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Artigos: Cuba
El castrismo y el sentido de la historia PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 06 de Enero de 2019 01:53

Por MIGUEL SALES.- 

En los últimos meses, las autoridades castristas coquetearon con la idea de cambiar algunos elementos de la estructura jurídica del sistema. En el anteproyecto de Constitución que preparan ahora, el país renunciaba discretamente a la aburridísima tarea de construir el comunismo y se consagraba a desarrollar un "socialismo sostenible".

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El texto también reconocía algunos derechos sociales, que abrían la puerta al matrimonio entre personas del mismo sexo. Pero, tras los debates y las sugerencias formuladas por la ciudadanía, el régimen ha retrocedido al punto de partida. A petición del pueblo, asegura. La marcha atrás no es solo retórica: es una vuelta a las esencias, un síntoma de desorientación estratégica camuflado de coherencia histórica.

Última actualización el Domingo, 13 de Enero de 2019 02:31
 
La dictadura ya es sexagenaria PDF Imprimir E-mail
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Miércoles, 02 de Enero de 2019 03:54

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Por ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES.- 

Mamá cumple 100 años es el título de una película del cineasta español Carlos Saura que tuvo gran éxito en Cuba. La abuela va cumplir 100 años y todos los miembros de la familia van a reunirse con ella para felicitarla, pero realmente desean que muera para vender la finca y salir así de la ruina en la que se hallan.

Nominada al Oscar en 1979 como mejor película extranjera, el título es un buen símil del caso cubano: "Papá-Estado" socialista llega a la tercera edad. Todo el país espera que muera para salir de la pobreza y la falta de libertades.

Hoy, primer día de 2019, la élite dictatorial celebra los 60 años de la revolución que convirtió a Cuba en otro Haití, luego de haber estado junto con Argentina y Uruguay entre las naciones con mayor nivel de vida en Latinoamérica.

Pero el pueblo de a pie nada ha celebrado y sí se lamenta de este período que ha durado ya cuatro años más que los 56 de la república "burguesa". Dos hermanos han gobernado más tiempo que los ocho presidentes elegidos democráticamente desde 1902 hasta 1952, sumando además dos dictaduras y mandatarios por breve tiempo entre 1933 y 1940, cuando el general Fulgencio Batista ostentaba el verdadero poder.

‘Ha muerto el rey, viva el rey’

Todo comenzó el primero de enero de 1959 cuando el dictador Batista huyó del país. Poco tiempo antes, cuando ya el ejército estaba en franca desbandada, fue que Fidel Castro bajó de las montañas en las que estuvo dos años bien guarecido en su comandancia, acompañado por su secretaria-confidente, Celia Sánchez.

Porque Castro I fue un jefe guerrillero "diferente". Tuvo su pareja femenina todo el tiempo, buena comida, excelentes tabacos, una biblioteca, una emisora de radio a su lado para hacer propaganda, y recibía a periodistas extranjeros, incluso a alguno de The New York Times, a quien mintió sin pudor alguno.

El Comandante recorrió el país por carretera desde Santiago de Cuba hasta La Habana. Quienes lo vitoreaban no tenían idea de que presenciaban el relevo de un dictador por otro que sería el campeón mundial de los tiranos en la historia moderna y que implantaría la peor y más larga autocracia de las Américas.

En aquel recorrido de Fidel se cumplía la frase de "Ha muerto el rey, viva el rey", que adaptada a Cuba significó "El dictador huyó, viva el dictador".

El récord universal de 52 años como dictador lo alcanzó Castro en 2011 al cesar como Primer secretario del PCC. En 2007 había destronado a Kim Il Sun (48 años en el poder), anterior campeón. Solo otros dos déspotas se acercaron al dueto Castro-Kim: el libio Muammar Gadafi (42 años) y el albano Enver Hoxha (40).

¿Cuántas dictaduras sexagenarias ha habido en la era moderna?

En la era moderna son seis las dictaduras de 60 años o más, todas comunistas. En Europa estuvo la soviética durante 74 años (1917-1991). Asia, con cuatro, es la campeona y en ello cuenta que en China, Corea, Vietnam y Japón ha prevalecido durante siglos una cultura confuciana del poder que prioriza el culto a una autoridad fuerte (el Estado) y la armonía social por encima de las libertades individuales, la separación de poderes, y los derechos humanos. La dictadura comunista de China tiene casi 70 años (desde 1949). Las de Vietnam y Corea del Norte tienen 75, y la de Mongolia duró 66, hasta 1990.

En América Latina las tiranías más cercanas a la castrista fueron la de los Somoza en Nicaragua, 43 años (1936-1979), y la de Alfredo Stroessner en Paraguay, 35 años (1954-1989).

Fidel dejó muy atrás a los más célebres autócratas del siglo XX, como Stalin (29 años en el poder), Franco (36), Mao (27), Mussolini (22), Tito (35), Ho Chi Mihn (24), Oliveira Salazar (36), Mobutu, (32), Mugabe (37), Trujillo (31), Pinochet (17), Porfirio Díaz (31), "Papá Doc" Duvalier (14), Sukarno (22), Ceausescu (24), El Asad (30), Mubarak (30) y Somoza padre (20), por solo citar algunos.

'No me interesa el poder…' 'No somos ni seremos comunistas…'

Cuando el Comandante llegó a La Habana dijo a la prensa: "Yo no soy un aspirante a Presidente de la República". "No me interesa el poder". En la Sierra Maestra le había dicho al periodista de The New York Times Herbert Matthews, en febrero de 1957: "Después de la victoria quiero regresar a mi pueblo a continuar con mi carrera de abogado".

El 13 de enero de 1959, en el Club de Leones de La Habana, "aclaró" molesto a los medios: "No somos ni seremos comunistas. Nuestra revolución es genuinamente democrática, genuinamente cubana". Antes, en mayo de 1958 en la Sierra Maestra, había asegurado: "No he sido nunca, ni soy comunista […] nunca ha hablado el Movimiento 26 de julio de socializar o nacionalizar la industria. Ese es sencillamente un temor estúpido hacia nuestra revolución", "nuestra filosofía política es la de la democracia representativa".

La revolución nació ya tinta en sangre. En las montañas orientales, según el investigador Armando M. Lago, en 1957 hubo 46 fusilamientos de campesinos y combatientes, y 49 en 1958, varios de ellos ejecutados por el Che Guevara, quien en una carta le confesó a su padre: "me gusta matar". Ninguno tuvo el debido proceso. Fueron crímenes de guerra.

Al instalarse los Castro en el poder se desató una verdadera orgía vampírica. Según María Werlau, directora de Archivo Cuba, el régimen ha causado la muerte de 7.899 personas, de los cuales 3.084 fueron fusiladas. Cientos de miles han sido encarcelados o internados en campos de trabajo forzoso.

Dinastía marxista, envidia de autócratas

Lo peor, Fidel Castro creó una dinastía. El 16 de octubre de 1959 nombró a su hermano Raúl ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y número dos del país. Le pasó así por encima a Camilo Cienfuegos, el héroe más destacado en la guerra (Raúl apenas combatió), pero que por su gran popularidad era un rival muy peligroso. 12 días después, Camilo “desapareció”.

En 1962 Fidel creó el cargo de Vice Primer Ministro, luego en 1965 inventó el de Segundo Secretario del PCC (nunca existió en otro país comunista), y en 1976 el de Primer Vicepresidente del país. Todos exclusivos para su hermano. La dinastía se materializó en 2006. Castro I enfermó y le entregó el poder a Castro II.

Esa "familia real” marxista que Marx no se imaginó y es la envidia de los autócratas de vocación, gana por goleada a los 21 años de la monarquía haitiana (1804-1806, 1811-1820, 1849-1859), los dos imperios en México (Iturbide 1822-1823, y Maximiliano 1864-1867), los 46 años de los Somoza (1933-1979), y los 29 años de los Duvalier en Haití (1957-1986).

En cuanto al cataclismo social, económico, humanístico, antropológico y psicológico causado por la sexagenaria tiranía, ello es tema para otro artículo. Pero pueden adelantarse algunos de esos "logros de la revolución":

1.- Convirtió a Cuba en uno de los países más pobres de Occidente; 2.- Tiene una cartilla de racionamiento de alimentos desde hace 56 años; 3.- Es el Gobierno de América que más nacionales ha fusilado, asesinado, encarcelado, torturado, hostigado; 4.- Llevar encima la Declaración Universal de los Derechos Humanos es un delito; 5.- Hace 70 años que no hay elecciones democráticas; 6- Envió 500.000 cubanos a combatir en otros continentes; 10.000 murieron; 7.- Sus nacionales no pueden tener capital, ni invertirlo; 8.-Su economía solo sobrevive con dinero regalado desde el extranjero; 9.-De imán de inmigrantes, el país devino emisor gigante de emigrantes.

Esas son algunas razones –escogidas al azar— por las cuales los cubanos en la Isla no van a celebrar el próximo Día de Año Nuevo.

DIARIO DE CUBA


Correción: en una primera versión de este texto, se dieron las cifras de 7.365 personas muertas por el régimen, de las cuales 5.775 fueron fusiladas. Los datos actuales de Archivo Cuba, con un mayor grado de verificación y confiabilidad, arrojan las cantidades de 7.899 y 3.084 respectivamente.

Última actualización el Jueves, 10 de Enero de 2019 03:06
 
Nosotros los ‘malnacidos’ PDF Imprimir E-mail
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Martes, 01 de Enero de 2019 07:24

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Por YOANI SÁNCHEZ.-

Miguel Díaz-Canel está pagando la novatada en Twitter. Llegó tan tarde a esa red social, usada hace más de una década por los activistas cubanos, que está tropezando ahora con aquellas piedras primigenias que tuvimos nosotros en el camino. La primera lección es que todo lo que se diga en la red del pájaro azul no queda ahí, sino que se multiplica y crece por toda la comunidad virtual.

Este domingo, el gobernante cubano ha comentado que vio la película Inocencia, basada en la historia de los estudiantes de medicina fusilados por el régimen colonial, y ha agregado en su mensaje la frase de que “así como abundan los héroes, no faltan los mal nacidos por error en Cuba”. Amén del sinsentido gramatical de la frase, el presidente “elegido a dedo” usó verbos en presente, de manera que se supone que hay gente todavía, aquí y ahora, que no debió ser parida en esta Isla.

La bravuconería revolucionaria le impide borrar su tuit y publicar una disculpa. Mal por él, porque las pifias se van acumulando y ya son varios mensajes en los que transmite una idea de odio, polarización e intolerancia. En lugar de afanarse en hacer saber que gobierna para todos los cubanos, el nuevo inquilino de la Plaza de la Revolución parece resuelto a complacer a sus antecesores. Este tuit no va tan dirigido a insultarnos a nosotros, los críticos del sistema, como a congraciarse con la generación histórica del castrismo.

En menos de 280 caracteres el mandatario cubano ha dejado escrita su fórmula de Gobierno. Él no va a representarnos a todos, no va a intentar la conciliación ni la armonía, sino que pretende enfrentarnos, polarizarnos y colocar más etiquetas al amplio repertorio de insultos que este sistema ha generado. Ahora ya no somos solo “gusanos”, “mercenarios” o “enemigos” sino que el ataque ha ido más atrás, al momento mismo del parto, a ese instante en el que respiramos por primera vez.

Pobre Díaz-Canel, no sabe que los tuits quedan y acaba de decir una frase que lo define en su justa medida como extremista, fascista y dogmático. Si tuviera una mínima capacidad de autocrítica, borraría ahora mismo ese mensaje… pero sospecho que no lo hará.

14YMEDIO

Última actualización el Miércoles, 09 de Enero de 2019 07:21
 
La economía cubana 60 años después PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 27 de Diciembre de 2018 04:19


Por JORGE A. SANGUINETTY.- 

A seis décadas del advenimiento de un movimiento revolucionario que prometió desarrollar la economía y mejorar las condiciones de vida en el país, cabe preguntarse si la economía cubana ha mejorado y si los cubanos están hoy mejor que entonces.

El modo estándar de dar una respuesta razonable a esta interrogante es comparando el Producto Interno Bruto (PIB) alcanzado en 1959 con la cifra correspondiente a la actualidad. Hasta ese año, el Banco Nacional de Cuba elaboraba las cuentas nacionales del país y publicaba cada año los estimados del Ingreso Nacional, un componente aproximado del PIB. Aunque Cuba no destacaba por tener entonces una base amplia de estadísticas económicas, los estimados del Banco Nacional, combinados con otras fuentes de datos y con la libertad de información y expresión que existían, permitían tener una idea relativamente precisa del comportamiento anual de la economía.

Sin embargo, en enero de 1960 Ernesto Guevara, a la sazón presidente del Banco, suspende la elaboración y publicación de las cuentas nacionales, un episodio que a pesar de sus profundas implicaciones es generalmente ignorado. El pretexto fue que los estimados del Ingreso Nacional para 1959, el primer año de la Revolución, mostraban un raquítico crecimiento económico de un 1%, lo cual era inaceptable políticamente para Guevara.

Así se inauguró una era de oscurantismo informativo para los cubanos, en el mismo año que se expropiaron todos los medios de libre expresión e información y se estableció una férrea censura. Cuba no vuelve a tener cuentas nacionales hasta muchos años después, pero, por toda una serie de razones técnicas, las nuevas estadísticas no permiten hacer comparaciones confiables con la economía prerrevolucionaria.

Dependencia de ruta

La mayoría de los cubanos vivos en 1959 y residentes en la Isla ya no están con nosotros. Y la mayoría de los que ahora viven en Cuba no experimentaron las condiciones de vida en el país de hace seis décadas. La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) calcula que en 2016 había algo más de un millón y medio de cubanos mayores de 65 años, o sea, alrededor de un 23% de la población que, residiendo actualmente en la Isla, pudiera comparar cómo y cuánto ha evolucionado su estándar de vida en estos 60 años. Esta proporción disminuye vertiginosamente para los mayores de 85 años, que sería de solo un 2.5%. Es obvio que, en las condiciones actuales, el Gobierno no permitiría mediante encuestas o entrevistas una evaluación más precisa.

Estimaciones recientes de Pavel Vidal, economista cubano de la Universidad Javeriana de Cali, Colombia, indican que desde los años 90 la economía nacional parece haber perdido la mitad de su PIB y no ha conseguido recuperarse del todo. La abundante evidencia anecdótica disponible sobre cómo viven los cubanos en la actualidad es congruente con lo que de manera rudimentaria sugieren las estadísticas. Aunque esa evidencia es informal, fragmentaria y fluye irregularmente, ningún observador serio puede ignorarla. El cuadro que surge es el de una economía que no crece, endeudada ante obligaciones internacionales que no puede pagar, con niveles de consumo limitados por el racionamiento y con salarios que mantienen a la mayor parte de la población al borde de la pobreza.

Cuando uno observa en detalle las formas en que el Gobierno opera y maneja la economía, más allá de las estadísticas oficiales, se puede comprender y explicar por qué esta sufre de un estancamiento crónico o peor, un proceso de contracción o inestabilidad constante en sectores donde no se llega a un punto de equilibrio o inflexión para revertir la tendencia. La raíz central de todos los problemas no solo está en la adopción de un modelo socialista de planificación central, sino en la preferencia inicial del ya difunto Fidel Castro de adoptar una forma extremadamente centralizada, improvisada y desorganizada de la administración económica.

Este fenómeno se traduce del inglés como dependencia de ruta o path dependency, y se refiere a cómo en muchos casos la práctica económica de una etapa restringe severamente las acciones posteriores porque es muy costoso cambiar el modo de operación, aunque sea para mejorarlo. Este estilo de gobierno afectó a todos los niveles de gestión administrativa, desde la cúpula gobernante hasta el nivel de empresa. Pero lo que hacía más difícil la gestión era que los criterios económicos siempre estuvieron supeditados a los políticos, tanto internos como externos. En ese proceso, que tiene una primera fase desde 1959 hasta 1991, cuando desaparece la Unión Soviética, las empresas cubanas, sus trabajadores y dirigentes, y la economía en general, sufren un deterioro en su capacidad y eficiencia productivas, resultado de la desidia de Fidel Castro, el éxodo masivo de personal calificado, los atavismos ideológicos en contra de la iniciativa privada y un sistema de dirección dominado por burócratas y políticos.

Ni un solo triunfo

La profundidad del deterioro de la capacidad productiva de la economía nacional se ve claramente en su insuficiencia constructiva y en la incapacidad inversionista de las empresas estatales cubanas formadas a partir de las expropiaciones masivas de 1960. En el nuevo sistema, la empresa privada se mantuvo virtualmente ausente de la actividad económica hasta aparecer, muy lentamente y en contra de las preferencias de Fidel Castro, en la crisis de los 90, recibiendo un nuevo impulso con Raúl Castro a partir de 2008, aunque todavía con enormes limitaciones.

Un análisis objetivo de las características más sobresalientes de la economía cubana a seis décadas de socialismo castrista deja ver un cuadro deprimente en casi todos los frentes de actividad productiva. Las principales son: a) el país continúa dependiendo de mucha ayuda extranjera para evitar una catástrofe que puede afectar su seguridad alimenticia y la salud pública de sus ciudadanos; b) las empresa estatales no tienen la capacidad conjunta de generar la combinación de exportaciones e inversiones que garantice un mínimo de crecimiento estable, ni un mínimo de mejoría en los niveles de consumo y necesidades de vivienda de la población; c) las administraciones gubernamentales central o locales no pueden garantizar la estabilidad de actividades tan necesarias como el abastecimiento de agua, la recogida de basura y el transporte público; d) el sistema de planificación y organismos afines no han conseguido garantizar el suministro estable de alimentos a la población, como se ha puesto en evidencia de manera embarazosa con la desaparición de la harina de trigo y el pan en todo el país al momento de escribir estas líneas; e) la reciente huelga de transportistas y choferes privados, en combinación con la inseguridad que sufren los cuentapropistas, f) la falta de comercio mayorista y las limitaciones en la acumulación de riqueza en manos privadas; g) la dependencia de las inversiones en Cuba de capital y operarios extranjeros que no alcanzan los niveles deseados por el Gobierno y h) la parálisis de los programas de reforma económica, en especial la unificación monetaria.

A los 60 años de gobierno ininterrumpido, el castrismo no puede mostrar un solo triunfo de su economía, lo que contrasta marcadamente con las proyecciones y promesas de los primeros años. Por el contrario, la evidencia disponible es que hoy Cuba tiene una economía que apenas crece y que muchos indicadores hacen sospechar, ante la falta de mejor información, que retrocede en sectores críticos, como la industria azucarera, la vivienda, el ingreso disponible de la población, los servicios comunales, la educación y la salubridad pública.

Irónicamente, la economía cubana, supuestamente socialista, depende como nunca antes del capitalismo extranjero, como se puede constatar en su dependencia de las remesas que provienen de EEUU y del turismo internacional. Y todo esto en presencia de un nuevo equipo gobernante que no da señales de saber cómo cambiar el rumbo económico.

Sin duda la economía representa la mayor debilidad del castrismo, el cual ha podido subsistir gracias a las dádivas de gobiernos afines, los perdones de deuda por incapacidad de pago, las remesas de los exilados y las insuficiencias estratégicas de sus enemigos internos y externos. Hay muchas razones para creer que el balance de estos 60 años ha sido negativo, durante los cuales Cuba y los cubanos perdieron mucho y los que ganaron fueron los pocos miembros de la oligarquía que de hecho posee al país y sus habitantes.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Martes, 08 de Enero de 2019 06:18
 
Los dos príncipes: Jair Bolsonaro y López Obrador PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 02 de Diciembre de 2018 02:47

 

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Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Al final de período de cuatro años podremos comparar el estado socio económico de México y Brasil para hacer un juicio de valor respecto a los gobiernos de izquierda y derecha. Con independencia de lo que ocurra con los regímenes izquierdistas ya existentes, la competencia entre el México de AMLO y el Brasil de Jair Bolsonaro emergerá como una demostración respecto a cuál de los sistemas político-económico más se aviene al objetivo de desarrollo para Nuestra América.


Los dos príncipes: Jair Bolsonaro y López Obrador

Jorge Hernández Fonseca

1 de Diciembre de 2018

En épocas de derrotas socialistas a lo largo y ancho de Nuestra América, surge una victoria electoral inobjetable de la izquierda en México: el triunfo y la toma de posesión como presidente de ese país, de Andrés Manuel López Obrador, AMLO, que anuncia un “cambio de régimen” desde el viejo y esperpéntico capitalismo mexicano, hacia el socialismo de su partido MORENA. Algo así ya lo habíamos visto en la Venezuela de Hugo Chávez, en el Brasil de Lula da Silva y en la Nicaragua de Daniel Ortega, para no hablar de la decrépita dictadura de los Castro.


Dentro de un mes exactamente toma posesión en Brasil Jair Bolsonaro, impulsado por otra inobjetable victoria electoral, en este caso contra la izquierda local, el cual anuncia un gobierno “de derechas”, liberal capitalista en la economía y conservador en el aspecto de la cultura y los valores de la sociedad brasileña. Este contraste servirá como “experimento” socio-político-económico, para definir --sino científicamente, al menos en igualdad de condiciones-- cual de ambos lados del espectro político tiene mejores resultados globales: la derecha o la izquierda.


No soy neutral en esta competencia, apuesto a mi “caballo ganador”: Jair Bolsonaro. En su discurso de toma de posesión, AMLO ya preanunció el inicio del desastre populista de izquierda que tomará cuenta de México por desgracia los próximos seis años. Aumentos de los valores que se usarán en el sistema de retiro de los mexicanos, y otros gastos “sociales”, sin decirnos de donde salen los recursos financieros para esos gastos, fuera de lo que la izquierda denomina como “justicia social”. No es que no haya injusticias, es que los gastos no pueden ser mayores que los ingresos. Ese desbalance es el origen inequívoco del desastre económico.


No importa que México exhiba de entrada una sociedad bien afinada económicamente con el país más poderoso del Mundo, los EUA. Acaba de firmarse en Buenos Aires la continuación del NAFTA, una sociedad México-Canadá-EUA en el área económica. Brasil por su parte inicia desde cero la posibilidad de una alianza política con los EUA, que hasta el presente no tiene visos de alianza económica, pero si tiene prenuncios de una fuerte alianza política y “militar”.


Adicionalmente, ya AMLO comenzó a enseñar las uñas. Seguramente dará apoyo a Maduro en Venezuela, a Ortega en Nicaragua y a Raúl Castro en Cuba, mientras que por otro lado se consolida la alianza EUA-Brasil-Colombia, que finalmente extirpará parcialmente el cáncer dictatorial en Latinoamérica. En ese sentido, México, fuera del apoyo político en organizaciones internacionales, podrá hacer muy poco para preservar lo más rancio de los regímenes de izquierda latinoamericana. Lo que todavía no queda claro es la solución de la dictadura cubana.


El período presidencial en México es de seis años, en Brasil es de cuatro años. Al final de período de cuatro años podremos comparar el estado socio económico de México y Brasil para hacer un juicio de valor respecto a los gobiernos de izquierda y derecha. Con independencia de lo que ocurra con los regímenes izquierdistas ya existentes, la competencia entre el México de AMLO y el Brasil de Jair Bolsonaro emergerá como una demostración respecto a cuál de los sistemas político-económico más se aviene al objetivo de desarrollo para Nuestra América.


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Última actualización el Sábado, 08 de Diciembre de 2018 02:14
 
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