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Artigos: Cuba
Trump cambia la política norteamericana hacia Cuba: Un análisis PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 18 de Junio de 2017 10:49

Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Donald Trump enmienda el camino torcido iniciado por Obama al negociar con Raúl Castro haciéndole concesiones sin pedir nada a cambio. En este sentido --y a pesar del grandioso acto de recibimiento de Trump en Miami-- de su emotivo discurso y de la firma de la orden presidencial que cambia su política, estamos solamente en el inicio del camino que conducirá, a medio plazo, a la incorporación de la isla al concierto de naciones democráticas, libres del totalitarismo comunista que ha sufrido durante más de medio siglo ante la indolencia mundial.

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En segundo lugar, el castrismo se ha preparado para semejante golpe de timón de parte de Trump tomado algunas medidas oportunistas, como cartas para responder a Trump.

Última actualización el Sábado, 24 de Junio de 2017 12:42
 
Trump y su nueva política cubana PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 18 de Junio de 2017 10:58

Donald Trump firma su nueva directiva en la política hacia Cuba. (CC)

Por CARLOS ALBERTO MONTANER.- 

El presidente Donald Trump se propone modificar y endurecer la política de Barack Obama con relación a Cuba. Obama, que acertó en ciertos aspectos sociales de su política interna, erró totalmente en su estrategia cubana. Me parece, pues, razonable cambiarla. No todo lo que Trump hace es equivocado. A veces, entre tuits insomnes, acierta.

Si hay algo que el jefe de cualquier Estado debe tener muy claro, es precisar quiénes son los amigos y los enemigos de la nación a la que le toca proteger. Trump sabe o intuye que los Castro, desde hace décadas, intentan perjudicar a su país por cualquier medio. En 1957 Fidel Castro escribió una carta a Celia Sánchez, entonces su amante y confidente, explicándole que la lucha contra Batista (la carta está firmada en Sierra Maestra) era sólo el prólogo de la batalla épica que libraría contra Washington durante toda su vida.

Fidel Castro, que fue un comunista convencido, cumplió esa promesa, luego reiterada docenas de veces oralmente y por la naturaleza de sus acciones. Por eso, cuando Fidel murió, Donald Trump, que había sido electo presidente pocas semanas antes, pero todavía no había tomado posesión, tras calificarlo  como un “dictador brutal”, dijo: "A pesar de que las tragedias, muertes y dolor causados por Fidel Castro no pueden ser borradas, nuestro Gobierno hará todo lo posible para asegurar que el pueblo cubano pueda iniciar finalmente su camino hacia la prosperidad y libertad".

En consecuencia, Trump, a los pocos meses de iniciar su andadura, ha retomado el propósito de cambiar el régimen cubano, irresponsablemente cancelado por Barack Obama en abril de 2015, como anunció el expresidente durante la Cumbre de Panamá, aunque, contradictoriamente, tuvo la solidaria cortesía de reunirse con disidentes cubanos que habían viajado desde la Isla, gesto simbólico que hay que agradecerle.

¿Por qué Trump ha retomado la estrategia de “contener” a Cuba? Porque Raúl Castro no ha renunciado a la confrontación, lo que aconseja privarlo de fondos

¿Por qué Trump ha retomado la estrategia de “contener” a Cuba, como se decía en la jerga de la Guerra Fría? Porque Trump y sus asesores, guiados por la experiencia del senador Marco Rubio y del congresista Mario Díaz-Balart, verdaderos expertos en el tema, piensan que Raúl Castro no ha renunciado a la confrontación, lo que aconseja privarlo de fondos.

Muy en consonancia con la impronta que Fidel dejó a su hermano y a su régimen, la revolución cubana continúa siendo enemiga de los ideales e intereses de Estados Unidos, como si la URSS continuara existiendo y el marxismo no se hubiera desacreditado totalmente hace ya más de un cuarto de siglo. Para Cuba la Guerra Fría no ha concluido. Para ellos, “la lucha sigue”.

Eso se demuestra en la alianza cubana con Corea del Norte, que incluye suministros clandestinos de equipos bélicos, prohibidos por Naciones Unidas, incluso mientras negociaba el deshielo con Washington. Es evidente en el respaldo a Siria, a Irán, a Bielorrusia, a la Rusia de Putin, y a cuanto dictador u “hombre fuerte” se enfrenta a las democracias occidentales. Se prueba en la permanente hostilidad contra el Estado de Israel, pero, sobre todo, queda clarísimo en la actuación de Raúl Castro en el caso venezolano.

Si Obama creía que la dictadura cubana, a cambio de buenas relaciones, ayudaría a Estados Unidos a moderar la conducta de la Venezuela de Chávez y Maduro, se equivocó

Si Obama creía que la dictadura cubana, a cambio de buenas relaciones, ayudaría a Estados Unidos a moderar la conducta de la Venezuela de Chávez y Maduro, se equivocó de plano. La Cuba de Raúl Castro se dedica a echar gasolina al incendio que devora a ese país, con el objeto de no perder los subsidios que le genera la enorme colonia sudamericana.

Los militares cubanos son el sostén esencial de la dictadura de Nicolás Maduro, personaje formado en la Escuela de Cuadros del Partido Comunista cubano llamada “Ñico López”.  Proporcionan inteligencia y adiestramiento a sus colegas venezolanos para que repriman cruelmente a los demócratas de la oposición. Los muy hábiles operadores políticos cubanos, formados en la tradición del KGB y la Stasi, asesoran a los chavistas y le dan forma y sentido a la alianza de los cinco gobiernos patológicamente “antiyanquis” de América Latina: la propia Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador.

Tiene razón el presidente Trump cuando afirma que Barack Obama (pese a su hermoso discurso en defensa de la democracia pronunciado en La Habana) no debió haber entregado todas las fichas norteamericanas sin que Raúl Castro hiciera concesiones fundamentales en beneficio del pueblo cubano y de su derecho a la libertad y la democracia. Eso es lo que Trump ahora intenta corregir.

14 Y MEDIO

Última actualización el Viernes, 23 de Junio de 2017 11:57
 
Las culpas de Trump PDF Imprimir E-mail
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Martes, 20 de Junio de 2017 11:40

Por ARMANDO CHAGUACEDA.-

El anuncio del presidente Donald Trump acerca de la revisión de la política hacia Cuba causó enorme revuelo. Pese a lo limitado de su alcance —en cuanto a afectación al legado de Obama y al esperable impacto de las medidas— adversarios y personeros de la Habana se apresuran a aplaudir o condenar el giro trumpista. Para algunos es una firme solución ante la longeva dictadura comunista, para otros una agresión imperialista a la soberanía nacional.

Sin embargo, valdría la pena pasar revista a decisiones y desempeños recientes del Gobierno cubano para justipreciar las responsabilidades de Washington en las dinámicas internas de la Isla. Más allá de las escasas credenciales soberanistas de tal percepción —compartida por no pocos oficialistas y opositores isleños—, lo cierto es que los datos hablan por sí solos.

Repasemos el terreno socioeconómico. ¿Es el Departamento del Tesoro responsable de no lograr las prometidas unificación monetaria y valorización del peso, causante de la reconocida recesión económica de 2016? ¿La Reserva Federal tiene la culpa de las políticas crediticia e impositiva que limitan el potencial de los emprendedores? ¿Es el Servicio Nacional de Parques responsable de las medidas ineficaces que no revierten la degradación ambiental? ¿Serán Betsy DeVos y Tom Price directamente imputables por los déficits de cobertura y calidad de los sistemas de educación y salud isleños?

Miremos al ámbito político. ¿Son los agentes de Homeland Security los responsables de la estrategia represiva que ha impuesto severas cárceles y juicios —y no simples detenciones breves, como dicen algunos cubanólogos— a más de 150 activistas opositores, incluida una buena cantidad de mujeres pobres, negras y campesinas? ¿Es el FBI el que recientemente expulsó de universidades de la Isla a profesores y estudiantes críticos, incluidos varios socialistas? ¿El Fiscal General asesora, en silencio y sin considerar demandas y propuestas ciudadanas, la revisión cupular y secreta de la Constitución y Ley Electoral cubanas? ¿Será la CIA, haciendo gala de su experticia subversiva y golpista, la que apoya el actual asalto de Nicolás Maduro contra la Constitución y democracia bolivarianas? ¿Son el Pentágono y la NSA quienes reforzaron los nexos de las FAR con el ejército de Corea del Norte —incluida la venta de armamento prohibido por la ONU— y del MININT con los servicios de inteligencia rusos?

Lo arriba señalado es apenas una muestra de acciones y resultados del Gobierno cubano en los últimos años, en respuesta a la política aperturista de Obama. Indican que las medidas de Trump no son responsables del rumbo elegido por La Habana. Su maximización del control frente a la apertura es, como diría cualquier sociólogo, una variable independiente. Remite más al ADN del régimen insular que a unas sanciones calificables según aquel refrán popular: mucho ruido y pocas nueces.


Este artículo apareció en el diario mexicano La Razón. Se reprodujo en el Diario de Cuba con autorización del autor.

DIARIO DE CUBA

 
Che Guevara, el misterio de una inmerecida idolatría. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 15 de Junio de 2017 10:47

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-

Naples. Estados Unidos.- Por estos convulsos días de atentados terroristas y atroz represión en Venezuela la figura del Che Guevara vuelve a ser noticia. La Agencia EFE publicó las declaraciones del general retirado boliviano Gary Prado Salmón, quien en octubre de 1967 tuvo la dicha de capturar al siniestro guerrillero argentino conocido como el Che. Según afirmó el exmilitar, fueron los más altos dirigentes del partido comunista de Cuba los encargados de enviar a Guevara "a morir a Bolivia" porque ya no lo toleraban. Pero no es sobre las declaraciones de Gary Prado de lo que trataré en este escrito -a estas alturas ya muchos deben haber consultado lo publicado en este sentido, toda vez que varios medios reprodujeron sus palabras-; sino de la figura del hombre capturado por él, a quien lamentablemente se le rinde un inmerecido culto en el mundo entero, pero que adquiere dimensiones inusitadas en Latinoamérica.

La directora ejecutiva de Archivo Cuba: Proyecto de Verdad y Memoria, María C. Werlau, ha definido al Che Guevara como: “la figura emblemática de la mitológica “elegancia revolucionaria” y el ícono por excelencia de la cultura de masas”, algo determinante para comprender en su esencia la desenfrenada idolatría hacia el guerrillero argentino, a quien los comunistas cubanos han querido hacer suyo.

Increíblemente, a casi medio siglo de su muerte en La Higuera, Bolivia, el 9 de octubre de 1967, sigue ejerciendo su maléfico efecto sobre las multitudes. Rockeros, raperos, reguetoneros, iletrados, delincuentes y marginados, fanáticos y comunistas, filósofos y hombres de ciencia, poetas y trovadores, literatos y empresarios, lo siguen venerando, cual Mesías de estos convulsos tiempos.

¿Fanatismo o desconocimiento de la verdad? Muchos saben - no solo como referencia fortuita u ocasional; sino con conocimiento de causa a través del estudio y profundización de su vida y obra- acerca de sus debilidades devenidas en arbitrariedades de una personalidad egocéntrica, que desde la rebeldía se propuso transformar el mundo y al hombre, aunque para esto tuviera que agredir, maltratar, humillar y matar. Pero aun así lo siguen amando, y se resisten a admitir la veracidad de su condición demostrada de hombre asesino, y a reconocer la perversidad inherente a su enérgico accionar.

Sus defensores se resisten a creer que el mismo ser que inspirara a la intelectual cubana Mirtha Aguirre a declararlo como “caballero, el más puro, caballero el mejor caballero”, fuera capaz de predicar el odio entre los hombres, en contrapartida al amor y la tolerancia que enseñara el Cristo en los lejanos tiempos de la antigua Palestina, y que se asume como modelo en los pueblos que profesan la fe cristiana, la que se practica en toda la América, donde el guerrillero pretendía ejercer su dominio.

¿Héroe, aventurero o terrorista? Para aquellos que dudan y pretenden ocultar su enfurecida maldad, las palabras del Che Guevara en su Mensaje a la “Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América latina”, en abril de 1967, a solo seis meses de su muerte, son una prueba irrefutable: “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”  (Tricontinental. Suplemento especial. 16 de abril de 1967).

El anticristo, dirían pues los fanáticos extremistas de la religión cristiana, aun cuando muchos de los seguidores del ejemplar maestro que murió en su cruz se las han agenciado para continuar amando a Cristo, y al propio tiempo utilizar atuendos, que a modo de amuletos expresan algún atributo del “caballero del alba encendida”, aquel que con ímpetu guerrero, no por sentido de justicia y necesidades libertarias, sino por satisfacer su corrupto delirio vengativo y sus ansias de expansión por el orbe, afirmó en el mismo mensaje: “Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a  su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aun dentro de los mismos: atacarlo dondequiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá cayendo”.

Al igual que Fidel Castro, le obsesionaba la idea de agredir continuamente al llamado imperialismo y de culpar al gobierno de Estados Unidos de todos los males de la tierra. En este sentido afirmó: “Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica”.

El placer al matar formaba parte de su vida. (Obra del artista español Jesús Antonio Lozano Fuentes, cortesía para la publicación). ¿Matar por placer? Matar formaba parte de su vida. Su discurso adquiere matices que nos permiten definirlo como terrorista. Los fusilamientos en los años iniciales de la llamada revolución cubana demuestran su enfermiza condición. Según se dice en diversas fuentes, aunque algunos lo ponen en duda, le expresó a su padre que le gustaba matar, y estando en la manigua cubana – de lo que si no hay dudas- se mostró sediento de sangre.

Algunos insisten en la ausencia de pruebas evidenciales para verificar su maldad a través del placer al matar, lo que demuestro al citar sus palabras tomadas del Discurso ante la ONU,  del 11 de diciembre de 1964: “Nosotros tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, si, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario (...) nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida (...) en esas condiciones nosotros vivimos por la imposición del imperialismo norteamericano.

Hacer perdurar lo imperdurable es el propósito de sus defensores, quienes le siguen ciegamente. Un puñado de comunistas recalcitrantes y fanáticos, que aún creen en la sombra fantasmal del aquel que con “hachón guerrillero” sigue haciendo el mal desde las tenebrosas  profundidades abismales, “en lo oscuro, señora, en lo oscuro”, cautivando a jovenzuelos latinoamericanos necesitados de aventuras, que envueltos en la histérica oleada de los que aun, conociendo de su serie secuencial de crímenes, prefieren creer que las calumnias persiguen a los héroes.

De ahí que en los sitios menos esperados lo encontremos, cual talismán protector de las multitudes ignorantes que arrastrados por aquella “elegancia revolucionaria” y bajo el efecto hipnotizador del “ícono por excelencia de la cultura de masas” le veneran. En Alausí, el pequeño y frío poblado oculto en las inmensidades de la Cordillera de los Andes, en los viejos muros que se resisten al tiempo y los prefieren decorar con su imagen guerrillera, al lado de Gandhi, en una municipalidad que se dispersa en el olvido de Suramérica, en las tiendas para turistas de pomposas ciudades del continente que pretendió dominar, cerca de los textos de Plotino en la más remota librería, pero allí está, cual “escultura guerrillera entre el viento y las nubes de la Sierra”, y al parecer, su desmedido culto le fortalece desde los misteriosos enigmas de lo astral como para no poder sepultarlo por siempre, y de manera cíclica se le retoma, ya sea para una continuidad de cultos desmedidos o para confirmarnos lo que ya sabíamos por convicción acerca de la participación de Fidel Castro en su captura y muerte.

Última actualización el Viernes, 16 de Junio de 2017 14:27
 
Un tercer partido en Estados Unidos PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 03 de Junio de 2017 12:37

Por Jorge Hernández Fonseca

Aparentemente, las bondades del bipartidismo han comenzado a agotarse. Si bien un escenario político de demasiados partidos es poco funcional, la presencia de un tercer partido fuerte en el escenario político norteamericano vendría a constituirse en una especie de fiel de la balanza.


Un tercer partido en Estados Unidos

Jorge Hernández Fonseca

1 de Junio de 2017

El fenómeno Donald Trump en la política interna de EUA, independientemente de la simpatía o no que podamos tener con su proyecto político, pudiera sin embargo destrabar un aspecto importante de la política doméstica norteamericana: la excesiva polarización y la ausencia fatal y creciente de diálogo entre los dos partidos tradicionales, el Demócrata y el Republicano.

La política bipartidista norteamericana ha demostrado con creces sus ventajas para la estabilidad del panorama político. Sin embargo, en el último cuarto de siglo ha venido demostrando cierto agotamiento al hacer inviable aspectos tan simples como el nombramiento de un funcionario. La aprobación de los presupuestos anuales es el terreno donde más evidente es la pugna bipartidista, amenazando más de una vez con “paralizar al gobierno”, algo grave.

Aparentemente, las bondades del bipartidismo han comenzado a agotarse. Si bien un escenario político de demasiados partidos es poco funcional, la presencia de un tercer partido fuerte en el escenario político norteamericano vendría a constituirse en una especie de fiel de la balanza.

Hay desde luego otros partidos en EUA fuera de los dos grandes, sin embargo, estamos hablando de un tercer partido tan fuerte como los dos existentes y eso solamente es posible si se da en EUA una situación como la actual: un presidente electo, sin el apoyo de ninguno de los dos partidos tradicionales. Nada más indicado entonces que Donald Trump cree su partido.

El partido que crearía Trump no solamente sería el abanderado de su ideología política, diferente como se sabe de la tradición republicana y de la demócrata, sería además el partido que lideraría en algunos casos, o apoyaría a uno de los otros dos partidos en pugna, en otro, papel que ahora no es desempeñado por nadie y que resulta necesario en un momento de la historia norteamericana donde el bipartidismo tradicional da muestras de total disfuncionalidad.

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Sábado, 03 de Junio de 2017 12:49
 
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