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Artigos: Latinoamérica Democrática
La lección de Lula da Silva PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 21 de Mayo de 2020 20:16

El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva. EFE/ Carlos Ezequiel Vannoni/Archivo

Por José Benegas.- 

Lula da Silva se dio cuenta de que había metido la pata cuando festejó que el Covid-19 hubiera servido para demostrar lo importante que era el Estado y pidió disculpas. Pero eso no resuelve cómo reflejó sus motivaciones últimas con esa frase. No es Lula el problema sino en general el pensamiento autoritario, al que también se le podría llamar socialismo porque socialismo no es que la sociedad maneje a la sociedad, sino que sea manejada por la autoridad central. En ese pensamiento un amplio abanico de las cosas que pasan pueden ser resueltas por el hecho de que alguien al mando tome decisiones por los demás; decisiones que los demás no tomarían evidentemente. En el socialismo la sociedad está anulada por la autoridad.

Para Lula, que probó las mieles del poder, las desgracias y el miedo son una oportunidad para ratificar la transferencia a la autoridad de los mayores resortes para conducir. La gente espera que un acto centralizado llevado a cabo por este grupo superior de personas la aleje del peligro y el grupo supuestamente superior de personas espera que lleguen los mayores peligros para disfrutar de esos beneficios.

Casi como un sepulturero esperando un terremoto, con la diferencia de que no está en discusión que los servicios del sepulturero sean útiles. Como un cazador que ve entrar a sus presas a la trampa más bien.

En lo que tiene razón Lula es en que mucha gente pide a un salvador que la rescate, incluso la que piensa que lo peor de la sociedad son los políticos. Es más fuerte que su opinión de los aspirantes a salvadores la necesidad de transferencia alguien que manda de las expectativas y libertades. Eso está marcado por milenios de conducta tribal, donde el macho alfa tenía mayor información sobre cada uno de sus súbditos y los súbditos sabían a quién habían entronizado.

Las cosas son drásticamente diferentes ahora. La gente no puede estar segura de sus autoridades elegidas en un proceso de marketing llamado elecciones y los elegidos no pueden estar seguros de que sus electores se mantendrán conformes a sus decisiones. Por esto último los Lula da Silva necesitan ver el temor. Su inseguridad es tal que si está la posibilidad de muerte masiva más tranquilos se sentirán. No es que Lula pueda demostrar que con conductores omnipotentes la sociedad estará mejor, sino que se da cuenta de que en situaciones extremas muchas personas se parecen a los chicos llamando a la mamá al menor problema y él puede aprovecharlo.

Esta es tal vez la dinámica más poderosa que desafía a las sociedades complejas y relativamente libres de la actualidad. Por un lado están los impulsos emocionales y por el otro el conocimiento disponible sobre las limitaciones del aparato de poder y a pesar de que pensamos vivir en la cima de la racionalidad y la ciencia, el pensamiento primitivo no nos abandona. Lula sabe y los demás deberían aprender que el atavismo le gana a lo que sabemos de cómo son los procesos de mercado, acerca de cómo el sistema de precios resume decisiones que ningún estudio experto puede suplantar y que cada persona conoce sus circunstancias mejor que su vecino de la puerta de al lado, ni hablar de los burócratas.

En gran parte probablemente porque al lado de todos nuestros avances la organización alfa, el Estado, es quien centraliza también lo que se debe aprender desde la infancia hasta la adultez y determina qué cosa es educación. Así evita que la gran manada sospeche que no le conviene que el tratamiento médico de los moribundos sea dirigido por sepultureros. Su mayor temor es que sin la autoridad solo haya ignorancia, cuando en cuanto a las condiciones y limitaciones de la política es precisamente al revés.

No es la realidad la que muestra que el estado sea una bendición en este momento para confinar a todo el mundo, determinar quién está autorizado a salir a la calle y qué cosa es esencial. Es que el Estado tiene la capacidad, por exceso de la confianza que se le deposita, de convertirse en la única alternativa por la vía de prohibir las demás, evadiendo las comparaciones. Se escapa del plan perfecto que otros países ensayen otras soluciones, por eso hay que bajar a Suecia y olvidarse de Taiwan o Corea del Sur. Por eso hay que hacer desaparecer cualquier buena noticia o discusión sobre las medidas autoritarias extremas y la salud deja de ser la prioridad al ponerse por debajo de la justificación de lo que la autoridad decidió para supuestamente cuidarla.

Lula nos informa hasta qué punto la política está interesada en la extensión de este desastre. Si no se aprende lo interesado de las opiniones de los que deciden es por la fuerza de los mecanismos atávicos de sumisión.

Por el mismo proceso se le llama ciencia a la autoridad establecida por el Estado sobre la ciencia y nadie cuestiona que existan organismos que aprueben o desaprueben drogas, aprueben o desaprueben tratamientos o conocimientos y se conviertan en el sumum de la confianza en el macho alfa: la certificación de que algo es “oficial”. Todo es válido una vez que es oficial, es decir cuando es bendecido por el tipo que logró un cargo público, posiblemente el menos apto en su campo de conocimiento que por eso se dedicó a la política.

Pero la magia de la palabra oficial podría ser el mayor orgullo de Lula da Silva. Y como este tango es de a dos, no es algo que pase nada más que en el estado. Hoy gigantes privados como Google o Facebook se dedican a censurar toda divergencia, fundada o no, respecto del saber unificado de las autoridades, sin tener elementos suficientes para considerar que lo que saca de las redes es error o al menos puro error y creyendo que el error es un problema para el conocimiento que es lo más grave. Como la autoridad tiene que ser sabia porque para eso se llama autoridad, tiene que ser blindada de que se sospeche que no lo es. Así que no lo es.

En la realidad ¿qué tan a salvo estamos porque el político pueda decidirlo todo en una emergencia? Tanto como estaríamos seguros de aprender por un solo libro, con un solo ensayo, por mayor temor a enterarnos del error que de sufrirlo. Y ese libro, ese ensayo, sería el que tuvo mayor éxito en encumbrarse en las esferas del poder.

El peligro es temerle más a saber que la incertidumbre existe que a las consecuencias de la decisión equivocada. El error es parte fundamental del aprendizaje, salvo que esté bendecido por la autoridad. La multiplicación y dispersión de decisiones permite acceder a nuestra mayor fuente de información que es el ensayo y error. La autoridad central, a diferencia de lo que ocurría en la tribu, ni siquiera nos conoce a cada uno de nosotros, no tiene acceso alguno a nuestras circunstancias y no es capaz de decidir qué riesgo estamos dispuestos a correr, porque vende (y también compra) que puede imponer la solución general que no es válida fuera de su oficina.

 

INFOBAE

Última actualización el Martes, 02 de Junio de 2020 01:17
 
Bolsonaro y la sombra de Lula PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 27 de Octubre de 2018 00:28

Por  YOANI SÁNCHEZ.-

Si todo sale como las encuestas predicen, el próximo 28 de octubre el ultraderechista Jair Bolsonaro podría alzarse con el triunfo en la segunda vuelta de las presidenciales brasileñas.

La segunda vuelta, que se celebrará previsiblemente entre Haddad y Bolsonaro, estará más centrada en el voto en contra que en el favorable.

Esta posible victoria estaría apuntalada no solo por el hastío de buena parte de la población ante la corrupción y la ineficiencia de la clase política, sino también por el peso muerto que ha representado para el candidato Fernando Haddad la cercanía con Luiz Inácio Lula da Silva.

Última actualización el Domingo, 03 de Febrero de 2019 02:30
 
El Alma de los Hombres PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 28 de Diciembre de 2018 09:02

Resultado de imagem para lopez obrador mexico

Por Óscar E. Gastélum.- 

Menos de dos semanas de que Andrés Manuel López Obrador tomó posesión cómo presidente de lo que queda de México, el país está sumido en el caos y la incertidumbre. Los tenedores de bonos de lo que iba a ser nuestro nuevo aeropuerto revolotean como zopilotes alrededor de las finanzas públicas (y ese es apenas el primero de los problemas que tendremos que enfrentar gracias a la cancelación del NAICM); el poder judicial se tambalea ante una andanada de ataques y descalificaciones groseras orquestadas por un demagogo que, obstinado en transformarse en un autócrata sin contrapesos, atiza el resentimiento de la plebe y lo encauza en contra de uno de los tres poderes de la Unión; los propagandistas del régimen siguen escupiendo mentiras, veneno, hiel y lambisconería rastrera, al tiempo que reciben jugosos huesos como premio por sus abyectos servicios; diariamente contemplamos con impotencia el desmantelamiento irresponsable y sistemático del Estado mexicano; los inversionistas huyen con millones y millones de dólares de un país que súbitamente se volvió inestable y riesgoso; los burócratas de todos los niveles sucumben al desánimo ante el maltrato al que los están sometiendo; la violencia no cesa frente a las ocurrencias y los disparates de las nuevas autoridades, ni ante los chanclazos de las madrecitas. Y un interminable etcétera de errores imperdonables y peligrosos despropósitos se van acumulando con el paso de los días.

Como si todo esto fuera poco, cada mañana, muy tempranito, el demagogo se para frente a un puñado de desdichados reporteros y, enfundado en un traje arrugado y horroroso, baña a la nación en un viscoso vómito de mentiras, necedades y desvaríos que, de ser pronunciados por un ciudadano común, lo llevarían inevitablemente al manicomio. La situación es tan opresiva e irrespirable que mucha gente empieza a presentar signos de estrés postraumático y agotamiento emocional, algo insólito para un sexenio tan ridículamente joven. Y no, ese ejército de gente harta y asqueada ante la nueva realidad nacional no está compuesto por corruptos y sinvergüenzas aterrados ante una revuelta justiciera que amenaza con destruir sus privilegios y transformar el país para bien (de hecho ellos no podrían estar más tranquilos), sino por ciudadanos ejemplares que alguna vez soñaron con vivir en una patria más justa, libre, segura y moderna. Y que quisieran seguir construyendo un país plenamente democrático, un Estado de derecho con instituciones sólidas, capaces de combatir la corrupción y la impunidad, con servicios públicos de primera categoría que ayuden a cerrar la brecha entre ricos y pobres, y con un justo equilibrio entre libertad e igualdad de oportunidades. Gente que alucinaba la ineptitud, la pusilanimidad y la corrupción impúdica de Peña Nieto, pero que sabe muy bien que la autocracia que están construyendo el demagogo y su secta será muchísimo peor que lo que hemos vivido en este par de décadas de imperfecta e incipiente democracia.

Pero eso es precisamente lo que quiere el demagogo: desanimarnos y envenenarnos. Sepultarnos bajo un pesado alud de imbecilidad, locuras y mentiras. Atosigarnos con fealdad e insultos constantes a nuestra inteligencia. Agotarnos mentalmente. Convencernos de que su movimiento es una aplanadora invencible y de que cualquier tipo de resistencia es inútil. Volver la atmósfera irrespirable para que salgamos huyendo rumbo al exilio o nos refugiemos en la pasividad, la indiferencia, el cinismo y la apatía. Por eso hay que estar preparados y defendernos de sus tácticas. Pues no estamos frente a un mal gobierno común y corriente, como tantos que hemos padecido y sobrevivido en el pasado, sino ante un régimen potencialmente maligno, que podría precipitarnos al abismo y provocar una catástrofe de dimensiones apocalípticas. Es por ello que ni el apaciguamiento ni el colaboracionismo son opciones honorables o viables frente a un personaje como López Obrador. ¿Cómo podemos entonces enfrentarlo eficazmente? Para empezar, tenemos que impedir que el demagogo monopolice nuestra atención y nuestro tiempo. Debemos recordar constantemente que a pesar de los pesares la vida sigue siendo hermosa y digna de ser vivida, y buscar refugio en nuestros seres queridos y en nuestras pasiones: el arte, los viajes, el amor, la belleza, el deporte y todo lo que le dé sentido a nuestra existencia, y que las destructivas pezuñas del demagogo no puedan tocar. Esos respiros cotidianos son indispensables para cargar pilas y seguir combatiendo sin cuartel a este repelente y peligroso régimen.

En segundo lugar, tengamos bien presente que lo que estamos defendiendo son valores y principios sagrados e invaluables, lo mejor de nuestra civilización. Pues lo que está en juego es nada más y nada menos que la continuidad del proyecto ilustrado, hoy amenazado por la reacción y el obscurantismo de la postverdad. Nuestro deber es reivindicar la razón, la decencia, la democracia, la libertad, la verdad, el imperio de la ley, la dignidad humana, la belleza, la excelencia, el humor y la sabiduría. Y soñar con un futuro mejor, no con un pasado idealizado e irrepetible. Cuando nos sintamos desmotivados o alicaídos, pensemos en el infierno que debe ser trabajar como propagandista de López Obrador, tener que salir diariamente a justificar lo injustificable y tratar de defender, con las armas de la razón, a un ser irracional que medra con el caos y la mentira. Imaginemos lo que deben sentir quienes sacrificaron su reputación y su honor en el altar de un demagogo narcisista y cavernario. No puedo ni siquiera imaginar semejante tortura.

Y por último, tenemos que divertirnos defendiendo nuestras convicciones y luchando contra este régimen fascistoide. Sí, lo que está en juego es el futuro de nuestro país y del mundo moderno, pero lúdico no es sinónimo de frívolo ni antónimo de serio. Y es que la resistencia contra el demagogo y su secta será fresca, transgresora, irónica, divertida, juvenil e irreverente o no será. Nuestros rivales tienen por delante la pesadillesca tarea de defender a un anciano mitómano, reaccionario y todopoderoso. Nosotros tenemos la razón y la verdad de nuestro lado y todo el arsenal de la rebeldía a nuestra disposición. Ellos son los nuevos voceros del sistema, tan grises, mendaces, corrompidos y vomitivamente lambiscones como los viejos. Mientras que nosotros irradiamos el seductor y glamoroso halo de la subversión.

Sí, hoy por hoy la imbecilidad maligna y destructiva del demagogo, que está organizando una ceremonia new age para pedirle permiso a la “madre tierra” de destruirla y que acaba de pagarle sus favores electorales a Elba Esther Gordillo poniendo el futuro de millones de niños en sus garras, luce tan invencible que tiene hundida en una profunda depresión a mucha gente noble y decente. Es comprensible, pero no podemos olvidar que el mundo moderno ya ha atravesado por crisis tan o más peligrosas que esta. Imaginemos, por ejemplo, el nivel de desesperanza que sentía un ciudadano con nuestros valores a principios de 1933, cuando la civilización, cercada por dos monstruos totalitarios, parecía condenada a ser devorada por las tinieblas. Sin embargo, el mundo democrático y moderno no solamente sobrevivió a aquel infierno, sino que emergió fortalecido de la pesadilla. Hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para que ese triunfo de la luz sobre la obscuridad se repita en nuestros días. Pues como dijo el inmortal Thomas Paine:

«Estos son los tiempos que ponen a prueba el alma de los hombres. El soldado de verano y el patriota de tiempos tranquilos se abstendrán de prestar servicios a su país; pero el que puede resistir ahora merece el amor y agradecimiento de hombres y mujeres. La tiranía, como el infierno, no es fácil de vencer; pero tenemos este consuelo: que cuanto más duro es el conflicto, tanto más glorioso es el triunfo. Lo que nos cuesta poco, lo estimamos también en poco: es sólo lo que nos cuesta lo que da a cada cosa su valor».

Ojalá que estemos a la altura de las circunstancias. Feliz Navidad y que en 2019 veamos el principio del fin de esta tenebrosa era de barbarie y locura global…

JURISTASUNAM

Última actualización el Domingo, 03 de Febrero de 2019 02:38
 
El síndrome Maradona PDF Imprimir E-mail
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Jueves, 28 de Junio de 2018 14:29

Por FERNANDO MIRES.- 

Lo consiguió. Messi había hecho otra de sus maravillas: recibió el pase que le envió desde la lejanía Benegas, la bajó con el muslo izquierdo, la recogió con el empeine como si ese empeine fuese una bandeja de plata, se inclinó hacia el lado derecho y la clavó a media altura hacia el lado izquierdo, y todo eso a plena carrera, perseguido por dos nigerianos corriendo como locos detrás de él.


Entonces, el niño maleducado y consentido que vive dentro de ese gorila tatuado y gordo en que se ha convertido Maradona, no lo pudo soportar más. Tuvo lugar así la conflagración clásica de esa dualidad que caracteriza a todo conflicto psicótico: amor y odio sin posibilidad de separación. Amor paternal a Messi, su hijo futbolístico, y odio a ese hijo que hoy aparece ocupando "el lugar del padre" (Lacan), relación edípica invertida —la que merecería ser estudiada con más atención por la ciencia psicoanalítica— ligeramente esbozada por Freud en su Tótem y tabú.

Última actualización el Domingo, 03 de Febrero de 2019 02:33
 
La victoria de Bolsonaro en Brasil es mucho más que la derrota de la izquierda política PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Sábado, 03 de Noviembre de 2018 02:30

Resultado de imagem para derrota del marxismo cultural

Por Jorge Hernández Fonseca.- 

Bolsonaro ha derrotado en Brasil no sólo a la nefasta política cleptómana del mayor partido marxista de América Latina, sino también, y sobre todo, al marxismo 2.0 que le era adyacente, con la defensa que quiso imponer de lo "politicamente correcto".


La victoria de Bolsonaro en Brasil es mucho más que la derrota de la izquierda política

Jorge Hernández Fonseca

28 de Octubre de 2018

La sociedad occidental actual está sólidamente marcada por la derrota política del marxismo en el terreno político, tan fuertemente como por la bien sucedida influencia del marxismo en la ideología social --el “marxismo cultural”-- llamado aquí marxismo 2.0. Esta ideología fue desarrollada por los pensadores de la “Escuela de Frankfurt”, sumando los trabajos del italiano Antonio Gramsci. El marxismo 2.0 propugna penetrar la civilización occidental cuestionando sus bases religiosas, filosóficas y culturales, para debilitarla, con vistas a --ya que fueron derrotados en el campo político-- subvertir sus valores básicos y así asestarle una derrota revanchista.


 

Bolsonaro ha derrotado en Brasil no sólo a la nefasta política cleptómana del mayor partido marxista de América Latina, sino también, y sobre todo, al marxismo 2.0 que le era adyacente, con la defensa que quiso imponer con la llamada “ideología de género”, el matrimonio homosexual, los dogmas sobre el “medio ambiente”, la lucha de la mujer contra el hombre, entre otras causas propias de las minorías que la defienden, que si bien juegan un papel importante dentro de la cultura occidental, no dejan de ser minorías que quieren imponer sus puntos de vista a los sectores mayoritarios. En síntesis, imponer lo “políticamente correcto”.


 

Muchos más que su programa político, Bolsonaro ha sabido hacer una lucha frontal --y hasta irreverente-- contra lo llamado “políticamente correcto”, que es la manera en que el marxismo 2.0 se ha impuesto en nuestra cultura occidental para apoderarse de “la” verdad, imponiendo lo que sería la visión “correcta” (se le agrega lo de políticamente, para defender la izquierda política que lo sustenta desde su base marxista) de manera a dominar desde la cultura y la filosofía social, lo que no pudieron en el aspecto político, en el que fueron derrotados.


 

Si el marxismo desde el poder --detentado en decenas de países durante decenas de años-- no consiguió generar desarrollo económico y por tanto sólo consiguió retraso en las sociedades donde fue implantado, el actual marxismo 2.0, con su impronta cultural anti-ética, con su filosofía relativista y cuestionadora de nuestras bases cristianas, mucho menos conseguirá hacer triunfar semejante filosofía del ateísmo, el relativismo moral y la imposición dogmática de principios que afrontan la exitosa sociedad occidental, incubada en largos siglos de desarrollo.


 

Pocos en Brasil saben del programa político que Bolsonaro aplicará, lo que si saben muy bien cuál es su filosofía social, de corte netamente occidental: la sociedad debe incentivar un espíritu religioso sobre la filosofía relativista despojada de espiritualidad; el estado tiene que apoyar a las víctimas, no a los delincuentes, como lo hace la izquierda local; el estado tiene que proteger la familia, no su destrucción, como incentiva la izquierda; el estado tiene que incentivar la disciplina individual, no el desorden, invasiones de tierras y edificios, que propugna la izquierda brasileña; condenar fuertemente el estupro, el robo, el latrocinio y otras manifestaciones de las cuales la izquierda brasileña ha sido más que connivente, cómplice en muchos de los casos.


 

Así, la victoria de Donald Trump en Estados Unidos es algo más que la victoria de un conservador contra un “progresista”; el triunfo del Guiseppe Conte en Italia es más que el retorno de la derecha al gobierno; el acceso al poder de Mateusz Morawiecki en Polonia es mucho más que la reacción derechista de los polacos; la victoria del llamado BREXIT en Inglaterra, es bastante más que el triunfo del aislacionismo derechista de los ingleses, y así un largo y extenso etcétera, que significa el retroceso del marxismo 2.0 en nuestras sociedades.


 

De manera que, el triunfo de Bolsonaro en Brasil no es la victoria de un “ultraderechista”, como lo califica la izquierda derrotada. Es el triunfo de la sociedad occidental contra el retroceso revanchista que significa la filosofía de lo “políticamente correcto” sobre nuestros preceptos éticos y morales, procedentes de la fe cristiana y de la filosofía greco romana que nos ha hecho grandes, no sólo en la economía --que los marxistas cuestionaron equivocadamente-- sino también en el terreno de los conceptos filosóficos, éticos y morales que nos han hecho grandes.


 

 

Artículos de este autor pueden ser encontrados en http://www.cubalibredigital.com

Última actualización el Miércoles, 14 de Noviembre de 2018 08:30
 
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