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Artigos: Latinoamérica Fidelochavista
Vicepresidente de Ecuador suspendido de sus funciones e implicado en el escándalo Odebrecht PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 04 de Agosto de 2017 16:44

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-

Naples. Estados Unidos. Ecuador, la pequeña nación suramericana se estremece por estos días; aunque ante la magnitud del grave conflicto venezolano los sucesos de la patria de Eloy Alfaro pasan a un lugar secundario.

No obstante, dada su importancia, no solo para el país, sino para la región no hemos de pasar por alto al menos tres sucesos: su grave situación económica vista como una verdadera crisis, una millonaria deuda heredada del correísmo, que supera los $57 mil millones, y por último, la suspensión de sus funciones por parte del presidente de la República al vicepresidente actual, Jorge Glas, por sus serias implicaciones en el escándalo Odebrecht y en otros casos de corrupción.

Es justamente en este último punto donde quiero detenerme, y no lo haré con fines especulativos; sino sin dejarme influenciar por el sensacionalismo – del cual siempre he estado apartado, aún sabiendo que pudiera tener menos lectores que si me dedicara a temas desde una óptica “amarillista”- y asumiendo una postura crítica y a la vez justa.

En primer lugar, jamás fui defensor del binomio presidencial Lenín Moreno-Jorge Glas. El hecho de representar a un partido de línea izquierdista fue suficiente como para rechazar de manera enérgica esta propuesta que significaba una continuidad de la línea socialista impuesta por Rafael Correa durante su década dictatorial.

Segundo, el hecho de que la campaña pre-elección fuera promovida por el propio Rafael Correa, no solo dentro de Ecuador, sino en varios países como Italia, España y Estados Unidos, en los que se concentran la mayor parte de los emigrados ecuatorianos, reforzaba aún más el rechazo hacia los candidatos de Alianza PAIS, el partido oficialista dirigido por Correa.

Tercero, independientemente de estos dos elementos y de considerar a Guillermo Lasso, el representante de la oposición por el Movimiento Político CREO-SUMA - actualmente solo como CREO-, como el candidato a la presidencia con excelentes condiciones y una perspectiva de cambios radicales, no podía pronunciarme en contra de Lenín Moreno por el hecho de que representara un continuismo político con el que estaba en desacuerdo, por cuanto, no encontré jamás elementos que me permitieran caracterizarlo de manera negativa.

Contrariamente,  Lenín Moreno – y esto es algo que apenas se sabe- fue nominado al premio Nobel de la paz, y ha realizado una labor encomiable en pos del bienestar social de los discapacitados en Ecuador, además de sus funciones como representante diplomático en Ginebra, por lo que supe de manera muy anticipada que su mandato – suponiendo que resultara triunfador, algo que al final sucedió- sería muy diferente al estilo prepotente y totalitarista de Rafael Correa.

Así las cosas, durante los dos meses de su mandato una serie de transformaciones radicales han tenido lugar en Ecuador, cambios que lo alejan definitivamente – para bien de la nación y de la región- del llamado socialismo del siglo XXI, y esto es algo que ha desatado una polémica muy grande y grave entre el actual mandatario y el expresidente, quien desde Bélgica, a donde se ha ido a disfrutar mientras dejó una enorme deuda y un país en las ruinas, ha arremetido contra Moreno, a quien considera un traidor.

El grave conflicto político surge en medio de la crisis económica al presentar el Partido Izquierda Democrática un comunicado al presidente Moreno en el que se pronuncian sobre las recientes revelaciones de audios filtrados en el caso Odebrecht, en el que se hace referencia al vicepresidente Jorge Glas durante una conversación, supuestamente entre el excontralor Carlos Pólit y el alto ejecutivo internacional de la constructora, José Conceição dos Santos Filho.

Wilma Andrade Muñoz, Presidenta Nacional de Izquierda Democrática, hacia el final del oficio enviado al presidente Moreno expresó: “Señor presidente, por el respeto que se merece el país y los ecuatorianos, es el momento que usted le retire la confianza y pida la renuncia del señor Jorge Glas a la vicepresidencia de la República del Ecuador, única forma de demostrar que no se ampara ni  solapa la corrupción, de no hacerlo terminará contaminándole”.

Por su parte, Guillermo Lasso y el Bloque de CREO han pedido también al presidente la renuncia de Jorge Glas a la vicepresidencia. Moreno se mantuvo dos días guardando silencio sobre el caso de Jorge Glas, pero justo este jueves 3 de agosto, determinó suspenderlo de sus funciones.

A través de la firma del decreto ejecutivo 100, Lenín Moreno suspende a Glas de sus funciones en el Consejo Productivo, en el Consejo Consultivo Productivo y Tributario, y en el Comité de la Reconstrucción, lo que le había sido asignado una vez que comenzara el nuevo mandatario.

Mientras,  la Fiscalía General abrió este jueves una indagación tras haber recibido un informe de Contraloría General del Estado con indicios de responsabilidad penal dentro del proceso de contratación del Consorcio DGC (conformado por Dygoil y Gente Oil Development Ecuador LLC) para la explotación petrolera en el campo Singue (en Sucumbíos).

El fiscal general precisó que Glas es uno de los indagados por un “potencial delito de peculado”, aunque  explicó que recién se inicia la investigación y que podrían confirmarse o descartarse dichos indicios.

Contraloría determinó que entre 2013 y 2016 el Estado pagó a estas contratistas privadas $ 137,5 millones por la extracción de 4,9 millones de barriles, con tarifa de $ 33,50 por barril. No obstante, la Contraloría detectó que la tarifa debió ser menor ($ 32,45) considerando que el número de barriles extraídos fue 244,7% más de lo que se preveía podía obtenerse en 20 años. La mayor producción debió alertar a las autoridades a renegociar la tarifa. Esto no ocurrió y por ello se considera que ha habido un perjuicio al fisco de $ 5,2 millones.

Finalmente el diario O'Globo publicó la noche de este jueves una información en la que José Conceição Filho, exdirector de Odebrecht en Ecuador, pagó por lo menos 14,1 millones de dólares en sobornos entre 2012 y 2016 al vicepresidente Jorge Glas. El exfuncionario de Odebrecht afirmó en su declaración que hizo con Glas y con Ricardo Rivera -a quien identificó como su intermediario- lo mismo que hizo con el excontrolador Carlos Pólit: grabó conversaciones con ambos, para producir una prueba que corroborara sus relatos. Se asegura que en uno de los encuentros, en la propia oficina de la Vicepresidencia, Glas pidió dinero para su campaña electoral.

Desde su cuenta de Twitter, Rafael Correa, con su cinismo e ironía característicos ha expresado en relación con la suspensión de Glas: “¡Ups! ¡El "diálogo sólo ha sido para los que odian la Revolución! Adelante, JORGE. – refiriéndose al vicepresidente suspendido-. Tómalo como una condecoración”.

No se trata de una traición del presidente Moreno; sino de una enérgica denuncia a la corrupción heredada de un dictador que fue capaz de cuadruplicar la deuda ecuatoriana durante la década de su mandato. Esperemos que en los próximos días también Correa pase a formar la lista de los corruptos comprobados del socialismo del siglo XXI.

Última actualización el Sábado, 02 de Septiembre de 2017 13:36
 
El fenómeno venezolano después de la Constituyente PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Martes, 15 de Agosto de 2017 12:17

Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-

Naples. Estados Unidos.- Una de las mayores pruebas que demuestran que el régimen chavista-madurista atraviesa por el peor momento de su oscura y tenebrosa historia es el contundente rechazo de la comunidad internacional, de manera particular, la decisión de diecisiete países de América Latina y el Caribe, cuyos cancilleres reunidos en Lima, Perú, reafirmaron que en Venezuela no hay una democracia, y por lo tanto, desconocen todos los actos jurídicos que realice la Asamblea Nacional Constituyente, entre ellos, aquellos contratos de Venezuela no aprobados por la Asamblea Nacional.

Hace solo unos días al tratar algunos temas en torno al complejo contexto de América Latina, y especialmente de Venezuela, me anticipaba en tres aspectos. Primero, al comentar acerca del aislamiento – al que decidí llamar ostracismo ante el posible grado superlativo que alcanzaría - en que quedaría sumida Venezuela a partir de la implantación por la fuerza de la Constituyente –en lo que creo no haberme equivocado–, el gobierno de Nicolás Maduro recibiría la desaprobación de todos sus actos.

El hecho de que los gobiernos democráticos de estos diecisiete países de Latinoamérica y el Caribe se nieguen a aceptar aquello que han interpretado – y con mucha razón y conocimiento de causa- como ilegítimo, nos da la medida de esta condición a la que ya hice referencia en mi escrito, La Constituyente y el ostracismo venezolano en el contexto latinoamericano, en el que me referí  a “un estado de ostracismo que la hace desaparecer del contexto de la región junto a sus pocos aliados”.

Segundo, también he dicho que Maduro tiene sus días contados – solo que no pronostiqué la exactitud de los días-, y esto pudiera parecer una superficialidad amarillista; pero no es así. La difícil situación política que prevalece en su país nos permite asegurar que la posibilidad de que aparezca alguien con valentía y ansias de hacerlo desaparecer no está descartada, y esto sería, sin duda, una excelente manera que contribuiría, aunque no radicalmente, a la restitución del orden constitucional y de la democracia.

Tercero, además afirmé que ciertos sectores del propio ejército asumirían su rol de verdaderos defensores del pueblo venezolano y se rebelarían contra Nicolás Maduro, algo que está ocurriendo lentamente, pero está ocurriendo, desde varios puntos del país. De modo que estamos en el preámbulo del estallido de una verdadera guerra. Una guerra, que llamarla necesaria en pleno siglo XXI, resulta una paradoja; pero no queda otra opción.

“Una opción sería que las cosas terminaran en un verdadero mar de sangre originado por un enfrentamiento de una sección del propio ejército contra el gobierno y sus fuerzas represivas, en este caso el ilegítimo presidente resultaría eliminado de la forma en que las multitudes quisieran”, afirmé hace unos días en un escrito titulado: Convulsos y decisivos días para “Nuestra América”, publicado en varios medios, lo que aun no se ha logrado consumar como acto en su totalidad; aunque los levantamientos que por estos días han tenido lugar en varios lugares del país demuestran la posibilidad de que esta hipótesis se haga realidad, lo que sería la vía de mayor posibilidad para exterminar definitivamente al régimen comunista que encabeza Nicolás Maduro.

Ya las formas de lucha no violenta y de resistencia pacífica han sido agotadas, y por otra parte, dichas variantes de lucha empiezan a perder su valor desde el momento en que se instauró la Constituyente, por cuanto, esto presupone un mayor grado de totalitarismo y la pérdida de los espacios mínimos para el accionar de los movimientos opositores – control absoluto de los medios de difusión, eliminación de la posibilidad de marchar pacíficamente, prohibiciones de actos y reuniones, etc.-, lo que frenaría el desarrollo de las variantes no violentas, las que hasta el presente han ocupado el protagonismo en la lucha contra la dictadura venezolana.

El régimen se ha burlado de los pocos diálogos y rondas de conversaciones que en torno al tema venezolano se han realizado. Luis Almagro, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos, OEA, se ha desgastado en los últimos tiempos – desde mucho antes de la agudización de la crisis ha estado intentando aplicar la llamada Carta Democrática y ahora se declaró como no reconocedor de la Constituyente- durante su encomiable lucha en pos del pueblo venezolano, pero sin resultados concretos.

De la Santa Sede, sería preferible asumir la misma actitud del Sumo Pontífice, es decir, guardar silencio. El mutismo sepulcral del Papa Francisco lo hace cómplice del régimen. Jamás pensé que una figura que representa a una institución con una tradición de fe y de servicio humanitario de tantos siglos fuera capaz de estar indiferente ante la barbarie de la dictadura venezolana. Recordemos que sus escasos pronunciamientos tienen un matiz que los hace susceptibles de ser interpretados en varias direcciones, dando la impresión de querer dar una apariencia a la comunidad católica que en el fondo no es.

En esencia, no ha habido un verdadero pronunciamiento del Vaticano que pueda estremecer al dictador, algo que el mundo ha estado esperando; pero ya va siendo tarde. Al menos, ante las más de cien muertes ocurridas en estos últimos tres meses como consecuencia de las protestas populares contra el chavismo, la comunidad internacional ha esperado una sabia y contundente intervención de quien, se supone, se sitúe siempre al lado de la justicia – si es que realmente representa la justicia divina, y el orden y la armonía del universo-.

Las sanciones por parte del gobierno de Estados Unidos no funcionarán, y lejos de traer algún beneficio, perjudican directamente al pueblo venezolano que cada vez más perece en la miseria, y esto no solo lo digo yo, sino que el relator especial de la Organización de las Naciones Unidas, ONU, sobre derechos humanos y sanciones internacionales, Idriss Jazairy, recomendó este viernes no imponer medidas restrictivas a Venezuela por la crisis democrática que vive el país pues – según cree – estas medidas solo empeorarían el sufrimiento de los ciudadanos venezolanos. “Las sanciones son perturbadoras para cualquier estado y pueden tener un impacto particularmente devastador en los ciudadanos de países en desarrollo cuando perjudican la economía” (…) “Insto a todos los países a evitar la aplicación de sanciones salvo que sean aprobadas por el Consejo de Seguridad de la ONU, tal como requiere la Carta” (del organismo) precisó el relator.

Por otro lado Donald Trump y su administración están ahora, justo ahora que Venezuela está más necesitada que nunca, inmersos en el conflicto de Corea del Norte y las graves consecuencias que como resultado de una intervención inminente se desatarían. Las presuntas participaciones de China, Japón y Corea del Sur, prácticamente vaticinan el inicio de una tercera guerra mundial; aunque Trump acaba de expresar la noche de este viernes, 11 de agosto:

“Tenemos muchas opciones para Venezuela, incluyendo, posiblemente, una opción militar si es necesario", algo que me impresiona muy distante a pesar de que el polémico presidente hizo referencia a la “cercanía” de Venezuela.

De modo que, aunque resulte controversial, la guerra sería un paso necesario. El enfrentamiento entre un segmento sublevado del ejército venezolano y las fuerzas defensoras del madurismo – adiestradas y dirigidas por el sistema comunista cubano- es ya un hecho inminente, tal vez lo único que pudiera sacar definitivamente el remanente comunista de la perdida nación suramericana.

 
LA TRAMPA ANTI ELECTORAL DE NICOLÁS MADURO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Miércoles, 09 de Agosto de 2017 21:33

Fernando Mires.-

Nunca dos personas relatan un mismo hecho de un modo exactamente igual. Uno acentúa lo uno, el otro lo otro. De ahí que me atreva a formular la siguiente frase: el relato de un hecho dice más sobre la persona que relata el hecho que sobre el hecho relatado. Con mayor razón ocurre así en los procesos colectivos en donde priman visiones ideológicas, experiencias contrapuestas, distintas biografías. Así se explica por qué las deducciones que surgen del relato del hecho no solamente son diferentes, sino, además, antagónicas entre sí. Esa es la razón por la cual el colosal fraude perpetrado por la CNE el 30 de Julio (30/J) ha sido interpretado de modo muy diferente por los diversos sectores que conforman la oposición, dentro y fuera de la MUD.

Resumo: hay tres grupos de opinión.

Según el primer grupo, el megafraude cometido por la dictadura el 30/J ha enterrado la vía electoral asumida por la mayoría de la oposición desde el 2006 (candidatura de Rosales)  y el 2007 (plebiscito de Chávez), vía que interrumpió las alternativas voluntaristas (carmonismo, paro petrolero, abstencionismo) asumiendo la defensa de la Constitución liberal y chavista de 1999.

Según el segundo grupo, el grotesco fraude, evidenciado y probado por las revelaciones de Smartmatic, ha puesto de manifiesto que las elecciones son imposibles de ser realizadas bajo la tutela de la CNE dirigida por Tibisay Lucena (después de Diosdado y Maduro, la persona más detestada de Venezuela). El tenor predominante de ese grupo es: yo votaría, pero no con ese CNE.

Un tercer grupo considera necesario participar en las elecciones regionales que eventualmente tendrían lugar en diciembre, pues no hacerlo significaría regalar a Maduro 23 gobernaciones y, además, facilitar el cumplimiento de la utopía de todas las dictaduras, a saber: elecciones sí, pero sin participación de la oposición (al estilo cubano)

En el primer grupo hay muy débil comunicación con el segundo y casi ninguna con el tercero. Se trata de sectores más culturales que políticos, muy emocionales, reacios al debate, seguidores de líderes mesiánicos cuya retórica basada en códigos de honor los encandila. La presencia medial de este grupo es muy superior a su inserción real en la sociedad, razón por la cual logran en determinadas ocasiones ejercer una fuerte presión dentro de la MUD. Son los de La Salida, los del Maduro vete ya, los de la marcha sin retorno, los de la Hora Cero, los de con mis muertos no te metas, los de votar es traición, y los del gobierno de transición con embajadas en el exilio (¡!).

La discusión principal tiene lugar entonces entre el grupo dos y el tres. Aunque los del grupo dos coinciden con los del uno en que después del fraude del 30/J es imposible asistir a los comicios sin legitimar al régimen, muchos estarían de acuerdo con votar, siempre y cuando tenga lugar una reestructuración de la CNE (algo difícil que ocurra durante Maduro) Las revelaciones de Smartmatic confirmarían, aparentemente, esa posición. Los del grupo tres, sin embargo, han realizado una distinta lectura con respecto a los mismos hechos.

De acuerdo al grupo tres, esa CNE es exactamente la misma del 6D del 2015. Según los del dos es la misma pero bajo condiciones diferentes a las del 2015 pues hoy la dictadura es abierta y confesa. Los del grupo tresafirman que justamente por eso es necesario participar en las elecciones pues lo contrario significaría legitimar a la dictadura. Los del dos afirman que participar electoralmente significaría legitimar a la dictadura. Los del tresque participar significaría relegitimar la vía electoral en contra de una dictadura que intenta dinamitarla. La discusión parece no tener fin. No obstante, podría ser resuelta con una sola pregunta: ¿a quién interesa que la oposición no participe en las elecciones? La respuesta solo puede ser una: A Maduro y su mafia.

Si la oposición no participa en elecciones, Maduro no se vería impulsado a suprimirlas. Entonces, preguntarán lo del grupo dos ¿para qué participar en elecciones si Maduro las va a suprimir y si no es así las va a desconocer? Supongamos que sea así. En ese caso Maduro chocaría una vez más con la legalidad y con ello agregaría varios puntos más a su deslegitimación interna y externa. Sin embargo, en ese punto, el profesor Juan Carlos Soza Azpurúa apunta con buenas razones que a la dictadura de Maduro no le interesa tener legitimidad pues le basta con el uso de la fuerza.

El señor Soza Azpurúa tiene razón. Pero solo en parte. A ninguna dictadura, ni siquiera a la de Maduro, le conviene aumentar su grado de deslegitimación, mucho más si esa deslegitimación amenaza trizar sus filas. Gracias a esa desligitimación progresiva el chavismo se encuentra internamente deteriorado. Si ese proceso sigue aumentando –y un nuevo robo de elecciones lo aumentaría de modo considerable– puede consumarse el golpe de gracia que necesita la dictadura para irse de este mundo. Es una hipótesis. Tómese como tal. Lo importante es que Maduro no quiere que la oposición participe en las elecciones. Y bien, en este punto hay que recordar una de las premisas básicas de la política. Ella dice: Nunca hagas lo que tu enemigo quiere que hagas. Pero los del grupo uno y en parte los del dos, se empecinan en hacer lo que Maduro quiere que hagas. Están pisando la trampa. Esa es la trampa.

¿Dónde está la trampa?

Precisamente en el fraude del 30/J, reconfirmado por Smartmatic/Reuter.

¿Quién no sabía que después de los 7 millones y medio de votos obtenidos por la oposición, Maduro iba a ordenar a Lucena que inventara por lo menos ocho millones? La vara se la pusieron muy alta, pero igual la saltó haciendo un horroroso fraude. Al respecto hay dos lecturas. Una alegre y otra no tanto.

La lectura alegre dice: el fraude fue tan increíblemente obsceno que la dictadura se desligitimó definitivamente frente a la opinión mundial. En ese punto, y aunque parezca insólito, comparto mi opinión con la del profesor Soza Azpurúa. A la dictadura le interesa un carajo la opinión mundial. Lo importante para ella era sobrepasar la votación de la oposición fuera como fuera. Desde un punto de vista dictatorial no podía hacer otra cosa. Si yo hubiera sido dictador habría hecho lo mismo.

Pero hay otra lectura que no es tan alegre. Esa lectura dice: a la dictadura le interesaba mostrar abiertamente que es fraudulenta. Solo así la oposición no se atreverá a medirse. Pues bien; ahí yace precisamente la trampa.Mediante la amenaza del fraude, Maduro intenta desmoralizar a la oposición y con ello alejarla de todos los procesos electorales, justamente los únicos en los cuales esa oposición puede ganar. O en otras palabras: mientras más visible sea el fraude, mayor será el escepticismo de la ciudadanía para participar en procesos electorales. Así el dictador gana por partida doble. Por una parte, hace elecciones y se queda con todos los votos. Por otra, desprestigia al máximo la vía electoral sin que la oposición tenga otra alternativa de lucha. Negocio redondo.

La dictadura de Maduro y su mafia es, como toda dictadura, antielectoral. Pero entre suprimir las elecciones y hacer elecciones tipo Cuba, es decir, sin oposición, prefiere, obviamente, la segunda posibilidad. El problema es que realmente lo puede lograr gracias a la ayuda que le presta una parte de la propia oposición (primer y segundo grupo).

La tarea política de la oposición -si no quiere pisar la trampa tendida por la dictadura- es ir directamente a las elecciones regionales, ocupar sus espacios y dar ahí otra batalla. Pero ir a ganarlas como fueron ganadas las del 6-D. Los del grupo dos dirán: el tiempo es otro que el del 6D. No es cierto. Es la misma dictadura, es el mismo Maduro, es la misma CNE y es la misma oposición (aún más amplia todavía que durante el 2015).

La posición del grupo tres se encuentra avalada por tres razones. Una práctica, otra histórica y otra política. La lógica de la razón práctica enseña que cada vez que la oposición va a elecciones, haciéndose presente en las mesas, cotejando voto tras voto desde la primera hasta la última hora, logra resultados favorables. La lógica de la razón histórica enseña que los más grandes éxitos de la oposición han sido obtenidos en el área electoral y en ninguna otra. La lógica de la razón política enseña que nunca las movilizaciones populares han sido más intensas que cuando aparecen articuladas en torno a un objetivo electoral. Sí, electoral.

¿No fue la lucha por el revocatorio una lucha electoral? ¿No fue la lucha por las regionales, antes de que Maduro las robara, una lucha electoral? ¿Nadie se acuerda de  los grandes peregrinajes de recolección de firmas a los que sometió la sádica Lucena a la ciudadanía ansiosa de votar? ¿No fue el estallido popular que comenzó en abril de 2017 una demostración de que la ciudadanía estaba dispuesta a darlo todo para defender a la AN, elegida con sus votos? ¿No surgieron las grandes protestas callejeras en defensa del sufragio universal avasallado por una constituyente que inventaron los secuaces de Maduro con el único objetivo de evitar las elecciones regionales? ¿No diseñó la oposición su línea política como democrática, pacífica, constitucional y ELECTORAL? Y después de todo eso, ahora, cuando se abren las perspectivas para inundar a Venezuela con votos antidictatoriales, los de siempre, los del grupo uno y dos, intentan echar pie atrás, pisando la trampa tendida por la dictadura.

No. Desde una perspectiva histórica no se trata de cambiar de ruta como arguyen los del grupo uno y dos. Todo lo contrario, se trata de reafirmarla. La oposición –o su gran mayoría- es constitucional porque es electoral y es electoral porque es constitucional. Quienes intentan cambiar de ruta son los que quieren cerrar la vía electoral sin ofrecer ninguna otra, pisando así la trampa que Maduro les tendió.

Seamos francos de una vez por todas. La oposición tiene solo tres alternativas: 1) La lucha armada, para lo cual no está preparada 2) Soñar con un general divino, o con una invasión de marines comandados por Trump 3) La línea electoral, la que mejor conoce, la que más preocupa a Maduro.

Hay quizás una cuarta alternativa: ir a twitter y desde ahí insultar a los parlamentarios y candidatos de la MUD y a todos los que los apoyamos. No la recomiendo.

agosto 05, 2017

 
Semana Santa en Caracas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Jueves, 13 de Abril de 2017 12:23

Por IBSEN MARTÍNEZ .-

“En política, una semana es un tiempo muy largo”.

La frase, comúnmente atribuida al líder laborista y dos veces primer ministro británico Harold Wilson fue evocada oportunamente el pasado 7 de abril por Francisco Quico Toro, editor ejecutivo de Caracas Chronicles.

En efecto, la manera como en Venezuela se han despeñado graníticas moles de arbitrariedad y desprecio a la ley que parecían inconmovibles, otorga razón al líder inglés. Apenas semanas atrás, Nicolás Maduro podía ufanarse de haber capeado la ola de multitudinarias manifestaciones de protesta promovida por la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en octubre pasado, encaminada a forzar la convocatoria a un referéndum revocatorio.

Pareció entonces que dos estrategias opositoras que en 2014 habían demostrado ser irreconciliables, confluían al fin en los últimos meses de 2016, así no fuese concertadamente entre ellas, para poner a Maduro contra la pared y obligarlo a él y al partido mayoritario de la proterva coalición de cacos y narcogenerales que lo apoya, a dejar el poder. El movimiento de pinzas que en un extremo tenía a multitudinarias manifestaciones callejeras, y en el otro, al para muchos exasperante forcejeo de la dirigencia democrática y constitucionalista con un Gobierno de forajidos, fracasó cuando la MUD pareció caer en una celada.

La añagaza con que Maduro logró detener la ofensiva civilista y democrática fue promover un “diálogo” apadrinado por el Vaticano y por trapisondistas internacionales de la talla de Ernesto Samper, José Luis Rodríguez Zapatero y un tercero, un político quisqueyano que ni sé cómo se llama. (Me pasa con el descafeinado expresidente de República Dominicana lo mismo que a Jerry Seinfeld cuando le toca nombrar a los tres tenores y dice: Domingo, Pavarotti y “el otro tipo”).

Pese a algunos comunicados aclaratorios de su escrupuloso papel mediador, nunca estuvo claro para la gran masa opositora venezolana de qué lado estaba el Vaticano.

Y aun sin presumir entreguista mala fe en la dirigencia demócrata, el efecto neto que tuvo el inconducente “diálogo” fue un recrudecer de los reflejos antipolíticos de los opositores de a pie.

Cundió entre la gente, no solo el desánimo, sino la indignación al ver cómo el cantinflérico y siempre mendaz Maduro hurtaba el cuerpo a las elecciones regionales que debieron realizarse en diciembre pasado y a las condiciones que puso la oposición para “dialogar”. Estas eran, entre otras, la libertad de todos los presos políticos, abrir un canal internacional de ayuda humanitaria y una fecha en 2016 para el referéndum. Al mismo tiempo, el Gobierno seguía encarcelando dirigentes de los partidos democráticos. La MUD cayó es un descrédito del que, llegó a temerse, no saldría nunca más. El año terminó sin que la promesa de “salir de Maduro ante de seis meses”, hecha en enero pasado por el entonces presidente de la Asamblea Nacional, se cumpliese.

Así estaba la pizarra de anotaciones del partido cuando, envalentonado y dispuesto a patear el tablero y propinarle el proverbial definitivo palo a la lámpara, Maduro obtuvo de su obsecuente Tribunal Supremo una sentencia que disolvía de facto la Asamblea y lo investía con todas las potestades de un dictador. De la noche a la mañana, la resuelta reacción de la MUD, la indoblegable protesta callejera en la que todos los dirigentes democráticos, sin excepción, se han jugado valientemente el pellejo cada día junto a los batalladores manifestantes, ha deparado a Maduro un volte-face de la Fortuna.

Esta Semana Santa ha comenzado su camino al Calvario. La tiranía chavista está decidida a perpetuarse a sangre y fuego y lo está demostrando, pero, irremediablemente para ella, tiene ya sus días contados.

EL PAIS; ESPANHA

@ibsenmartinez

 
Ecuador añade preocupación a la izquierda sudamericana PDF Imprimir E-mail
Escrito por Indicado en la materia   
Viernes, 31 de Marzo de 2017 13:43

Por NELSON FERNÁNDEZ SALVIDIO.-

¿Liberal o socialista? Los ecuatorianos ya no tienen una carta amplia con propuestas de diverso tono y matices, ahora es como cuando los pasajeros de un avión deben decidir en poco tiempo ante la pregunta de la azafata: ¿pollo o pasta?.

La decisión no es tan sencilla y de alguna manera, no involucra solamente a Ecuador, porque las opciones implican una continuidad político-ideológico en uno de los países que fue fundamental en el eje “progresista” y alineado al “socialismo bolivariano” impulsado por Hugo Chávez, o un quiebre drástico de tendencia y la inclinación a un gobierno de corte liberal.

Al terminar el feriado de Carnaval, los candidatos presidenciales de Ecuador retomarán la campaña electoral hacia el balotaje del 2 de abril.

Curiosamente uno de los candidatos lleva por nombre el apellido del líder de la revolución bolchevique y símbolo del comunismo, y el otro, inició su vida laboral en la bolsa de valores y llegó a ser banquero, esencia máxima del capitalismo. Lenin Moreno es el candidato del oficialismo, el “Movimiento Alianza PAIS – Patria Altiva I Soberana” y en las elecciones primarias obtuvo 39,36% de los votos, muy cerca de ganar en primera vuelta.

Guillermo Lasso es el principal candidato de la oposición, desde su “Movimiento CREO- Creando Oportunidades” y consiguió 28,1% de los votantes. Para el camino a la segunda vuelta, Lasso tiene el apoyo de la que fue tercera en esa votación, la candidata del Partido Social Cristiano, Cynthia Viteri, que consiguió 16,32%.

Moreno ya sabe lo que es dar vuelta una elección, porque cuando Correa llegó a la Presidencia, él era su candidato a vice, y aunque en primera ronda quedaron segundos con 22,8%, detrás de la fórmula Álvaro Noboa-Vicente Taiano con 26,8%, luego revirtieron el resultado y ganaron por 56,7% a 43,3%.

Eso pone más nervioso ahora a Lenin Moreno porque sabe que no arranca necesariamente como favorito, sino que la experiencia muestra que es una carrera nueva. Y en este caso, el movimiento de Correa parte perdiendo la condición de favorito.

Rafael Correa y Lenin Moreno asumieron el 15 de enero de 2007 y desde entonces han estado en el gobierno. En 2009, Correa ganó en primera vuelta con 52% y en 2013 lo hizo por mayor diferencia, con 57,2%. O sea que crecieron fuerte en 2007-09, y lo siguieron haciendo en 2010-13, pero retrocedieron hacia este 2017.

La preocupación de la izquierda ecuatoriana también se reproduce en el resto del continente a movimientos que integraron una “ola progresista” que se ido retrayendo con un efecto de caída de fichas de dominó.

En Argentina, la sorpresa de cambio se dio el 22 de noviembre de 2015 cuando la fórmula Mauricio Macri-Gabriela Michetti de “Cambiemos” (alianza de centro-derecha liderada por el “Pro”-Propuesta Republicana), derrotó a la del oficialismo, Daniel Scioli-Carlos Zannini (Frente para la Victoria), por 51,3% a 48,7%. Eso marcó una dura derrota para la fracción de izquierda radical del peronismo que gobernaba desde 2003.

En Venezuela, el chavismo sufrió un revés en las urnas el 6 de diciembre de 2015, cuando en las elecciones parlamentarias para renovación de su Poder Legislativo de 167 escaños, triunfó la “Mesa de la Unidad Democrática”, una mega alianza opositora de liberales, progresistas, democristianos, socialdemócratas, socialistas democráticos, centristas y conservadores, que obtuvo 45.2%, frente al oficialista “Gran Polo Patriótico Simón Bolívar” que tuvo 40.9%. La relación quedó con 112 bancas para la oposición y 55 para el oficialismo, chavismo representado por Nicolás Maduro.

moreno lasso el comercio

Al terminar el feriado de Carnaval, los candidatos presidenciales de Ecuador retomarán la campaña electoral hacia el balotaje del 2 de abril.

En Bolivia, el 21 de febrero de 2016, el presidente Evo Morales perdió el referéndum constitucional para lograr una nueva reelección en 2020 y tener un cuarto mandato. El “No” logró 51,3% de los votos, mientras el “Sí” obtuvo 48,7%. Luego Morales ha insistido en buscar una vuelta para ser reelegido, lo que según sondeos es rechazado por 64% de los bolivianos.

En Perú, el final de un gobierno que había asomado como nueva izquierda, mostró que la mayoría se inclinaba a opciones de derecha. En las elecciones del 10 de abril de 2016, la candidata de izquierda, Verónika Mendoza del “Frente Amplio”, quedó en tercer lugar y sólo con 18,7%. Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos Por el Kambio) ganó la presidencia frente a Keiko Fujimori (Fuerza Popular). Ollanta Humala había sido elegido por una coalición de socialistas y comunistas, y su mandato no tuvo continuidad.

En Brasil, tras la destitución de Dilma Rousseff, el 31 de agosto, el Partido de los Trabajadores (PT) dejó en evidencia su desgaste; lo que se vio el 2 de octubre de 2016, en las primeras elecciones después de esa crisis política. En San Pablo, el alcalde Fernando Haddad –que había sido ministro de Rousseff- tuvo baja votación (16%) y perdió la reelección. En Río de Janeiro, el PT no presentó candidato y apoyó a la postulante del Partido Comunista, Jandira Feghali, que tuvo apenas 3,3% de los votos.

En Chile y en Uruguay, los gobiernos de izquierda están con la peor aprobación de gestión, en el marco de una preocupación popular por el deterioro de la economía. El gobierno de Michele Bachelet está enredado en cuestiones internas y la carrera por el liderazgo.

En tanto, Tabaré Vázquez sufre el desgaste del Frente Amplio que a fin de 2016 perdió la mayoría propia en el Parlamento, por la disidencia de un diputado que se declaró en rebeldía y acompañó a la oposición en denuncias por supuesta corrupción en el gobierno de José “Pepe” Mujica.

Con ese contexto sudamericano, la elección de Ecuador tiene otro significado. Una derrota de Lenin Moreno pondría fin de un ciclo, y reafirmaría la nueva “ola” regional. Pero aunque el postulante oficialista gane, el resultado ya mostró un retroceso electoral del partido que gobierna hace una década.

La política no es aritmética, pero la suma de caudal electoral del segundo y la tercera de la primera vuelta, agrega nervios al candidato oficialista y eso incide en el ánimo y las estrategias. Es una elección muy importante.

Infolatam

 
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