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Artigos: Cuba
Entendiendo una crisis grave de la economía cubana PDF Imprimir E-mail
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Sábado, 14 de Septiembre de 2019 20:33

 

Aglomeraciones para tomar un autobús en Cuba.

Por ELÍAS AMOR.- 

Pues claro que no estamos ante un nuevo "período especial". El derrumbe del muro de Berlín, la desaparición de la URSS y sus aliados, con el fin del llamado "socialismo real", fue un episodio que tuvo unas graves consecuencias sobre la economía cubana, al desplomar su PIB en más de un 50% en el curso de dos años, y después, iniciar un lento despegue que, en muchos casos, supuso más de una década para alcanzar los niveles anteriores.

Ahora la situación es bien distinta. Pero las autoridades no dicen la verdad cuando insisten que se trata de un problema energético "coyuntural" que afrenta el país. El escenario abierto en la Mesa Redonda no es nuevo, viene cebándose lentamente desde 2016 y obedece a profundas causas estructurales y, sobre todo, a la definición del modelo económico e institucional de la economía castrista, y el fracaso absoluto de las medidas de política económica denominadas "Lineamientos".

El 'modelo'

La "estrategia de desarrollo económico y social" aprobada en los dos últimos congresos del Partido único es un documento hueco, carente de concreciones y de propuestas eficaces para mejorar la eficiencia del funcionamiento de la economía. No introduce las reformas necesarias para flexibilizar la actividad económica y "destrabar" las instituciones jurídicas. De igual modo, eso que denominan "Conceptualización del Modelo y las bases para la elaboración del Plan Nacional hasta 2030" no deja de ser más que un diccionario de términos, una propuesta genérica, que en absoluto se corresponde con un programa al uso de política económica en el que se identifiquen objetivos e instrumentos. Todo lo que han hecho es dar vueltas y vueltas, sin agarrar el toro por los cuernos. La pérdida de tiempo se nota. Y la parálisis actual tiene mucho que ver con ello.

Y ya me dirán de qué sirve la nueva "constitución" para mejorar en funcionamiento de la economía. Precisamente un texto legal que sanciona los principios comunistas e intervencionistas sobre la actividad económica que están en el origen del actual desastre del modelo, prohibiendo el enriquecimiento y la empresa privada libre. Quizás otra Constitución, con un diseño alternativo, al menos habría jugado con las expectativas de mucha gente, pero lo que salió de la asamblea comunista no es más que un refrito de lo que ya había antes. Poco que rascar.

Querer y no poder

En cuanto a los aspectos sectoriales, es todo un querer y no poder. Que la industria nacional garantice el 40% del combustible del país con las termoeléctricas de la Isla es un ejemplo de la escasa atención a estas cuestiones, ya que el otro 60% depende de un recurso externo que no se tiene y al que ni siquiera se dedica un stock de seguridad para afrontar situaciones como la actual. Las termoeléctricas, además, usan combustible, así que al final estamos en las mismas. La inversión en energía en Cuba ha sido deficiente, como el resto de capítulos de la formación bruta de capital fijo, que no acaba de superar el 10% de su participación en el PIB, uno de los porcentajes más bajos del mundo.

En cuanto al turismo, poco hay que celebrar. Los datos lo confirman. La entrada de viajeros en el período enero a julio de este año, según ONEI, ha descendido un 1,1% con respecto al ejercicio anterior. Y no deja de ser curioso que sean los turistas de EEUU los que más aumentan, un 20% en el mismo período. Los viajeros que se alojen en viviendas que ofrecen habitaciones en alquiler y decidan comer en los paladares se verán afectados por los ajustes y apagones. Tendrán difícil encontrar transporte. La experiencia de la estancia resultará poco satisfactoria y por ello, muchos no volverán.

Otro tanto se podría afirmar de los inversores extranjeros, molestos por la falta de servicios de transporte o los apagones que igualmente les afectarán en sus residencias de Miramar, pero a ellos lo que más les preocupa e inquieta es la repatriación de beneficios a sus casas matrices, y no tener que esperar autorizaciones del Banco Central para poder realizar las transferencias de divisas. También les preocupan las trabas de la economía, que frenan la capacidad para hacer negocios dentro de la Isla, y la excesiva dependencia del aparato del Estado para cualquier cosa, incluso para contratar trabajadores. La inversión extranjera sigue sin alcanzar los objetivos de 2.000 millones de dólares año y será difícil que lo alcance en las condiciones actuales.

Cierto es que la venta de los servicios médicos continúa siendo un buen negocio. Los datos de la ONEI confirman los 6.398 millones de pesos que nada tienen que ver con esa "cooperación y ayuda internacional" de la que habla el régimen, sino de un auténtico negocio de Estado que incumple buena parte de las normas internacionales de condiciones laborales. En cuanto a la producción de medicamentos, no hace mucho tiempo los desabastecimientos afectaron de forma masiva a las farmacias, con productos de alto consumo para las personas con determinadas dolencias, así que no existe motivo alguno para que no vuelvan a ocurrir en las próximas semanas o meses.

Lo anterior confirma que la economía cubana, a pesar de haberse diversificado más que en los años 90 del siglo pasado, sigue dependiendo absolutamente del Estado, del Partido único y de las directrices y Lineamientos, lo que impide desplegar las fortalezas productivas de los agentes privados, que pese a su crecimiento, continúan desempeñando sus funciones en un reducido número de actividades "autorizadas" e intervenidas por el Estado comunista. Además, reducir la dependencia del azúcar, pese a que los castristas lo consideran un aspecto positivo, ha sido una de las peores decisiones adoptadas por Fidel Castro a lo largo de su vida, porque destruyó la principal fuente de prefinanciación de la economía cubana.

Además, reivindicar las "relaciones económicas con Venezuela, Rusia, la Unión Europea, con varios países africanos" y, en general, "con un buen número de naciones en el mundo", no ha servido para mejorar la capacidad de endeudamiento de la economía, que ha rebasado los límites sin aprovechar las generosas condonaciones de deuda del Club de París o de Londres, ni para facilitar el acceso a la financiación internacional, por lo que tal vez se deberían revisar esas relaciones.

Y aquí viene el principal problema con esta situación "coyuntural", porque ya no solo es responsabilidad directa de "la falta de gestión e incapacidad del gobierno de Díaz-Canel" y los argumentos ofrecidos lo justifican de sobra, sino que además, y lo que es peor, interpretar esta crisis como "coyuntural" entraña riesgos si cabe mayores, porque al hacerlo así, no se estarán adoptando las medidas de política económica correctas para hacer frente a una situación de crisis institucional y estructural más profunda.

Peor que el Período Especial

Los motores de la economía están paralizados. Las entradas de turismo, las remesas de las familias, las inversiones extranjeras, los ingresos por la venta de servicios médicos, tienen unos límites y los datos disponibles apuntan a que se han alcanzado, al menos a corto plazo. No existen alternativas porque el resto de sectores de la economía no están preparados para competir a nivel internacional. La dependencia externa, sobre todo de alimentos y energía, confirma que la sustitución de importaciones ha sido un fracaso. El déficit comercial exterior se desbordará. A ello, se tiene que añadir el déficit público que volverá a crecer en las circunstancias actuales, ya que las autoridades no resistirán las tentaciones para mantener los subsidios a los precios y los gastos "sociales".

Por lo tanto, el escenario es complicado. El desequilibrio interno y externo de la economía no permite adoptar medidas más allá de un trimestre. Conforme los distintos sectores se vayan paralizando, el PIB de la economía decrecerá y la recesión se hará evidente. Y lo más importante, nada, absolutamente nada de lo que se ha descrito, tiene relación alguna con EEUU, el bloqueo, el embargo o cualquier otra circunstancia externa. El problema es interno, no es coyuntural y exige soluciones avanzadas y huir de comportamientos reaccionarios comunistas.

Buena prueba de ello es que ninguna de las medidas adoptadas recientemente por el gobierno de Díaz-Canel, y que tanto reivindican, como "el aumento salarial, la mejoría del transporte por ferrocarril, la adopción de medidas para evitar el aumento de precios de los productos, el aseguramiento del inicio del curso escolar, la superación del desabastecimiento de alimentos de los primeros meses y las afectaciones mínimas a la generación de energía eléctrica" han dado resultados positivos. Ahora el escenario es mucho peor que hace unos pocos meses y lo más grave no ha llegado todavía, siendo necesario prepararse para ello.

Pensar que el barco petrolero que está por llegar va a resolver los problemas, es una burla a la audiencia, un sinsentido destinado a ganar tiempo. El desabastecimiento llegará, la falta de transporte no tardará en afectar las comunicaciones, el racionamiento masivo se extenderá a todo tipo de productos, la paralización de las fábricas creará una crisis de pagos, la falta de electricidad y los apagones enfadarán a mucha gente, la desesperación de amplios sectores de la población no tendrá límites. Todo esto llegará. Pero no será como en el "período especial".

Última actualización el Domingo, 22 de Septiembre de 2019 11:10
 
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Sábado, 14 de Septiembre de 2019 12:11

Manifestación durante la transición española.

Por ANDRÉS REYNALDO.- 

Por cuatro décadas la transición española tras la muerte de Franco en 1976 ha sido admirada como un modelo para América Latina. Nadie va a negar su éxito. Sin embargo, adolece de un defecto: la izquierda recibió un juicio mucho más benigno que la derecha.

En su crítica a las dictaduras del Cono Sur, Ernesto Sábato dijo que no se podía combatir a los caníbales comiéndoselos. Acaso sin quererlo, planteó un aspecto que se elude con frecuencia: en el principio, fueron los caníbales. De manera que una legítima restauración democrática estaría obligada a juzgar tanto la causa como el efecto.

Argentina, Uruguay, Brasil y Chile estaban a la avanzada de buena parte del mundo en materia de derechos y condiciones económicas en las décadas de 1960 y 1970. Imposible argumentar que la solución a sus problemas (al fin y al cabo, problemas de la democracia) debía pasar por revoluciones comunistas, inspiradas y apoyadas por Cuba.

A nicaragüenses y cubanos nos tocó el yugo de elites revolucionarias que derrotaron a sendas dictaduras por las armas y traicionaron el proceso de restauración democrática. Después de haber perdido unas elecciones en 1990, bajo el fuego de la Contra, el sandinismo vuelve a gobernar con implacable mano. El castrismo, pese a su insustancialidad ideológica y su condición de Estado parásito, ha logrado una perfecta transición dinástica y mantiene su influencia como meca del antinorteamericanismo regional.

Ahora, tenemos Venezuela. Llegado al poder mediante elecciones, el chavismo puso en práctica el habitual manual de fascistas y comunistas para someter las instituciones y manipular los mecanismos electorales. Todavía estamos por ver de qué modo las fuerzas democráticas consiguen derrotar el asalto totalitario votando en elecciones donde les roban los votos, participando en parlamentos donde son callados a palos y movilizándose pacíficamente frente a turbas armadas bajo el amparo de la policía.

En España, los gobiernos de los conservadores Adolfo Suárez (1976-1981) y Leopoldo Calvo-Sotelo (1981-1982), así como el largo período del socialista Felipe González (1981-1996) definieron una era de cohabitación, expansión de las libertades, integración europea y desarrollo económico e intelectual. Para los demócratas latinoamericanos fue la matriz invocada a la hora de salir de las dictaduras de derecha. A la caída de la Unión Soviética, hasta la oposición cubana dentro y fuera de la Isla creyó haber encontrado la ideal oferta para enviar a los Castro a Galicia.

Como era de esperar, legiones de estudiosos españoles y extranjeros se dieron a la tarea de desentrañar los crímenes y excesos del franquismo. Igual que en el resto de la Europa libre, la izquierda ocupó considerable influencia en los medios, las profesiones y la universidad. Sabemos que el Estado no debe tener la potestad de administrar las ideas. Pero faltó el esfuerzo intelectual, y hasta la voluntad de la derecha, por poner en su contexto, ¡también!, los crímenes y excesos del otro bando. Ni la victoria eximía de sus pecados a Franco ni la derrota beatificaba a los frentepopulistas.

Poco a poco, la izquierda ha ido desmantelando el sabio equilibrio de la convivencia. (¿Alguien podía imaginar hace apenas 20 años el surgimiento de Podemos?) La Ley de Memoria Histórica de España decretada en el 2006 durante el gobierno del socialista José Luis Rodríguez Zapatero es una reversión del espíritu conciliador de la Transición. Dicho en las palabras de Luis María Ansón, con esta ley Zapatero y un mayoritario sector de la izquierda pretenden "ganar la guerra civil que se enterró y superó con la Transición y establecer la legitimidad democrática en 1931, no en 1978".

En una reflexión sobre los campos de concentración alemanes, Mario Vargas Llosa alertaba del riesgo para las libertades intelectuales y políticas en reconocer a los gobiernos o parlamentos la facultad de determinar la verdad histórica. La decencia, el sentido común, la urgencia de sanar las heridas de una guerra civil unió a los españoles por varias décadas. Fue una gran lección de civilidad, una rara invitación al optimismo iberoamericano.

Lástima que la izquierda, de Madrid a Buenos Aires, nunca enterrara el hacha.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 21 de Septiembre de 2019 13:21
 
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Martes, 10 de Septiembre de 2019 12:41

Por VICENTE ECHERRI.- 

Al inicio del curso escolar, en la primera semana de septiembre, se difundió en las redes sociales la foto de una maestra cubana que le daba a sus alumnos la "bienbenida" con grandes letras escritas en el pizarrón de su aula. ¿Sería posible? ¿A estos niveles de analfabetismo e incultura ha descendido la enseñanza elemental en un país que tanto ha alardeado de sus progresos en ese terreno?

Lo cierto es que la educación en Cuba viene hundiéndose, desde hace muchos años, hasta lo inconcebible, especialmente para los que, por razones de edad, somos capaces de recordar otras capacidades y otras fisonomías. La escuela pública —por cuyas aulas muchos nos sentimos orgullosos de haber pasado— hace décadas que sobrevive en nuestro país como  una maltrecha caricatura, huérfana de criterios normativos, carente de maestros competentes, institución que induce a los educandos —desde el primer día de clases— a la abyecta repetición de consignas y a la deformación del carácter, lo cual solo contribuye a crear dóciles conciencias  al servicio de un Estado crapuloso.

Una de las primeras víctimas del asalto totalitario fue la Educación Moral y Cívica, asignatura que se impartía en todas las escuelas cubanas, tanto públicas como privadas, y cuyas lecciones —que describían con detalles el papel de los poderes del Estado y de la intervención ciudadana— muchas veces servían  para cuestionar la legitimidad del propio gobierno que publicaba y divulgaba ese texto. Muchos jóvenes revolucionarios que se opusieron —a veces violentamente— al Gobierno de Fulgencio Batista, encontraron inspiración en aquel volumen elemental.

La asignatura en cuestión incluía también lecciones sobre modales y costumbres, sobre moral. Incursionaba en el terreno de la ética e impartía reglas sobre cómo debían fluir las relaciones entre personas, ya fuesen iguales, como los alumnos de una escuela, o los que, por edad, posición social o autoridad, estaban por encima. Poniendo en práctica esas enseñanzas, era lindo ver a un niño cediéndole el paso a un adulto o a toda una clase poniéndose de pie —sin que el maestro tuviera que indicarlo— cuando una persona mayor llegaba a la puerta del aula.

Me acuerdo de haber acompañado algunas veces a mi madre —en días de vacaciones— a la oficina donde trabajaba a mediado de los años 50. Más de una vez ocurrió que, al pasar frente a la estación de correos, en torno a las ocho de la mañana, coincidíamos con el momento en que izaban la bandera. De manera automática, todos nos deteníamos y los hombres que llevaban sombrero se descubrían en lo que duraba la sencilla ceremonia. Esto no se hacía en obediencia a un decreto, sino como un acto espontáneo de cortesía ciudadana hacia la enseña que nos representaba a todos. No es menester decir que, en estos tiempos de nacionalismo hipertrofiado y machacón, de esa noble costumbre no se conserva ni la memoria.

Las lecciones sobre conducta, ética y responsabilidad ciudadanas, que enseñen, además, cómo se eligen las autoridades en un régimen democrático, son imprescindibles para el funcionamiento de una sociedad libre. Este año, el recién estrenado gobierno de Andrés Manuel López Obrador en México creyó oportuno reimprimir millones de ejemplares de la Cartilla moral de Alfonso Reyes —publicada por primera vez en 1944 en apoyo a una campaña de alfabetización— para que se repartieran en todas las escuelas del país como fundamento esencial de cualquier proyecto serio de regeneración cívica.

En el mundo entero —no solo en Cuba, si bien en nuestro país el derrumbe es mayor— ha habido un notable quiebre de valores a lo largo del último medio siglo, el cual es necesario abordar con seriedad. Frente a la corriente de permisividad que se fue imponiendo en el mundo occidental a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, es preciso volver a hablar — por reaccionario que esto pueda sonar— de modales, normas, jerarquías, derechos y deberes, sin los cuales  el buen funcionamiento y la salud de una sociedad libre y vigorosa son impracticables.

En Cuba ha habido un colapso de la educación, que es secuela directa de la gestión totalitaria, responsable del envilecimiento colectivo que ha privado a los nuestros —maliciosamente— de su condición de ciudadanos, reduciéndolos, para beneficio de los que mandan, a una tribu menesterosa que no tiene otro horizonte que el de una precaria supervivencia. Es muy improbable que el Estado intente remediar esta carencia que lo beneficia, pero corresponde a las iglesias y a las familias, así como a las agrupaciones disidentes, divulgar e inculcar los valores y principios perdidos como paso imprescindible para que los que ahora crecen y aprenden conozcan la medida de su despojo y tengan en qué afincarse  a la hora de empezar a exigir. La dignidad y el decoro, virtudes tan caras para José Martí, también pueden tener su cartilla.

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Martes, 17 de Septiembre de 2019 12:58
 
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Sábado, 07 de Septiembre de 2019 12:59

Por ANDRÉS REYNALDO.- 

Hace apenas un mes murió la filósofa húngara Agnes Heller. Fue por uno de esos laberintos intelectuales que recorríamos los jóvenes de La Habana Vieja en la década del 70 que vinimos a dar con sus textos y los de otros autores y cineastas de la Escuela de Budapest.

Entonces devorábamos cualquier libro, artículo o filme húngaro, polaco o checoslovaco que tuviera un hálito de disidencia, o que por lo menos arrojara un atisbo de duda sobre la construcción del socialismo. Construcción, dicho sea, de la cual ya éramos escombros.

La nostalgia, que a mi edad tiene la misma fuerza de la ilusión, me hizo leer algunos de los recientes ensayos de Heller. No me defraudó el reencuentro. A sus 90 años, el vigor y la claridad del pensamiento estaban intactos. Me recordó también que hay lecturas con una cualidad faústica. Te permiten volver a un olvidado placer con renovado deseo.

En los últimos años, Heller estudió el fenómeno del poder autocrático obtenido a través de elecciones en los países de Europa del Este. Sus críticas al primer ministro Viktor Orbán fueron recibidas con hostilidad en los círculos de extrema derecha húngaros. A tal punto que familiares y amigos exigieron investigar las circunstancias de su muerte mientras nadaba en el Lago Balatón. Como era de esperar, murió contra la corriente.

Un ensayo publicado esta primavera en la revista Social Research reúne sus ideas sobre el fenómeno. Citando a Hanna Arendt, nos recuerda que la liberación no equivale a la libertad. Las tiranías siempre colapsan, dice Heller. Pero advierte que aún está por ver si los húngaros pudieron escapar del comunismo con la cordura necesaria para forjar una democracia liberal. (Heller se refiere al liberalismo en su acepción clásica, no a la denominación de la actual progresía norteamericana.)

Al leer, no podía dejar de preguntarme: ¿si esto es Hungría qué será en Cuba? En la transición puede estar implícita la continuidad disfrazada de pluralismo o una nueva dictadura con otro ciclo de violencia y corrupción. Los representantes de los partidos comunistas y de los nuevos partidos se sientan a una mesa, dice Heller, y deciden el futuro de la nación, el carácter de las instituciones y el ritmo de la "transición pacífica". (Las derogativas comillas son suyas.) Mientras, los ciudadanos observan con el rostro pegado a la vidriera sin las estructuras que le permitan deshacerse de los viejos conocidos y fiscalizar a los nuevos por conocer.

En ese aspecto, los escollos de una democracia cubana se agigantan a medida que pasan los años. Situándonos dentro del marco descrito por Heller, más de tres generaciones de cubanos tienen la tradición de seguir a un líder, esperar que todas las decisiones vengan desde arriba y creer o pretender creer en todo lo que se les dice, mezclado con "un género de fatalista cinismo sobre la imposibilidad de que las cosas sean de otro modo".

Respecto a los cubanos, los países de Europa del Este tuvieron la ventaja de que sus dictaduras eran una imposición imperialista, apuntaladas por las tropas de ocupación soviéticas. Bastó que Gorbachov prometiera que los tanques no saldrían de sus barracas. Lo nuestro es más complejo. El castrismo es la imposición de nuestro más retrógrado sector nacionalista. Las ideologías le sirven de máscara y herramienta.

De todas las naciones sovietizadas, Cuba probablemente sea la que menos interés concedió a la elaboración de su canon comunista. Ya se pueden escribir novelas criticando a Lenin. Guárdate de tocar a Fidel y al depurado grupo de próceres que conforman su brigada de respuesta antinorteamericana.

Una Cuba intelectual y emocionalmente anclada en el siglo XIX español se alzó y sigue alzada contra una Cuba que buscaba en el Norte de la democracia y el orden su puerta a la universalidad y la modernidad. El nacionalismo mesiánico, autocomplaciente, integrista y compulsorio, contra el modelo liberal, inclusivo y autocrítico de la nación moderna. Para esclavizar a húngaros, polacos y checos, tenían que entrar los rusos. Para esclavizarnos a nosotros tenían que irse los yanquis.

Heller insiste en que el destino de las naciones liberadas depende de su éxito o fracaso en transformar la liberación en libertad. Por lo visto, a Hungría aún le queda un largo camino por recorrer. ¿Aunque sea largo, espantosamente largo, le queda camino a Cuba?

DIARIO DE CUBA

Última actualización el Sábado, 14 de Septiembre de 2019 12:26
 
Un grave problema socialista: Jerarquizar Consumidores sobre Productores PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 14 de Julio de 2019 21:59

 

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Por Jorge Hernández Fonseca.- 

No hay un solo postulado socialista de como producir bienes y servicios. Se basan en preceptos de tipo hipócritamente “moral” para, por la fuerza, obligar a las personas a “beneficiarse” de los racionamientos y hambrunas que –100% de las veces—ha ocasionado en las desdichadas sociedades sometidas al experimento socialista. Este socialismo sólo defiende a los ciudadanos como “consumidores”. A aquellos que son productores, los desprecian, condenan y exterminan.


Un grave problema socialista: Jerarquizar Consumidores sobre Productores

Jorge Hernández Fonseca

14 de Julio de 2019

Los intelectuales de izquierda, los profesores universitarios filo-socialistas, así como los ciudadanos envueltos en la tomadura de pelo de lo “políticamente correcto”, no se explican el porqué de los sucesivos fracasos de los regímenes socialistas implantados en los cuatro confines del Globo --sin ninguna excepción-- aunque en este caso se confirma “la regla”.

El socialismo actual se origina en los trabajos de filósofos y economistas como Carlos Marx y Antonio Gramsci y en la práctica de políticos como Vladimir Lenin y Pol Pot. Los primeros profundizaron las condiciones económicas del proceso productivo capitalista y los segundos “inventaron” una forma cruel (la dictadura) para implantar, a la fuerza, “su” socialismo.

No hay un solo postulado socialista de como producir bienes y servicios. Se basan en preceptos de tipo hipócritamente “moral” para, por la fuerza, obligar a las personas a “beneficiarse” de los racionamientos y hambrunas que –100% de las veces—ha ocasionado en las desdichadas sociedades sometidas al experimento socialista. Este socialismo sólo defiende a los ciudadanos como “consumidores”. A aquellos que son productores, los desprecian, condenan y exterminan.

Como le dijera Fidel Castro al embajador peruano en medio de la crisis cubana con la embajada del Perú en 1980, “yo se matar y tu no”, la gran ventaja del Comandante sobre el embajador. A los productores --en ese socialismo-- simplemente se les elimina. Como Díaz Canel acaba de hacer con el mayor productor porcino de Holguín, ejemplarmente, para que nadie se atreva a “producir”. Al final, los productores son los enemigos “de clase” y para ellos solo hay desprecio.

Paradójicamente lo que hizo Carlos Marx fue estudiar el proceso de producción capitalista, pero en sus estudios le faltó –sin dudas-- estudiar las cualidades de los emprendedores que usan su capital, su crédito y talento, para guiar un proceso productivo. Este emprendimiento es un salto al vacío, que generará empleo y renta para otras muchas personas. Además de capital, hay cualidades individuales y méritos en este proceso, poco estudiado desde el punto de vista personal, que claramente le falta al socialismo para poder dar “consumo a sus consumidores”.

De la misma manera que no todos pueden ser medallistas olímpicos de algunas de las manifestaciones deportivas; que no todos tienen la voz de oro de los cantantes famosos; que no todas las jóvenes tienen las cualidades estéticas de una reina de belleza, o no tienen las condiciones para guiar exitosamente un carro de Fórmula 1, también no todos --como quiere el socialismo-- tienen posibilidades de guiar un negocio productivo y beneficioso para la sociedad.

En el socialismo, si bien la crueldad contra los adversarios es la principal “cualidad” política (saberlos “matar”) su principal error es no saber apreciar las cualidades de los empresarios y productores, que permite posicionarse al resto como consumidores. El consumo es un proceso primario y natural, mientras que la producción es un proceso artificial y complejo, para el cual es necesario esfuerzo y trabajo especializado. Es por ello que toda sociedad (menos la socialista) cuida con esmero a los que poseen el don natural de dominar el proceso de producir bienes.

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Lunes, 22 de Julio de 2019 00:28
 
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