se justificaran por necesidades probadas.

Asimismo, continuaba creciendo el número de contagiados y muertos en Francia, Irán, EEUU y Alemania —país en donde la canciller Ángela Merkel dijo entender (previa consulta con científicos y especialistas) que al menos el 70% de su población contraería el virus. Para el miércoles 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba el coronavirus como pandemia y Donald Trump cerraba las fronteras norteamericanas para viajeros provenientes de Europa, lo cual desató una intensa cadena de críticas a su Gobierno.

Porqué no prohibiste los viajes desde italia, inútil puesto a dedo. Será porque solo les importa el dinero aunque sea a costa de la salud del pueblo. Abajo la dictadura.

@habana2019 tienes toda la razón.Yo creo que sus estudios interesantes demuestran lo preparado/a q ud está.Mejor que entren todos los enfermos para así propagar mas el virus y que crezca la población en los cementerios.Ud si que http://sabe.De seguro trabaja en Havanatur

Ver los otros Tweets de Q-banitalibre

Sin embargo, ese mismo 9 de marzo de 2020 cuando Occidente comenzó a prestar seria atención al flagelo, la agencia turoperadora cubana Havanatur hacía gala en Facebook y Twitter de un marketing que solo puede ser entendido bajo la nomenclatura de "turismo del desastre". Para ello, se servía de una nota de prensa publicada en el sitio Cubadebate en la que a modo de titular se leía "El calor podría cambiar la transmisión del COVID-19 según científicos chinos".  A dicha nota la acompañaba una imagen de dos mujeres asiáticas con sus respectivos nasobucos y desde el post de Havanatur esta promoción: "Siendo bañados por los rayos del Sol todo el año y tomando las medidas pertinentes tenemos más fortalezas ante la #COVID19. Desde el #Caribe es #CubaDestinoSeguro. Visítala con #Havanatur".

Para quienes tenemos cierto entrenamiento en la decodificación de textos e imágenes, esta particular combinación de ambos nos produjo escalofríos. Detectamos como aparecía la eterna capitalización de signos históricos que, si bien no están estrictamente asociados a Cuba o a la Revolución, aquellas los han sabido refundar en pos de sus propios dividendos. Al baño de sol que aquí se promueve (inocente y caribeño como cualquier otro) se le añade la imagen de mujeres que si han de proteger sus vías respiratorias es porque están lejos de nosotros, es decir de estos hashtags que nos harán olvidar la pandemia nacida en el lejano, muy lejano, extremadamente lejano Oriente: "#Caribe es #CubaDestinoSeguro. Visítala con #Havanatur". Las palabras claves para propiciar la mordida del viajero que busca escapar eran monosémicas: "destino seguro".

¡Italianos, españoles, franceses, alemanes hartos del amarillismo de la prensa: venid! ¡Nunca fue la Isla más paraíso que en este minuto! ¡Los protegeremos del imperio del eurodólar, de la bolsa que cae, de la propaganda deshumanizada, de la plusvalía, de la desidia de la vieja Europa frente al proletariado y, cómo no, de un virus que no soportará nuestros hirvientes rayos de sol en primavera: venid! Y venid, además, porque tal y como nos lo cuenta Granma el 13 de marzo, tenemos a Biocubafarma que garantizará la producción de los 22 medicamentos para el tratamiento del Covid-19. ¿A qué esperan?

En ejercicio de absoluta coherencia con el ambiente internacional y las medidas difundidas por la OMS, el alcalde de Miami pedía (desde el jueves) a Trump cancelar los vuelos a la Isla porque en aquella ya habían sido identificados como pacientes positivos tres turistas italianos, lo cual había sido puesto a conocimiento público, nada menos que por Granma y el Noticiero Nacional de Televisión en su emisión estelar.

Sin embargo, mientras las aerolíneas daban políticas de flexibilidad  para cancelar y posponer vuelos a cualquier destino, el MINTUR hacía avances y pasaba de los inocentes hashtags ilustrados con lejanas asiáticas exotizadas a declaraciones oficiales de Bárbara Cruz, directora de Mercadotecnia del Ministerio de Turismo en donde se apelaba a "nuestra función social". Una que, refundando la historia de la filosofía, no era sería otra que la de recibir a los turistas del mundo por enfermos que aquellos estuviesen.

La clara intersección entre un capitalismo de Estado que rasca divisas a cualquier precio y la deshumanización escondida tras cortinas de humo de un Gobierno que se ha lucido justo en retóricas y algunas indudables y costosas prácticas de protección social, no hizo esperar su aparición. El MINTUR no parecía (parece) entender que exponer a los cubanos a un virus que destaca por su invisibilidad y rápida transmisibilidad es cuando menos indecente. Y lo es porque la ciudadanía residente en la mayor de las Antillas ha sido oficialmente identificada como una de las más envejecidas del hemisferio.

Los cuerpos que en Cuba estarían siendo sometidos a la categoría de objetos transaccionales para esa búsqueda de capitales a toda costa, no son cuerpos abstractos sino harto reales. Son los de nuestros viejos: madres, padres, abuelos, tíos; la gente que no se fue porque ya era tarde; la gente que no sabe vivir sin su vecina que llega a la casa sin anunciarse para ver la telenovela; la gente que preferimos proteger desde la distancia porque forman parte de una cadena de afectos (otros) que no nos pertenecen. Esos cuerpos reales son los mismos por los que nos desgastamos cargando maletas de medicamentos, alimentos, aseo, misceláneas de todo tipo. Esos que nos sacrificaron (y a quienes sacrificamos) en la que sí sería la transacción más dolorosa de nuestras vidas: abandonarlos y ser abandonados por ellos a cambio de la remesa mensual, la visita anual, la casita en la playa y la cuenta de la fiesta de quince de cualquier primita.

En un momento en que tanto los gobiernos que se precian de fuertes sistemas de seguridad social y sanitaria (Alemania, Italia o España); como los que han sido largamente abochornados por sus huecos y debilidades sistémicas (EEUU) protegen a sus ciudadanos cancelando clases, conciertos, encuentros deportivos, manifestaciones civiles y cerrando bares y restaurantes; a nosotros, cubanos más desprotegidos que nunca, nos toca velar por nuestra gente, ser nuestro propio Gobierno, nuestro particular paquete de medidas y estas se reducen a solo una: no viajar.

Cierro estos apuntes con una aclaración personal que me parece pertinente. Viajo a Cuba cada año. He declarado abiertamente mi oposición al embargo que el Gobierno norteamericano ha impuesto a la Isla por más de cinco décadas, siendo aquel una medida obsoleta y de Guerra Fría que ha demostrado insistentemente su futilidad. No promoveré jamás la falta de relaciones diplomáticas, comerciales y personales de Cuba con otros gobiernos ni con sus ciudadanos en la diáspora. Este llamado apunta más bien a un ejercicio de carácter cívico en donde habla la niña, la muchacha y la mujer de un barrio obrero de la ciudad de Matanzas en donde nací y me gustaría morir. Es un llamado, casi de puerta a puerta, pidiendo de favor a mis vecinos que se cuiden y cuiden a los nuestros. Suena cursi; pero me da igual: ni Cuba, ni nosotros somos ahora mismo un destino o un cuerpo seguro. ¡Si quieren a sus viejos, no vayan!

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Jueves, 02 de Abril de 2020 05:23
 
“Clandestinos” vs. José Martí PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 31 de Enero de 2020 19:06

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Por Jorge Hernández Fonseca.-

Existen un grupo de frases, supuestamente escritas por José Martí en una tal “carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado”, donde se exponen conceptos anti-norteamericanos. Esa carta nunca nadie la ha visto (ni siquiera en fotocopia).


“Clandestinos” vs. José Martí

Jorge Hernández Fonseca

31 de Enero de 2010

Hay una importante controversia en el exilio cubano de Miami: ¿Son correctas las acciones de “Clandestinos” dentro de Cuba contra los bustos de José Martí? Un sector cree que esas acciones son adecuadas, porque “cualquier acción contra los símbolos que la dictadura ha usado en su beneficio son justificables”. Otros opinamos que, “acciones contra Martí, son siempre condenables, aunque la dictadura haya usado al Apóstol para sus propósitos.


Los que criticamos las acciones contra José Martí, concordamos y alentamos la rebelión de “Clandestinos” contra la dictadura. Pero pensamos que hay demasiados símbolos castristas contra los cuales actuar: las muchas imágenes de Fidel Castro, de su hermano, Raúl, del Ché, de Camilo, de Marx, de Lenin, de Engels, de Mella, los innumerables carteles y grandes vallas con propaganda comunista y así, un largo etc., como para emprenderla contra el Apóstol.


No se trata de un debate “que hay ganar o perder” es un debate básico sobre la Cuba del futuro que queremos. ¿Queremos una Cuba sin Martí, sin sus enseñanzas, sin su ideología? Los que apoyan las acciones de “Clandestinos” contra Martí argumentan que “no se debe ir contra las acciones de “Clandestinos”, sean las que sean, porque ellas son contra la dictadura” y adoptan el criterio de, “criticar las acciones contra Martí, es estar contra “Clandestinos” y su rebeldía”. ¡Falso!. Hay que poyar a “Clandestinos”, pero condenar cualquier acción contra José Martí.


Existen un grupo de frases, supuestamente escritas por José Martí en una tal “carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado”, donde se exponen conceptos anti-norteamericanos. Esa carta nunca nadie la ha visto (ni siquiera en fotocopia). Tuvo origen en un oficial español, que dijo haberla “encontrado” en las pertenencias del héroe caído en combate, en Dos Ríos. El oficial español nunca mostró la supuesta carta, pero publicó frases anti-norteamericanas como su contenido y como argumento contra el país (EUA) que los había derrotado y expulsado de la isla. El revanchismo del oficial español, derrotado por EUA, le hizo escribir aquellos oprobios.


Frases como “viví en el monstro y le conozco sus entrañas”; “el norte revuelto y brutal que nos desprecia”; “todo lo que he hecho hasta hoy es para, con la independencia de Cuba, evitar que EUA caiga con esa fuerza más sobre los pueblos de Nuestra América”, entre otras. Estas frases, que son repetidas por la dictadura en sus adoctrinamientos, son apócrifas y fueron escritas por un oficial español resentido por la derrota de España en su guerra contra Cuba.

Ninguna de estas frases se encuentran en la obra de Martí y en ningún compendio serio del ideario martiano existe tal “carta inconclusa”. Fue escrita para confundir y en ningún otro momento anterior Martí escribió nada parecido. Todo lo contrario, abundan las citas de Martí donde se admira por las cualidades positivas de la sociedad norteamericana y aunque no hay sociedad perfecta, no por casualidad fue la sociedad que el propio Martí escogió para vivir.


Muchos cubanos dentro dela isla, sometidos al bombardeo constante de las famosas frases atribuidas falsamente a José Martí, pudieran considerar correcto el manchar los bustos de Martí como forma de lucha contra la dictadura. Pero debemos ver lo falso que resulta tomar como base palabras nunca escritas por el Apóstol, creando un falso Martí anti-norteamericano. Esa confusión contra Martí hay que erradicarla definitivamente del panorama político cubano.


Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Jueves, 06 de Febrero de 2020 17:04
 
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